En una reveladora entrevista concedida a EWTN News In Depth el viernes 17 de abril de 2026, John Prevost, hermano del actual Papa León XIV, ofreció una mirada íntima y personal a la trayectoria de su familiar, desde una infancia común hasta ocupar la Silla de Pedro. Sus declaraciones pintan un retrato entrañable del Pontífice, desvelando facetas poco conocidas de su vida antes y durante su papado.
**Una infancia marcada por la normalidad y la fe**
John Prevost describe una niñez que, en muchos aspectos, fue “como la de cualquier otra familia” para Robert Prevost y sus hermanos, John y Louis. Lejos de presagios grandilocuentes, su vida cotidiana se tejía entre las rutinas escolares, los deberes y los juegos al aire libre, actividades que definían la experiencia de muchos niños de su generación. “Era lo habitual: ir a la escuela, volver a casa, hacer la tarea, salir a jugar hasta el anochecer, luego estudiar y dormir para repetir el ciclo”, rememoró Prevost con nostalgia.
La formación católica fue un pilar fundamental en su hogar. Los tres hermanos participaron activamente en la vida parroquial como monaguillos y miembros del coro, además de recibir una educación católica que se extendió hasta la secundaria. Robert, incluso, formó parte de los Cub Scouts. La fe, según John, florecía primero en casa: “Recuerdo que nuestro papá leía historias de la Biblia de vez en cuando. Siempre rezábamos antes de cenar, y nuestros padres, todas las noches, recitaban el rosario”, detalló, subrayando el arraigo de las prácticas espirituales en su entorno familiar.
Entre los recuerdos más vívidos, Prevost compartió anécdotas ligeras y llenas de humor. Una vez, mientras construían un cobertizo en el patio trasero con viejas puertas de la casa, Robert sufrió una pequeña caída al romperse una parte del techo. También, los hermanos tuvieron la inusual experiencia de aparecer en el famoso programa infantil “Bozo’s Circus” en 1960, una oportunidad que surgió gracias a la conexión de su padre con un músico de la banda del canal local.
**La temprana vocación y el pontificado**
La vocación sacerdotal de Robert Prevost no fue una sorpresa para su familia. “Desde muy joven, siempre supimos que tenía esa vocación”, afirmó John. Incluso, una vecina, mientras jugaban, llegó a profetizar: “¿Saben? Él va a ser el primer papa estadounidense”, una premonición que hoy, con León XIV al frente de la Iglesia, resuena con un significado profundo.
Ahora, como Pontífice, el Papa León se dedica a abordar “temas importantes y cómo debemos afrontar algunos de estos asuntos”, explicó John Prevost. Su hermano subraya el compromiso del Santo Padre con los “marginados” y “olvidados”, una prioridad central en su ministerio. El hermano describe al Papa León como un hombre de “la paciencia de un santo”. Destaca su capacidad de profunda reflexión antes de emitir un juicio, un contraste con su propia tendencia a responder de inmediato. “Se toma mucho tiempo para pensar antes de responder, y por eso su perspectiva es mucho más profunda”, comentó.
El impacto del Papa León en la fe de las personas es una de las mayores satisfacciones para su hermano. Ha sido testigo de cómo individuos se acercan a él, confesando que están “regresando” a la Iglesia gracias a la influencia de su hermano. “Creo que eso se está viendo en todo el país. Gracias a él, la gente está volviendo a la Iglesia”, añadió John Prevost, conmovido por la labor de León XIV.
**La vida como hermano del Papa**
Vivir como hermano del Papa es una experiencia que John Prevost describe como impredecible y emotiva. “Hay que vivir día a día, porque nunca sabes qué traerá cada jornada”, manifestó. A menudo, se encuentra en situaciones donde las personas buscan su intercesión, generando una mezcla de interés y, a veces, impotencia. “Es siempre interesante, pero a veces también es triste… te sientes impotente ante lo que la gente busca y esperan que yo pueda ayudarlos, pero no necesariamente puedo hacer algo por ellos, más que escucharlos”, confió.
A pesar de la distancia y el nuevo rol de su hermano, la relación personal entre ambos permanece inalterada. Se comunican a diario, manteniendo los lazos familiares. Las conversaciones a menudo incluyen preguntas cotidianas y llenas de humor. “Una de las primeras preguntas que le hago es: ‘¿Conociste a alguien famoso hoy?’ Y los miércoles, cuando tiene la audiencia general… siempre le pregunto: ‘¿Te dieron algún regalo?'”, relató John. Bromeó sobre la vasta cantidad de obsequios que recibe el Papa León, muchos de ellos dulces. “Ya tiene dos armarios llenos, así que la gente podría dejar de enviarle Peeps”, comentó entre risas. Además, la modernidad ha encontrado su espacio en su relación, pues ambos hermanos disfrutan de partidas de Wordle y Words with Friends, un pasatiempo que añade un toque lúdico a su conexión, con una competencia amistosa donde León prevalece en Wordle y John en Words with Friends.
**La relevancia de la educación católica**
John Prevost, quien dedicó parte de su vida profesional a la educación católica como profesor y director, también aprovechó la entrevista para reflexionar sobre la importancia de estas instituciones. Sostiene que las escuelas católicas son cruciales para la formación de valores, un aspecto que considera fundamental en el desarrollo de los jóvenes. “En una escuela católica, los valores se forman”, afirmó.
Sin embargo, expresó su preocupación por el creciente costo de estas instituciones, temiendo que se vuelvan inaccesibles para la persona promedio y terminen siendo exclusivas para un segmento de la población con mayores recursos económicos. “Espero que no”, dijo. “Pero veo la importancia de establecer valores y estándares de comportamiento que la escuela católica puede transmitir de una manera algo distinta a la educación pública tradicional”.
Destacó la singularidad de la educación católica, donde la fe se puede enseñar explícitamente y se permite la oración. Aunque bromeó sobre la integración de la fe en asignaturas como matemáticas, enfatizó que “todo el ambiente y la filosofía de la escuela católica tienen como razón principal estar aquí: inculcar, formar y enseñar la fe católica a los estudiantes”. Para John Prevost, esta perspectiva integral de la formación es el legado más valioso que estas escuelas pueden ofrecer.








