Ciudad del Vaticano – En el marco de la Cuaresma, el Padre Roberto Pasolini, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció su segunda reflexión espiritual ante el Papa Francisco y los miembros de la Curia Romana. La meditación, titulada “Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura. La conversión al Evangelio según San Francisco”, se centró en la fraternidad, presentándola no solo como un ideal cristiano, sino como una responsabilidad impostergable y un don fundamental para la verdadera conversión.
Reunidos en el Aula Pablo VI, los líderes de la Iglesia escucharon al fraile capuchino profundizar en la esencia de la fraternidad en un mundo marcado por la división y el conflicto. El Padre Pasolini articuló cómo este vínculo de hermandad es el testimonio más elocuente del poder transformador del Evangelio en la vida de una persona. Para él, la auténtica conversión se verifica y se hace visible precisamente en la forma en que vivimos y nutrimos nuestras relaciones fraternas.
**La Fraternidad como Espacio de Transformación Divina**
El predicador pontificio instó a ir más allá de una visión superficial de la fraternidad, en la que los demás son percibidos meramente como un soporte o un consuelo. En cambio, propuso una perspectiva más profunda: nuestros hermanos y hermanas nos han sido confiados para catalizar una verdadera metamorfosis en nuestra propia existencia. Según sus palabras, la fraternidad no se limita a confirmar nuestra identidad actual, sino que nos desafía a una renovación radical.
“Los hermanos se convierten en el espacio concreto en el que Dios trabaja nuestra humanidad, disolviendo nuestras rigideces y enseñándonos a vivir con un corazón más verdadero y más capaz de amar”, explicó el Padre Pasolini, según recogen los informes de los canales de comunicación de la Santa Sede. Esta visión subraya que las interacciones cotidianas y los desafíos inherentes a la convivencia son, en realidad, oportunidades para el crecimiento espiritual y para desarrollar una capacidad de amor más auténtica y desinteresada.
**El Desafío de la Mirada: Reconociendo a Caín en Nosotros**
Abordando la fragilidad de las relaciones humanas, el fraile capuchino recurrió al relato bíblico de Caín y Abel para ilustrar la raíz de la discordia fraterna. Señaló que la fractura entre hermanos a menudo surge de un “problema de mirada”, una percepción distorsionada del otro. Ante el Sumo Pontífice y la Curia, el Padre Pasolini planteó una introspección contundente: “¿Quién es Caín dentro de nosotros?” y “¿cuánto espacio ocupa el resentimiento en nuestro interior?”.
Este cuestionamiento directo invitó a los presentes a examinar las propias actitudes internas que pueden alimentar la desunión y el rencor, recordando que la verdadera reconciliación comienza con el autoanálisis y el reconocimiento de nuestras propias faltas. La meditación enfatizó que superar estas divisiones internas es un paso crucial para construir una fraternidad genuina y transformadora.
**La Lógica Misericordiosa del Evangelio Según San Francisco**
Inspirado por la vida de San Francisco de Asís, el Padre Pasolini presentó la fraternidad como una valiosa oportunidad para asimilar la lógica misericordiosa del Evangelio, especialmente hacia aquellos que yerran. En momentos de conflicto o cuando la comunión se ve herida, la enseñanza evangélica no prioriza la defensa de los propios derechos, sino la búsqueda de un bien superior y siempre alcanzable: reconocer en el otro no a un adversario o un deudor, sino a un hermano amado por el Señor.
Este enfoque exige una profunda humildad y una disposición a trascender las heridas personales para priorizar la unidad y el amor. El predicador pontificio abogó por la construcción de un “vínculo de libertad”, cimentado en la conciencia de que Dios nos ha escogido y nos ha convocado a vivir juntos en la Iglesia como hermanas y hermanos. Esta libertad no implica desapego, sino una elección consciente de amor y unidad, liberada de las ataduras del rencor.
**La Conversión en el Horizonte Pascual y la Perspectiva Eterna**
Con la Pascua en el horizonte, el Padre Pasolini reflexionó sobre cómo el camino cuaresmal nos prepara para acoger a los demás, incluso cuando nos causan dolor, nos decepcionan o actúan como adversarios. Esta capacidad, explicó, no emana de una fuerza o virtud personal superior, sino de un proceso interior donde “algo en nosotros ya ha muerto y algo nuevo ha comenzado a vivir”. Es una referencia al misterio pascual de muerte y resurrección, que capacita al creyente para un amor más radical y sacrificial.
El sermón concluyó con una invitación a mantener siempre la perspectiva de la vida eterna, un horizonte que nos impide perder de vista el propósito último de nuestra existencia y nuestras interacciones. “La fe no separa, sino que recuerda que nadie puede ser excluido de nuestro corazón”, subrayó el Padre Pasolini, enfatizando la naturaleza inclusiva y unificadora del amor cristiano. En medio de las divisiones, guerras y conflictos que asolan el mundo actual, los cristianos están llamados a recibir la fraternidad como un don divino y, al mismo tiempo, a asumirla como una responsabilidad sumamente seria y urgente, transformando así la sociedad desde el corazón del Evangelio.




