11 marzo, 2026

La comunidad católica de San Luis Potosí se congregó el pasado 11 de marzo en una emotiva Misa de desagravio, presidida por el Arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe, en el exterior del histórico Sagrario Metropolitano, conocido también como Templo de la Compañía. La celebración tuvo lugar en respuesta a los actos de vandalismo y profanación sufridos por el inmueble el 8 de marzo, durante el transcurso de una marcha conmemorativa del Día Internacional de la Mujer. Tras la eucaristía, Mons. Cavazos Arizpe anunció un decreto de ayuno semanal para la arquidiócesis, extendiéndose hasta la Pascua, en un llamado a la oración y el perdón.

La Misa de desagravio, un rito litúrgico que busca reparar la ofensa a lo sagrado, se llevó a cabo ante la presencia de fieles, sacerdotes y religiosos, quienes manifestaron su profunda solidaridad con la parroquia afectada. Al término de la eucaristía, Mons. Cavazos Arizpe se dirigió a los presentes para enfatizar la necesidad de una profunda reflexión y penitencia. El Arzobispo de San Luis Potosí decretó que, a partir de esa semana y hasta la celebración de la Pascua, todos los viernes serán días de ayuno en toda la arquidiócesis potosina. Esta medida, explicó, busca “pedir perdón a Dios por nuestros pecados, y por la conversión de quienes cometen el mal”, instando a la comunidad a unirse en una profunda jornada de expiación y súplica.

La tradición del ayuno y la abstinencia, arraigada en el Código de Derecho Canónico, establece estas prácticas para los viernes del año, con la excepción de aquellos que coincidan con alguna solemnidad. Aunque estas observancias se refuerzan particularmente durante la Cuaresma, un tiempo litúrgico de especial penitencia que precede a la Pascua, el decreto del Arzobispo de San Luis Potosí subraya la seriedad de los hechos ocurridos y la magnitud de la respuesta espiritual solicitada a los fieles católicos.

Los incidentes que motivaron esta convocatoria a la oración y el ayuno tuvieron lugar el 8 de marzo, cuando el Sagrario Metropolitano, una joya arquitectónica y patrimonio histórico de México, fue blanco de severos ataques. Las paredes de piedra del templo, que datan de siglos pasados y resguardan la memoria de la fundación de San Luis Potosí a finales del siglo XVI, fueron impactadas con mazos y cubiertas con pintadas que expresaban mensajes de rechazo y hostilidad hacia la Iglesia. Uno de los símbolos más antiguos y significativos, una cruz de piedra ubicada en el atrio que marca el lugar fundacional de la ciudad, fue derribada. Asimismo, se reportó el intento de incendiar la puerta de la capilla dedicada a Nuestra Señora de Loreto, causando daños materiales y una profunda consternación entre los feligreses y la ciudadanía en general. Este edificio no es solo un centro de culto, sino también un Monumento Histórico Inmueble, cuya protección está consagrada en la legislación mexicana, lo que añade una capa de gravedad a los actos perpetrados contra el patrimonio cultural y religioso.

Durante su homilía, Mons. Cavazos Arizpe hizo un llamado a la reconciliación y la fraternidad, instando a la feligresía a convertirse en “artesanos de paz”. El prelado potosino destacó que “nuestro Dios, a quien adoramos, es amor, es paz” y que Él ofrece una “verdadera oportunidad” a todos, incluso a quienes se han apartado o han obrado mal. La figura de un Dios que perdona y busca a la “oveja alejada” fue central en su mensaje, resaltando la capacidad divina de abrazar y redimir.

El Arzobispo recordó que el propio Jesucristo “ha padecido todos los dolores, las injurias, de todos los tiempos”, haciendo una alusión a las llagas y heridas que los católicos veneran, especialmente en la Eucaristía y durante los Viernes Santos. Siguiendo este ejemplo de sufrimiento y perdón, Mons. Cavazos Arizpe animó a la comunidad a buscar “caminos de paz y de hermandad, de oración, de encuentro, no de desencuentro”. La experiencia de dolor y agravio, lejos de desanimar, debe fortalecer la unidad y el compromiso de sacerdotes, religiosos y laicos para “trabajar con el amor de Dios y con la paz”. Concluyó esta sección de su discurso con una reflexión sobre la providencia divina, afirmando que “Dios de las situaciones difíciles y tristes, de los males, saca bienes”, tal como lo hizo al redimir a la humanidad a través de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En este sentido, invitó a la comunidad a emular la actitud divina: “Dios busca, no condena. Así hagamos nosotros, y así mismo podamos nosotros crear esa hermandad en el amor y la misericordia del Señor”.

En un emotivo turno, el P. Jorge Aurelio Ramírez Torres, párroco de La Compañía, expresó su profundo agradecimiento al Arzobispo y a todos los asistentes por la Misa de desagravio, calificándola como “bálsamo para nuestra alma desgarrada”. El párroco transmitió un mensaje de inquebrantable esperanza y resistencia, afirmando con convicción: “Podrán incluso destruir nuestros templos, pero nunca nuestra fe, nunca nuestra certeza de que Jesús está con nosotros”. El P. Ramírez Torres, sumándose al llamado a la paz de Mons. Cavazos Arizpe, instó a transformar la agresión sufrida en una oportunidad para el crecimiento espiritual. Animó a la comunidad a fomentar “una fe más viva, más comprometida, una fe que transforme nuestra sociedad en una civilización del amor”, proyectando así una visión de reconstrucción espiritual y social más allá del daño material.

Tras la conmovedora ceremonia, se procedió a la exposición del Santísimo Sacramento en el exterior del templo, un momento de adoración que congregó a los fieles en profunda oración. Posteriormente, una procesión solemne, encabezada por el Arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe, condujo al Santísimo al interior del histórico Sagrario Metropolitano, donde la adoración continuó, simbolizando la restauración espiritual del espacio sagrado y la renovación de la fe de la comunidad potosina. La nutrida participación de sacerdotes y laicos de diversas comunidades de la ciudad reflejó la unidad y el apoyo mutuo frente a los desafíos, reafirmando el compromiso con la fe y la paz en San Luis Potosí.

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