23 abril, 2026

En el marco de la 62ª Asamblea General de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), celebrada en Aparecida, monseñor Joel Portela Amado, obispo de Petrópolis y presidente de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la CNBB, ofreció una perspectiva relevante sobre la evolución de las prácticas litúrgicas entre la juventud católica. Durante una rueda de prensa el pasado 17 de abril, el prelado subrayó que las nuevas generaciones tienen un legítimo derecho a explorar y adoptar formas de vivencia litúrgica más arraigadas en la tradición, argumentando que el catolicismo, por su propia naturaleza intrínseca, es profundamente plural.

La discusión surgió a raíz de una pregunta formulada por un periodista de TV Rede Vida, quien inquirió sobre un aparente “retorno de cierto tradicionalismo católico en las Misas”. El comunicador describió escenas cada vez más frecuentes en las que jóvenes feligreses optan por arrodillarse al recibir la Eucaristía o utilizan velo durante las celebraciones litúrgicas, lo cual sugiere una inclinación hacia ritos y costumbres que fueron más comunes en épocas pasadas. Monseñor Portela Amado reconoció esta tendencia, señalando la importancia de analizar los datos demográficos para comprender mejor las dinámicas religiosas de este grupo etario.

El obispo hizo referencia explícita a los resultados del censo de 2022 en Brasil, destacando que el segmento de población entre los 19 y los 39 años es donde se concentra la mayor proporción de personas que se declaran “sin religión”. Sin embargo, aclaró que esta categorización no implica necesariamente una falta de creencia en Dios. Citando una expresión popularizada en el ámbito evangélico, monseñor Portela Amado prefirió el término “desigrejados” (desiglesiados, en traducción literal), para referirse a aquellos creyentes que, si bien mantienen su fe en una dimensión espiritual y en conceptos como el cielo, no se vinculan activamente con una institución eclesial específica. “No es que no crean en Dios. A mí me gusta más esa expresión. Creen en Dios, en el cielo, pero no tienen una mediación en la tierra, un camino de Iglesia”, precisó el prelado, destacando la singularidad de esta experiencia espiritual contemporánea.

Este escenario de desvinculación institucional, según el obispo de Petrópolis, puede generar un “vacío” espiritual que impulsa a muchos jóvenes a la búsqueda de referencias religiosas. En este contexto, no es inusual que algunos se vuelquen hacia expresiones y formas de fe que provienen del pasado, incluso aquellas que no vivieron directamente. “En la hora del vacío, uno va buscando, va procurando, incluso en algunas realidades históricas que esa juventud no vivió”, explicó. Esta búsqueda, que puede manifestarse en un interés renovado por las tradiciones litúrgicas más antiguas o en la adhesión a prácticas que evocan una mayor solemnidad y misticismo, representa una manera de encontrar arraigo y sentido en un mundo que a menudo se percibe como fragmentado y vertiginoso.

Monseñor Portela Amado enfatizó la legitimidad de esta diversidad de expresiones dentro de la Iglesia. Argumentó con firmeza que los jóvenes tienen todo el derecho a vivir su fe de la manera que encuentren más auténtica y resonante. “¿Tienen derecho a ser así? Sí, porque el catolicismo es plural por naturaleza, más aún en un mundo profundamente plural”, afirmó. Esta declaración subraya una comprensión de la Iglesia como un espacio amplio y diverso, capaz de acoger múltiples sensibilidades y caminos espirituales, siempre que se mantengan dentro de la comunión eclesial. No obstante, el obispo también introdujo una importante salvedad, haciendo un llamado a la fraternidad y al amor cristiano. Si bien cada individuo tiene la libertad de expresar su fe a su modo, esta libertad no debe convertirse en una herramienta para la imposición o para la exclusión de otras formas de vivir el catolicismo.

El prelado advirtió que es fundamental evitar la tentación de creer que solo una forma particular de piedad o liturgia es la correcta o la única válida. “Si, por un lado, existe el derecho de vivir y expresar la fe a su modo, a su manera de ser, por otro, en nombre del amor y de la fraternidad, no se puede imponer eso a los demás ni pensar que sólo tú estás en lo correcto. Esto vale no sólo para el ejemplo que diste, sino para cualquier otro”, concluyó. Este principio, según monseñor Portela Amado, es aplicable a todas las manifestaciones de la fe, no solo a aquellas que se inclinan hacia el tradicionalismo. Implica un desafío pastoral para la Iglesia de Brasil y para la Iglesia universal: cómo acoger y acompañar a una juventud que busca sinceramente a Dios, pero que no siempre encuentra su camino en las estructuras o expresiones convencionales, y que valora tanto la libertad personal como la riqueza de la tradición. La capacidad de la Iglesia para dialogar con estas búsquedas, respetando la diversidad y promoviendo la unidad en la caridad, será crucial para su misión evangelizadora en el siglo XXI. La reflexión del obispo brasileño resalta la vitalidad y la complejidad de la fe en la juventud contemporánea, y la necesidad de una Iglesia abierta y comprensiva ante las diversas expresiones de espiritualidad.

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