El Papa León XIV ha culminado un intenso y extenso viaje apostólico de once días por el continente africano, regresando a Roma este jueves 23 de abril tras visitar Guinea Ecuatorial. Esta peregrinación, que abarcó cuatro países y once ciudades, se tradujo en dieciocho vuelos y veintiséis discursos pronunciados en francés, inglés, portugués y español, dejando una huella imborrable de vitalidad y esperanza.
Desde su primera escala en Argelia, de mayoría musulmana, hasta la vibrante explosión subsahariana, el Santo Padre fue recibido con una efusividad desbordante: cantos, ovaciones en aeropuertos, celebraciones en calles y carreteras, música, danzas y una explosión de color en los atuendos, muchos de ellos confeccionados especialmente para su llegada. Esta energía contrastaba marcadamente con la humildad y las carencias de las infraestructuras, caminos y edificios que presenció.
**Un regreso a las raíces agustinianas en Hipona**
Uno de los momentos de mayor hondura espiritual para el Pontífice fue su visita a las ruinas de la antigua Hipona, en el noreste de Argelia. En este histórico lugar, donde San Agustín ejerció como obispo entre los años 354 y 430, y donde falleció este ilustre Padre de la Iglesia, León XIV, miembro de la orden agustiniana, se detuvo en un emotivo silencio. Visiblemente conmovido, el Papa León, quien se ha descrito a sí mismo como “hijo de San Agustín”, oró entre los vestigios de la ciudad de Annaba. Como muestra de profundo respeto, depositó una corona de flores mientras el coro del Instituto de Música de Annaba entonaba un canto, plantó un árbol y concluyó con un breve pero significativo momento de oración.
**Gestos de ternura y la cercanía del Papa**
La humanidad de León XIV se manifestó en pequeños pero poderosos gestos. Durante una visita privada a la casa de las Agustinas Misioneras en Bab El Oued, un popular barrio de Argel, el Pontífice protagonizó un gesto de especial ternura que rápidamente conmovió a muchos. En el taller del Centro de Acogida y Amistad, donde mujeres musulmanas de bajos recursos aprenden a coser y elaborar artesanías y joyas, el Papa León eligió un collar con el árbol de la vida, hecho de cobre y coral, destinado a la hija de su hermano.
Su especial cercanía con los niños fue una constante durante todo el viaje. En el orfanato Ngul Zamba, en Yaundé, Camerún, donde las Hijas de María asisten con dedicación a 64 niños y adolescentes en condiciones de extrema precariedad, el Papa León XIV aplaudió conmovido la exclamación de tres pequeños: “Somos hijos de Dios, no somos huérfanos”. El Pontífice los animó, asegurándoles que “estáis llamados a un futuro más grande que vuestras heridas”. Esta conexión con la infancia también se hizo evidente en Angola, donde bendijo a ocho recién nacidos en menos de un minuto, un momento que se viralizó por su espontaneidad.
**Un llamado a la justicia y la paz en el continente**
En Duala, la capital económica de Camerún, León XIV abordó sin titubeos la injusta distribución de recursos que azota el continente. Ante una multitud de unas 120.000 personas, una de las Eucaristías más multitudinarias de su viaje, el Papa afirmó: “Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da”. Inspirándose en la parábola de la multiplicación de los panes y los peces, el Pontífice denunció el hambre en una tierra rica en recursos, mientras un coro vibrante cantaba y bailaba el Gloria, transmitiendo una fe contagiosa.
La llegada del Papa León a Bamenda, en la región anglófona de Camerún, sumida en un conflicto independentista desde 2017, generó enorme expectación. La tregua de tres días anunciada por los separatistas fue interpretada como un posible signo de cambio. Allí, el 16 de abril, en la catedral de San José, el Pontífice reconoció: “Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro que sois vosotros los que me la anunciáis a mí y al mundo”. Sus palabras aludían al conmovedor testimonio de la hermana Carine Tangiri, una religiosa que, como muchos, fue secuestrada y llevada a la selva por un grupo armado, sobreviviendo tres días aferrada a su rosario hasta ser liberada por la intervención de católicos locales.
En el Santuario de Mamã Muxima, en Angola, uno de los centros de devoción mariana más importantes del África subsahariana, el Papa León XIV presidió el rezo del Santo Rosario. Aseguró que la Virgen confía a los fieles un “gran proyecto”: “Construir un mundo mejor y acogedor, donde no haya más guerra, injusticia, pobreza ni deshonestidad…”. Con fuerza, proclamó: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!”.
**Confirmación en la fe y cercanía lingüística**
El Papa León XIV quiso sobre todo confirmar en la fe a los católicos africanos. En Saurimo, Angola, advirtió sobre el peligro de confundir la fe cristiana con un “comercio supersticioso” y denunció la instrumentalización de Dios. “Cristo nos llama a la libertad; no quiere siervos ni clientes, sino hermanos y hermanas”, enfatizó. Además, destacó la importancia de los catequistas en África como “expresión fundamental de la vida de la Iglesia”.
Aunque pronunció discursos en cuatro idiomas, fue en Guinea Ecuatorial, el único país africano con el español como lengua oficial, donde León XIV se mostró más desenvuelto, llegando a improvisar y generando una conexión especial con los fieles. Esta cercanía lingüística permitió al Pontífice romper el protocolo y dirigirse espontáneamente a la multitud.
A bordo del avión que lo trasladaba de Camerún a Angola, el Papa León XIV también aclaró a los periodistas que sus discursos, redactados semanas antes, no respondían a los recientes ataques del entonces presidente estadounidense Donald Trump. Reafirmó que el objetivo de su viaje era “estar, celebrar, animar y acompañar a todos los católicos”, proclamando el Evangelio y promoviendo “la fraternidad, la hermandad”, así como “la justicia y la paz”.
**Un mensaje de esperanza en la prisión de Bata**
Uno de los momentos más impactantes y emotivos del viaje fue la visita del Papa León XIV a la prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial, un centro fuertemente criticado por organizaciones humanitarias debido al hacinamiento y las condiciones insalubres. Cientos de reclusos lo recibieron con cánticos, suplicándole oraciones por sus familias y su libertad. “Ninguno está excluido del amor de Dios”, les dijo el Papa León XIV. “Cada uno de nosotros, con su historia, sus errores y sus sufrimientos, sigue siendo valioso a los ojos del Señor”. Ni la intensa lluvia que caía en ese momento pudo apagar la emoción de este encuentro, que sin duda marcó un hito en la misión apostólica del Santo Padre.
El viaje de León XIV a África no solo ha sido un ejercicio pastoral, sino también un potente llamado a la acción por la dignidad humana, la paz y la justicia en un continente que, a pesar de sus desafíos, irradia una fe y una esperanza inquebrantables.






