13 marzo, 2026

Santiago, Chile – A pocas horas de su investidura como el nuevo Presidente de Chile, José Antonio Kast, acudió la mañana de este jueves a la emblemática Catedral Metropolitana de Santiago. Su presencia fue para participar en la tradicional Oración Ecuménica por Chile y el Nuevo Gobierno, una instancia crucial que marca el inicio de cada ciclo presidencial con un llamado a la unidad y la reflexión espiritual. El acto estuvo presidido por el Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago, y se convirtió en un escenario para un mensaje contundente centrado en la erradicación de la corrupción y el individualismo, elementos que, según el purpurado, obstaculizan la política como un servicio generoso en búsqueda del bien común.

Esta Oración Ecuménica representa un hito consolidado en el protocolo republicano del país. Su propósito trasciende las adscripciones religiosas, subrayando la profunda interconexión entre el liderazgo político y los valores espirituales que, históricamente, han cimentado la nación. En ella, autoridades y referentes de distintas confesiones se unen para encomendar a la providencia divina la gestión de los nuevos gobernantes, simbolizando un deseo colectivo de éxito y prosperidad para la patria.

La convocatoria trascendió los límites eclesiásticos, congregando a una nutrida representación de la élite política, civil y militar chilena. Además del Presidente José Antonio Kast, asistieron ministros de Estado, representantes de los tres poderes de la República, autoridades civiles y uniformadas, así como delegaciones diplomáticas de diversos países. Un aspecto destacable fue la presencia de líderes de distintas comunidades religiosas presentes en Chile, consolidando el carácter plural y ecuménico del encuentro.

Tras el saludo inicial y la liturgia de la Palabra, el Cardenal Chomali se adentró en la parábola bíblica de las Bodas de Caná, utilizando su simbolismo para tejer un mensaje contemporáneo sobre el estado y el futuro de Chile. Subrayó la trascendencia del cambio de mando presidencial como un “momento definitorio en la vida de una nación”, una instancia que invita a la sociedad chilena “a renovar su esperanza y asumir su responsabilidad por el devenir del país”.

El purpurado describió el reciente proceso electoral como una “verdadera celebración cívica”, caracterizada por el respeto y el espíritu democrático. En este marco, el Cardenal Chomali advirtió que “la democracia, un bien que se conquista gota a gota, puede desvanecerse a raudales si no se cultiva con esmero”. Hizo un enérgico llamado a la ciudadanía y a sus líderes a preservar el diálogo constructivo, el respeto mutuo y el compromiso inquebrantable con el bien común. Instó a la sociedad a “ampliar la perspectiva desde el amor a la patria”, navegando las complejidades geopolíticas actuales con sabiduría y prudencia. Afirmó categóricamente que “el todo es siempre superior a la suma de sus partes”, una convicción que debe guiar un pensamiento crítico saludable, acompañado de mucha fe y esperanza.

El Cardenal enfatizó la resiliencia inherente de la nación, enunciando que “Chile es más que una situación coyuntural; posee una larga tradición de superación de adversidades y un pueblo creyente y patriota que lo ama y defiende”. Estos atributos, señaló, revelan “un país cuyo corazón –deseoso de bien– late con fuerza desde lo más profundo de la sociedad. ¡Cuidemos ese tesoro maravilloso!”.

Profundizando en la analogía del Evangelio, el Arzobispo de Santiago exhortó a reflexionar sobre los desafíos del país, interpretando el agua y el vino presentes en el relato bíblico como los vastos recursos naturales y el potencial del trabajo humano que Chile posee. Llamó a que estos dones se pongan al servicio de una sociedad más justa y fraternal. Definió la misión de las políticas públicas como la transformación de los “inmensos recursos materiales y humanos” disponibles en Chile en una “cultura de la vida, del respeto y del amor; en una cultura que extraiga lo mejor de cada ser humano para ponerlo al servicio de los demás; en una cultura superior donde no haya espacio para la vulgaridad, las injustas discriminaciones ni los discursos de odio”.

Retomando la interpelación evangélica “No tienen vino”, el Cardenal Chomali trazó un paralelo con las carencias que aún persisten en la sociedad chilena. “En nuestro país también faltan muchas cosas”, dijo, exhortando a trabajar con ahínco por una sociedad que defienda la dignidad humana, impulse la justicia social y erradique las profundas desigualdades. Enfatizó que la “vocación inherente de Chile es el encuentro, no el enfrentamiento”. Aconsejó que “es preferible extender la mesa para que nadie quede excluido”, pues “en Chile, nadie es superfluo”, y el anhelo colectivo de construir debe prevalecer sobre la “absurda tentación de destruir”.

El Arzobispo insufló un mensaje de esperanza para este nuevo ciclo presidencial, delineando desafíos cruciales: el combate frontal a la corrupción, la superación de la pobreza, el fortalecimiento del sistema educativo y la garantía de la seguridad pública. Además, hizo hincapié en la necesidad de trascender el individualismo imperante, recuperando una “visión más holística del desarrollo humano”. Reflexionó sobre una premisa social extendida: “Se nos inculcó la idea de que la felicidad radicaba en poseer más, olvidando que la verdadera plenitud reside en ser más”.

Recuperando el espíritu del Papa León XIV, el Cardenal Chomali subrayó la relevancia de un lenguaje cuidadoso y la búsqueda de acuerdos que forjen una realidad compartida. En este marco, instó a las nuevas autoridades a concebir la política como un servicio abnegado y a ejercer sus funciones con inquebrantable honestidad, un profundo sentido de justicia y una búsqueda constante del bien común. “Esperamos que el poder se transforme en un servicio generoso hacia la ciudadanía, conscientes de que no somos sus dueños, sino administradores llamados a procurar el bienestar de todos”, anheló.

Tras la emotiva homilía, representantes de diversas confesiones religiosas presentes en Chile elevaron sus intenciones: por el liderazgo del país, por la juventud y la infancia, por la fuerza laboral, por el núcleo familiar, por los sectores más vulnerables y por la protección de nuestro entorno natural. La ceremonia concluyó con una oración final por la nación, la bendición impartida por el Cardenal Chomali y la solemne interpretación del Himno Nacional de Chile.

Posteriormente, el Presidente Kast, acompañado por su familia y escoltado por el Arzobispo de Santiago, se dirigió al Santuario de la Virgen del Carmen, ubicado en la parroquia El Sagrario, a un costado de la Catedral. En este significativo espacio, Patrona de Chile, el mandatario dedicó un momento de recogimiento y oración, cerrando así una jornada marcada por la tradición y el simbolismo espiritual en el inicio de su gestión presidencial.

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