3 abril, 2026

En el corazón de la espiritualidad católica, el ayuno representa una práctica ancestral de penitencia y preparación, particularmente significativa durante los periodos litúrgicos como la Cuaresma y la Semana Santa. Esta disciplina no es meramente una privación física, sino una herramienta profunda para el crecimiento espiritual, que la Iglesia fomenta como un camino hacia una relación más íntima con Dios. Para desentrañar su trascendencia, ACI Prensa ha conversado con el sacerdote Jorge Obregón LC, un formador de jóvenes en liderazgo, fe y valores, y fundador de la plataforma católica New Fire.

El presbítero Obregón subraya que el ayuno es una práctica beneficiosa en todo tiempo, pero adquiere una resonancia especial en el Viernes Santo, el día en que la cristiandad conmemora la crucifixión y muerte de Jesús. “Su sentido es inherentemente penitencial, una invitación a la imitación de Cristo, quien también observó el ayuno como una forma de preparación para el acto de amor más supremo y trascendente de su vida terrenal”, explicó el sacerdote, cuya formación incluye una Maestría en Teología Bíblica de la John Paul the Great Catholic University en San Diego.

Más allá de la imitación, el padre Obregón enfatiza que el ayuno sirve como un recordatorio palpable de una necesidad más profunda: la sed espiritual. “Nos revela la existencia de un hambre y una sed mucho más hondas, que son la búsqueda del amor a Dios y al prójimo. Durante el Viernes Santo, y en verdad a lo largo de toda nuestra existencia, el ayuno actúa como un fortificante en la batalla contra un mundo cuyas seducciones y atractivos pueden desviarnos y llevarnos a perder el rumbo de nuestra fe y propósito vital”, argumentó. En un mundo saturado de estímulos y satisfacciones instantáneas, la abstinencia voluntaria nos invita a reorientar nuestros deseos hacia lo trascendente.

Un aspecto crucial que el sacerdote destaca es cómo el ayuno tiene el poder de transformar la calidad de la oración. “Cuando ayunamos, el cuerpo, que a menudo demanda y distrae, se somete y se siente al servicio del alma, del espíritu. Esta alineación facilita una comunicación más pura y concentrada con lo divino, permitiendo que la mente y el corazón se eleven sin las cargas habituales de los deseos corporales”, detalló el padre Obregón. La privación voluntaria libera energía y enfoque que pueden ser redirigidos hacia la contemplación y la intercesión, enriqueciendo la experiencia orante.

El presbítero compartió también sus prácticas personales y las diversas modalidades de ayuno. Regularmente, él mismo opta por ayunar los miércoles y viernes, limitando su ingesta a una taza de café hasta la comida principal del día. Sin embargo, aclara que existen múltiples formas de vivir esta disciplina: “Hay otros métodos, como consumir un desayuno muy ligero, una comida suficiente al mediodía y abstenerse de cenar o hacerlo de manera muy frugal. Otros optan por una abstinencia más rigurosa, limitándose únicamente a pan y agua durante todo el día”. La flexibilidad en las formas permite que esta práctica sea accesible a un espectro más amplio de fieles, adaptándose a diversas circunstancias personales y de salud, siempre manteniendo el espíritu de penitencia.

Finalmente, el sacerdote Jorge Obregón extendió una reflexión poderosa a los católicos sobre el valor de la incomodidad física inherente al ayuno. “Experimentar un poco ese dolor físico, esa sensación de privación que muchos de nuestros hermanos sufren sin buscarlo, debido a la escasez de recursos y alimentos, nos ayuda enormemente en el desarrollo del espíritu. Nos conecta con la realidad de la pobreza y nos impulsa a la solidaridad y la gratitud”, concluyó. Esta perspectiva convierte el ayuno en un acto de empatía y caridad, elevando su significado más allá de la mera disciplina personal.

**Reglas del ayuno en la Iglesia Católica: ¿quién debe y quién no?**

La Iglesia Católica, a través de su Código de Derecho Canónico, establece directrices claras sobre quiénes están obligados a observar el ayuno y la abstinencia, y quiénes están exentos, asegurando que la práctica sea una ayuda y no una carga inalcanzable.

Según el numeral 1252 del Código de Derecho Canónico, la obligación de ayunar recae sobre “todos los mayores de edad (a partir de los dieciocho años), hasta que hayan cumplido los cincuenta y nueve años”. Esta normativa busca inculcar la disciplina desde la juventud adulta y reconocer que, con la edad avanzada, las capacidades físicas pueden disminuir.

Además, el documento fundamental de la Iglesia exhorta a los pastores de almas y a los padres a que “también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia”. Esto significa que, aunque los niños y adolescentes no estén bajo la obligación legal, deben ser educados en el valor de la penitencia y el sacrificio, adaptando estas prácticas a su edad y capacidad.

**Excepciones a la obligación del ayuno:**

El Código de Derecho Canónico y la tradición de la Iglesia también contemplan una serie de excepciones para salvaguardar la salud y el bienestar de los fieles, o cuando existen circunstancias que hacen inviable o imprudente la práctica del ayuno. Además de los excluidos por la edad (menores de 18 y mayores de 59 años), no deben guardar ayuno las siguientes personas:

* **Personas con problemas mentales o graves dificultades emocionales:** Quienes puedan ver su salud mental o estabilidad emocional comprometida por la privación de alimentos.
* **Enfermos o con afecciones médicas:** Aquellos cuya condición de salud requiera una ingesta regular de alimentos, medicamentos o una dieta específica.
* **Mujeres en gestación o que dan de lactar:** Para proteger la salud tanto de la madre como del bebé.
* **Obreros o personas con trabajos físicamente exigentes:** Aquellos cuya labor diaria demanda un gran esfuerzo físico y una ingesta calórica adecuada.
* **Invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente:** En situaciones sociales donde la negativa a comer podría causar un grave disfavor o un impacto negativo en las relaciones interpersonales.
* **Otras situaciones morales o imposibilidad física:** Cualquier otra circunstancia grave que haga inviable o perjudicial la observancia del ayuno, como viajes largos, situaciones de vulnerabilidad extrema, etc.

Estas excepciones reflejan la sabiduría pastoral de la Iglesia, que busca el bien integral de sus fieles, promoviendo la disciplina espiritual sin poner en riesgo la salud física o la caridad hacia el prójimo. El ayuno, en su esencia, es una ofrenda voluntaria que busca acercar al creyente a lo divino, no una imposición que genere daño o angustia indebida.

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