28 abril, 2026

Colombia se sumergió en luto y consternación tras una serie de brutales atentados terroristas perpetrados en los departamentos del Cauca y Valle del Cauca, que dejaron un trágico balance de al menos veinte civiles fallecidos y más de cuarenta y cinco heridos. La magnitud de la violencia ha provocado una enérgica condena por parte de líderes eclesiásticos y gubernamentales, quienes claman por el cese de la barbarie y exigen justicia.

Monseñor Wiston Mosquera Moreno, Obispo de Quibdó, alzó su voz para rechazar contundentemente la escalada de violencia, manifestando que “Colombia ya no aguanta más derramamiento de sangre de inocentes”. A través de un comunicado emitido por su diócesis el domingo 26 de abril de 2026, el prelado condenó “todas estas formas macabras de violencia que enlutan al país”, haciendo un llamado urgente a la unidad nacional para repudiar estos actos “demenciales” sin ambigüedades. Las palabras del obispo Mosquera resuenan con la angustia de una nación que se ve nuevamente golpeada por el terrorismo.

Los ataques, que sembraron el caos y la desolación, tuvieron su punto más álgido el sábado 25 de abril. El incidente más devastador ocurrió en horas de la tarde en la estratégica carretera Panamericana, a la altura del municipio de Cajibío, una zona vital que conecta las capitales de Cali (Valle del Cauca) y Popayán (Cauca). Informes de medios como BBC y CNN en Español detallaron la brutalidad del suceso: un artefacto explosivo fue detonado indiscriminadamente contra la población civil.

La explosión, provocada por un cilindro lleno de explosivos lanzado contra un autobús, arrasó con al menos quince vehículos y dejó un cráter considerable en la vía. Las imágenes descritas por testigos y reporteros mostraban un paisaje dantesco, con cuerpos de las víctimas tendidos junto a los fierros retorcidos de los automóviles destrozados. Inicialmente, se reportaron siete civiles muertos y más de veinte heridos graves, pero el número de víctimas fatales se elevó drásticamente a medida que avanzaban las labores de rescate y reconocimiento.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses confirmó el 26 de abril el fallecimiento de veinte personas, de las cuales quince eran mujeres y cinco hombres, todos mayores de edad. En un esfuerzo por aliviar el dolor de las familias, quince de los cuerpos ya habían sido entregados a sus seres queridos.

Además del ataque en Cajibío, la jornada de terror del 25 de abril incluyó otros incidentes. Por la mañana, un dron cargado de explosivos atacó un radar aéreo, y posteriormente, una serie de explosiones adicionales en la región dejaron al menos a siete indígenas heridos, evidenciando la diversificación de las tácticas empleadas por los grupos violentos.

Las reacciones políticas no se hicieron esperar. Gustavo Petro, presidente de Colombia, utilizó su cuenta de X para manifestar su indignación y señalar a los responsables. Calificó a quienes perpetraron los atentados y asesinaron a personas en Cajibío como “terroristas, fascistas y narcotraficantes”. El mandatario identificó a alias Marlon como el jefe detrás de estos actos, afirmando que está “plenamente identificado por la inteligencia policial y militar”. Asimismo, condenó a los frentes de alias Iván Mordisco en el Cauca, tildándolos de “delincuentes criminales contra la humanidad” y exigiendo que sean tratados como tales, haciendo referencia a uno de los líderes de las disidencias de las FARC.

Por su parte, Octavio Guzmán, gobernador del Cauca, también expresó su dolor y determinación a través de X. Calificó lo ocurrido el 25 de abril como “el ataque más brutal y despiadado contra la población civil en décadas en el departamento del Cauca”. Ante la barbarie, el gobernador reafirmó que la respuesta institucional sería de “mayor presencia institucional y trabajo integral”. Informó sobre la celebración de un Consejo de Gobierno para definir medidas de seguridad, acompañamiento y auxilio humanitario, así como atención psicosocial y apoyo integral a las víctimas. En señal de duelo y respeto, el gobernador Guzmán decretó “tres días de duelo en memoria de la población civil a la que le fue arrebatada la vida a causa de la violencia”.

En su conmovedor comunicado, el Obispo de Quibdó reiteró que “esa sangre derramada violentamente en nuestros pueblos, ciudades y carreteras clama al cielo para que se haga justicia y quienes han cometido semejantes actos de barbarie sean juzgados con el peso de la ley en nuestro país”. El prelado no solo exhortó a los criminales a cesar la violencia, sino que también alertó sobre las graves implicaciones de esta ola de ataques, señalando que “simplemente nos retrocede a esos funestos años 90s en los que era imposible salir sin miedo por el país y casi con una lápida colgada al cuello por el hecho de ser ciudadanos en Colombia”.

Ante este oscuro panorama, Monseñor Mosquera hizo un llamado a la fe y la esperanza. “Oremos por la paz de Colombia sin desfallecer, hagamos que Cristo reine en el corazón de sus habitantes, que ojalá él sea el verdadero centro y culmen de nuestra vida”, expresó. Concluyó su mensaje con una súplica ferviente: “Que haya paz en esta amada tierra del Sagrado Corazón”, una frase que encapsula el deseo de millones de colombianos por un futuro libre de violencia. La nación se encuentra en un momento crítico, con la sociedad y sus líderes unidos en la condena del terror y en la búsqueda de caminos hacia una paz duradera.

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