28 abril, 2026

La villa castellana de Mayorga, en España, se vistió de gala este 27 de abril para celebrar la fiesta de su hijo más insigne, Santo Toribio de Mogrovejo. La conmemoración tuvo un significado especial al enmarcarse en el Año Jubilar que celebra el tercer centenario de su canonización, destacando la figura de un obispo que dejó una huella imborrable en la Iglesia y en la historia de América. El acto central fue una emotiva misa presidida por el Cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo Emérito de Valladolid.

Desde primeras horas de la mañana, la localidad se preparó para honrar a su patrón, llenando sus calles con un ambiente festivo y de devoción. Poco antes del mediodía, un solemne cortejo partió del ayuntamiento, encabezado por la banda municipal y seguido por las autoridades locales. El destino era la ermita del santo, construida sobre lo que fue su casa natal y convertida hoy en un punto de peregrinación y veneración para los vecinos y visitantes.

En la ermita, una multitud aguardaba el inicio de la ceremonia eucarística. La misa fue concelebrada por una docena de sacerdotes y contó con la asistencia de dos diáconos, reflejo de la importancia de la figura de Santo Toribio. Durante su homilía, el Cardenal Blázquez subrayó la relevancia de este Año Jubilar. “No solo hacemos memoria de alguien notable en la historia”, afirmó el purpurado, haciendo una especial mención a la antigua Archidiócesis de Lima durante los tiempos del Virreinato. Más allá de la evocación histórica, el cardenal enfatizó la gratitud: “también damos gracias al Señor por su vida, por su historia, por su legado y nos acogemos a su intercesión”.

El Cardenal Blázquez profundizó en la personalidad de Santo Toribio, desmintiendo la imagen de un santo austero y distante. En alusión a la convocatoria del Año Jubilar como Año de la Santidad, el purpurado remarcó que Santo Toribio “no fue un triste santo”, sino una figura entregada por completo a su ministerio, siempre abierto y acogedor con todos. Su biografía, tal como la relató el Cardenal Blázquez, es un testimonio de una vocación surgida de un camino inesperado. Toribio, un laico dedicado al Derecho, fue elegido obispo por indicación del monarca Felipe II, quien valoró en él una “fidelidad a la verdad, a la justicia y una gran misericordia con las personas” en su desempeño profesional.

Ante la vacante de la sede arzobispal de Lima, el rey Felipe II sugirió a Toribio como un posible candidato, una propuesta que, según el cardenal, lo dejó desconcertado y lo llevó a presentar excusas. Sin embargo, Santo Toribio finalmente aceptó la encomienda. Se preparó para el viaje transoceánico y, como recordó el Cardenal Blázquez, “seguramente fue ordenado obispo en Sevilla” antes de emprender su travesía hacia el Nuevo Mundo. El cardenal concluyó que la vida del santo de Mayorga “resulta iluminadora, y para todos nosotros es alguien en quien podemos encontrar un maestro, un intercesor, un guía en nuestra propia vida”.

Una vez en América, Santo Toribio de Mogrovejo se erigió como un pastor ejemplar, siguiendo fielmente las directrices del Concilio de Trento. El Cardenal Blázquez resaltó su dedicación genuina a su grey, compuesta mayoritariamente por comunidades indígenas. De su intensa labor episcopal, destacó sus visitas pastorales, que lo llevaron a recorrer hasta los confines más remotos del virreinato, una característica que lo define como “un obispo itinerante y misionero”. Su predilección pastoral, la catequesis, fue una piedra angular de su ministerio.

El santo oriundo de Mayorga fue autor de tres catecismos, uno de los cuales, conocido como el Catecismo Limeño número 3, aún se utiliza hoy en día. Este invaluable documento fue redactado no solo en español, sino también en quechua y aimara, evidenciando su profunda conexión y respeto por las culturas de los pueblos originarios de la región.

El Cardenal Blázquez también hizo referencia al fallecimiento de Santo Toribio en Zaña, una localidad ubicada en la actual diócesis de Chiclayo, en Perú. Es una diócesis con una conexión especial con el Pontífice actual, pues fue una sede episcopal que, en su momento, fue pastoreada por el Papa León XIV. El cardenal relató el momento de su muerte: “Murió acompañado por indios y por sacerdotes. Cuando él estaba expirando, los acompañantes cantaban aquellas bellas palabras del himno de Jesús In te domine espervit. Es decir, en Ti, Señor, esperado”. Haciendo eco de la célebre expresión acuñada por el Papa Francisco, el cardenal Blázquez describió a Santo Toribio como “un pastor que olía a oveja, un pastor que olía a indio”, una descripción que encapsula su entrega total y su cercanía con las comunidades a las que sirvió. La celebración en Mayorga no solo honró la memoria de un santo, sino que también revitalizó su legado de fe, justicia y servicio incondicional.

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