18 abril, 2026

La recién erigida Diócesis de Stella Maris, en la República Dominicana, marcó un hito histórico este sábado 18 de abril con la ordenación presbiteral de sus dos primeros sacerdotes: el Padre Víctor Manuel Acosta Sánchez y el Padre Jesús Alberto de la Cruz Familia. La ceremonia, que tuvo lugar en la abarrotada catedral local, fue presidida por Mons. Manuel Antonio Ruiz, obispo de la diócesis, ante una congregación de amigos, familiares, religiosos y cientos de fieles.

Este acontecimiento reviste una importancia particular, no solo para los dos nuevos presbíteros y la comunidad diocesana, sino también para la historia de la Iglesia en la región. La Diócesis de Stella Maris fue establecida por el Papa León XIV en agosto de 2025, quien además designó a Mons. Ruiz como su primer obispo. De esta manera, las ordenaciones de los Padres Acosta y De la Cruz representan la “siembra de las primeras semillas” en este nuevo territorio eclesiástico, según las palabras del propio Obispo Ruiz durante la liturgia.

“Este día es muy especial, no solo para estos dos diáconos que hoy se convierten en presbíteros, sino porque la Diócesis de Stella Maris se estrena con sus primeros sacerdotes ordenados aquí”, expresó Mons. Ruiz con evidente emoción. El prelado subrayó la magnitud del compromiso que asumen los nuevos sacerdotes, pues al ser los pioneros, se convierten en referentes para toda la diócesis. “El compromiso de ellos es demasiado grande, porque son los primeros y son aquellos a quienes todo el mundo va a mirar”, añadió, enfatizando la responsabilidad de su vocación inicial.

La Solemne Eucaristía contó con la concelebración de destacadas figuras eclesiásticas, incluyendo a Mons. Benito Ángeles, Obispo Emérito de Santo Domingo, y Mons. Jesús Castro, Obispo de Higüey, quienes acompañaron a Mons. Ruiz en este significativo momento para la Iglesia dominicana.

En su homilía, el Obispo de Stella Maris profundizó en la figura del buen pastor, una enseñanza central en el evangelio. “El buen pastor es el que da la vida por las ovejas, no como el asalariado”, afirmó Mons. Ruiz, trazando una clara distinción entre el servicio movido por el amor y aquel motivado por la recompensa. Instó a los nuevos presbíteros a vivir su sacerdocio desde el amor incondicional a su rebaño, poniendo el bienestar espiritual de los fieles por encima de cualquier otro interés.

El prelado resaltó que la misión de los sacerdotes va más allá de llevar la buena noticia, abarcando también la tarea de “curar los corazones desgarrados, enfermos, tristes”. Con un juego de palabras, el obispo celebró que popularmente se les llame “curas”, pues ello evoca su compromiso esencial: “La tarea es grande y qué bueno que la gente nos llame curas, porque tenemos el compromiso de curar esas almas y esos corazones”, aseguró, proyectando una visión del sacerdote como sanador espiritual.

Mons. Ruiz también dirigió una advertencia crucial a los recién ordenados: la necesidad imperante de permanecer siempre unidos a Cristo. “Al sacerdote lo puede ordenar el Papa, pero si no está unido a Jesucristo no veremos los frutos y se va a marchitar”, sentenció, destacando que la validez del ministerio radica en una profunda conexión personal con el Redentor, más allá del rito sacramental. En este sentido, el obispo recordó el pensamiento del Papa Francisco sobre las cuatro “cercanías” que deben cultivar los sacerdotes: la cercanía a Dios en la oración, la cercanía con su obispo, con los demás sacerdotes y con los fieles. Esta visión del Pontífice emérito sigue siendo una guía fundamental para la vida sacerdotal.

Asimismo, Mons. Ruiz recurrió a la sabiduría de San Agustín al describir al sacerdote como una “lámpara de barro, frágil, limitado, pecador”. Sin embargo, aclaró que “la luz que porta esa lámpara de barro no es la suya, es la de Jesucristo”. Esta analogía sirvió para recordar a los nuevos sacerdotes su humildad inherente y la fuente divina de su misión. Los alentó a evitar la rutina en la celebración de los sacramentos, instándolos a “ponerle alma y a vivirlo, a sentirlo en cada momento”, y a “renovarse cada día y cada vez más de rodillas ante el Santísimo”.

Finalmente, el obispo de Stella Maris hizo un llamado a los fieles presentes para que, a su vez, cuiden y recen por sus pastores. “Cuiden a sus sacerdotes, en todo momento ayúdenlos a ser buenos sacerdotes y por eso hoy le pedimos a Dios que cada vez que se sitúen en el sagrario y en el altar gocen de esa gracia especial que Dios ha puesto en sus manos”, concluyó, reafirmando que el apoyo de la comunidad es un pilar fundamental para el sostenimiento de la vocación sacerdotal.

La ordenación de los Padres Víctor Manuel Acosta Sánchez y Jesús Alberto de la Cruz Familia marca un vibrante inicio para la Diócesis de Stella Maris, sembrando esperanza y renovando el compromiso de la Iglesia en la República Dominicana con la evangelización y el servicio.

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