10 marzo, 2026

El Papa Francisco ha aceptado la renuncia del Cardenal Louis Raphael Sako, quien, a sus 77 años, deja el cargo de Patriarca de Bagdad de los Caldeos, culminando una década de liderazgo fundamental al frente de la Iglesia Católica Caldea en Irak. Este anuncio marca un punto de inflexión para una de las Iglesias de rito oriental más prominentes, en un país donde la comunidad cristiana enfrenta constantes desafíos políticos, sociales y de seguridad.

La Iglesia Católica Caldea, una de las Iglesias Orientales en plena comunión con la Santa Sede, mantiene su propia liturgia, disciplina y jerarquía. Con su mayoría de fieles en Irak, también cuenta con importantes comunidades en la diáspora, como Estados Unidos, Europa y Australia. El Patriarca es una figura clave no solo eclesiástica, sino también como voz de la comunidad cristiana en la compleja arena política y social de Oriente Medio, un rol que el Cardenal Sako desempeñó con notable fortaleza.

En una carta difundida esta semana, el Cardenal Sako enfatizó que su decisión de dimitir fue completamente libre. Reveló que había considerado la renuncia al cumplir los 75 años, pero el Papa Francisco le había pedido entonces que permaneciera en su puesto. Durante su patriarcado, Sako afirmó haber “preservado la unidad de sus instituciones y no he escatimado esfuerzos para defenderla”, destacándose además como un firme protector “de los derechos de los iraquíes y los cristianos”, manteniendo una presencia activa y vocal tanto dentro como fuera del país ante las adversidades y la inestabilidad que azotan a la región.

El mandato del Cardenal Sako ha estado profundamente marcado por la volátil situación en Irak. En 2023, enfrentó un conflicto abierto con una milicia cristiana pro-iraní, un incidente que subrayó la vulnerabilidad de las minorías religiosas. La situación se agravó con la revocación, por parte del presidente iraquí, de un decreto que reconocía oficialmente su estatus como Patriarca, desatando una crisis institucional. Esta coyuntura forzó el traslado temporal de la sede patriarcal de Bagdad a Erbil, en la región autónoma del Kurdistán iraquí, una medida estratégica para proteger la autonomía de la Iglesia y a su comunidad frente a presiones políticas y de seguridad. Este traslado generó amplia atención internacional, aunque el Cardenal regresó a Bagdad en abril de 2024, reafirmando su compromiso con la capital y sus fieles.

De cara al futuro, el Cardenal Sako ha expresado sus esperanzas para su sucesor. Desea que, en “estos tiempos difíciles”, el nuevo Patriarca posea “una sólida cultura teológica, valentía y sabiduría”. Asimismo, anhela un líder que “crea en la renovación, en la apertura y en el diálogo, y que también tenga sentido del humor”. Esta visión subraya la necesidad de un perfil fuerte, adaptable y con capacidad de mediación para guiar a la Iglesia Caldea en su complejo contexto interreligioso y geopolítico.

La renuncia de Sako se produce el mismo día en que el Papa Francisco aceptó la dimisión del obispo caldeo Emanuel Shaleta. Shaleta fue arrestado recientemente en San Diego, California, bajo acusaciones de malversación de fondos de la Iglesia. Aunque ambos eventos son independientes en su naturaleza y causa, su coincidencia añade una capa de desafíos a la Iglesia Caldea, tanto en su liderazgo espiritual y pastoral como en su gestión administrativa y de reputación.

Nacido el 4 de julio de 1948 en Zākhō, Kurdistán iraquí, el Cardenal Sako cuenta con una impresionante y diversa formación académica. Posee un doctorado en Estudios Cristianos Orientales del Pontificio Instituto Oriental de Roma, una licenciatura en Estudios Islámicos del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos, y un doctorado en Historia de la prestigiosa Universidad de La Sorbona de París. Esta sólida base intelectual le brindó una comprensión profunda de las complejidades culturales, históricas y religiosas de su región, elementos cruciales para su posterior ministerio.

Ordenado sacerdote en Mosul el 1 de junio de 1974, su trayectoria eclesiástica fue distinguida y ascendente. En 2002, el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Kirkuk. En enero de 2013, fue elegido Patriarca de Babilonia de los Caldeos por el sínodo de la Iglesia, un título que lleva consigo una profunda carga histórica y espiritual. Asumió oficialmente este cargo el 1 de febrero de ese mismo año, tras recibir la comunión eclesiástica del Papa Benedicto XVI. Como Patriarca, también ostentó el título de Arzobispo de Bagdad, consolidando su rol en la capital iraquí. Su culminación en el Colegio Cardenalicio llegó el 28 de junio de 2018, cuando el Papa Francisco lo elevó a cardenal. Además de sus roles pastorales, el Cardenal Sako es un prolífico autor de numerosos libros y artículos, contribuyendo significativamente al pensamiento teológico y cultural de su tiempo.

La partida del Cardenal Sako del Patriarcado Caldeo cierra un capítulo marcado por la resiliencia y el compromiso en un entorno hostil. Su legado como defensor incansable de los cristianos y promotor del diálogo en Irak es innegable. La elección de su sucesor será crucial para el futuro de la comunidad caldea, llamada a continuar su camino de fe y supervivencia en uno de los puntos geopolíticos más sensibles del mundo.

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