9 junio, 2026

El Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Portugal, se convirtió en un faro de devoción y luz la noche del 12 de mayo de este año 2026, congregando a decenas de miles de fieles provenientes de los cinco continentes. Los peregrinos se reunieron para participar en el solemne rezo del Rosario y en la emotiva procesión de las velas, un acto que precede a la principal celebración del 13 de mayo, fecha que conmemora la primera de las apariciones marianas en Cova da Iría.

La atmósfera en el recinto sagrado de Fátima era de profunda espiritualidad y recogimiento. Miles de puntos de luz, encendidos por los fieles, iluminaron la oscuridad de la noche, creando un espectáculo conmovedor que simbolizaba la fe compartida y la esperanza. Esta tradición, que evoca el momento en que la Virgen María se manifestó a los tres pequeños pastores —Lucía, Francisco y Jacinta— hace 109 años, resuena con una fuerza inmutable en el corazón de los creyentes. La procesión, cargada de fervor, vio a peregrinos de todas las edades y nacionalidades unirse en oración, portando sus velas mientras el Rosario era recitado en varios idiomas, reflejando la universalidad del mensaje de Fátima.

El día 13 de mayo, la solemne Eucaristía en honor a la Virgen de Fátima fue presidida por monseñor Rui Manuel Sousa Valério, Patriarca de Lisboa. Durante su homilía, el prelado enfatizó la naturaleza transformadora de la peregrinación, señalando que Fátima es más que un destino; es un punto de partida. “Venimos como peregrinos y partimos como discípulos misioneros”, afirmó monseñor Valério, subrayando que la experiencia espiritual vivida en el santuario no debe quedar confinada a sus muros. Instó a los presentes a llevar consigo la oración, el silencio, la reconciliación y la comunión experimentados en Cova da Iría, y a integrarlos en cada aspecto de su vida cotidiana.

El Patriarca de Lisboa hizo un llamado a que el mensaje de Fátima impregne los hogares, las familias, los lugares de trabajo, las escuelas y, en definitiva, las alegrías y las heridas de la vida de cada persona. Remarcó que la verdadera acogida del mensaje mariano se manifiesta cuando se convierte en acción y misión, transformando lo recibido en luz para los demás. Las apariciones de la Virgen, recordó, fueron un llamado insistente a la conversión y a la vivencia de la responsabilidad del amor. “La verdadera devoción a María nunca cierra el corazón, lo abre; nunca aísla, envía; nunca duerme, despierta”, puntualizó monseñor Valério, resaltando la dinámica evangelizadora inherente a la fe mariana.

Cada año, la peregrinación del 13 de mayo se consolida como la más multitudinaria, atrayendo a centenares de miles de personas. El año pasado, Fátima acogió a más de 450.000 peregrinos en esta significativa fecha, consolidando su estatus como uno de los centros de devoción mariana más importantes del mundo. La afluencia de fieles de Portugal, Europa, Asia y América en esta edición de 2026 subraya la vigencia del mensaje de paz y esperanza que emana de este lugar sagrado.

Un detalle de especial relevancia en la celebración de este año 2026 fue la conmemoración del 45º aniversario del atentado sufrido por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Fue el 13 de mayo de 1981, en la fiesta de la Virgen de Fátima, cuando el pontífice polaco fue gravemente herido. Juan Pablo II atribuyó su salvación a la intercesión de Nuestra Señora de Fátima, creyendo firmemente que “una mano materna guio la bala”. Su profunda devoción al Santuario se manifestó en sus numerosas visitas y gestos, como la donación de la bala que lo hirió, incrustada posteriormente en la corona de la imagen de la Virgen de Fátima.

En un gesto simbólico de este vínculo indisoluble, la Eucaristía del 13 de mayo en Fátima se ofició utilizando el cáliz que el Santo Padre Juan Pablo II donó al Santuario durante una de sus emotivas visitas. Este acto no solo recordó el dramático episodio que marcó su pontificado, sino también su inquebrantable fe y su gratitud a la Virgen, convirtiendo su memoria en parte intrínseca de la historia de Fátima. El uso de este cáliz particular sirvió como un puente entre el pasado y el presente, conectando la solemnidad de las apariciones con el legado de uno de los Pontífices más influyentes del siglo XX, cuya vida estuvo profundamente entrelazada con el mensaje de Fátima. La peregrinación de este 2026, por tanto, fue un testimonio vibrante de la fe y un recordatorio de la perdurable relevancia del mensaje de la Virgen y la herencia espiritual que Juan Pablo II dejó a la Iglesia universal.

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