Desde su exilio en Estados Unidos, monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, ha emitido un emotivo y profundo mensaje de esperanza, exhortando a los fieles a depositar su confianza en Dios frente a las adversidades. El pasado domingo 3 de mayo, durante la homilía que presidió en la parroquia Santa Agatha de Miami, Florida, el prelado nicaragüense abordó las inquietudes que generan el dolor, el sufrimiento, los problemas y la incertidumbre en la vida humana, con un énfasis particular en la experiencia de quienes han sido forzados a abandonar su país.
Monseñor Báez, figura destacada por su inquebrantable postura pastoral y sus críticas abiertas al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, vive en el exilio desde abril de 2019. Su continuidad en el cargo de obispo auxiliar fue ratificada por el Papa León XIV en 2025. Esta confirmación se interpretó ampliamente como un claro respaldo del Santo Padre a la Iglesia nicaragüense, la cual ha sido blanco de una intensa persecución. La homilía pronunciada por el obispo Báez en Miami no solo brindó consuelo a la diáspora nicaragüense, sino que también ofreció una guía espiritual para enfrentar los tiempos de crisis y desolación.
El obispo subrayó que la existencia humana no es un camino “destilado, sin problemas que resolver ni luchas que afrontar”. En este escenario, la invitación de Jesús a confiar en Dios se erige como un pilar esencial. Según monseñor Báez, el anhelo de Jesús es que los creyentes vivan con la “serenidad que nos da saber que somos amados y cuidados por Dios con un amor entrañable”. Este mensaje cobra una relevancia especial en el contexto del exilio forzoso y la implacable persecución religiosa que padecen los católicos en Nicaragua. El obispo Báez se cuenta entre los numerosos prelados y sacerdotes que han sido expulsados de su nación o encarcelados debido a su defensa de los derechos humanos y la libertad de culto, en medio de la embestida de la dictadura contra la Iglesia Católica.
La reflexión del obispo se extendió a las vicisitudes históricas y sociales. “También en la historia de los pueblos hay épocas dolorosas, en las que parecen prevalecer la ambición de poder, la irracionalidad de la violencia y el irrespeto a la libertad y a la dignidad de las personas”, sentenció monseñor Báez. Ante tales escenarios, su exhortación fue rotunda: “No hay que desesperarse. La fe en Dios es nuestra mayor fortaleza y la fuente más segura de consuelo”. Esta declaración, pronunciada ante una audiencia que incluía a muchos de sus compatriotas exiliados en Estados Unidos, enfatizó la importancia de la esperanza activa y la perseverancia. El obispo alentó a los fieles a creer firmemente que “el Dios de la vida, el Dios ‘que es justo y ama la justicia’ (Sal 11,7), actuará en la historia a través de nuestra capacidad de soñar en grande y de luchar de manera perseverante” incluso cuando los caminos parezcan cerrarse y las soluciones se antojen inalcanzables.
El Papa León XIV, quien en múltiples ocasiones ha expresado su preocupación por la situación de la Iglesia en Nicaragua y la represión que enfrentan sus líderes y fieles, ha mantenido una postura de apoyo a la jerarquía eclesiástica del país centroamericano. La confirmación de monseñor Báez en su puesto es un testimonio de este respaldo pontificio. La comunidad internacional y diversas organizaciones de derechos humanos han censurado las acciones del régimen nicaragüense, que abarcan el cierre de medios de comunicación, la ilegalización de organizaciones de la sociedad civil y la expulsión de religiosos.
Adentrándose en su enseñanza, el obispo Báez destacó la figura de Jesús como “el camino, la verdad y la vida”, una tríada esencial de las Escrituras. Resaltó que Jesús es “el único camino confiable que se puede recorrer, a veces con fatiga y quizás tentados de volver atrás, pero siempre al ritmo humilde y tenaz de nuestro corazón creyente, con la seguridad de que nunca vamos solos y de que la luz y la fuerza de Jesús nos sostienen”. Este enfoque en la persona de Cristo como guía y sustento es fundamental para quienes atraviesan periodos de severa prueba y desaliento.
Continuando con su homilía, el prelado describió a Jesús como la “verdad hecha carne, una verdad viva que palpita de amor y, al iluminarnos, libera y transforma la existencia”. Para monseñor Báez, Jesús representa “la única verdad sobre la que podemos construir nuestra vida, con la certeza de que pondremos sólidos fundamentos que sostendrán nuestra frágil existencia”. En tiempos marcados por la desinformación y el relativismo, la afirmación de una verdad trascendente y liberadora ofrece una base de estabilidad y sentido.
Finalmente, el obispo recordó a los asistentes que “Jesús es la vida que muere por amor y resucita para colmarnos de vida divina”. Unido a él, la vida entera “rejuvenece una y otra vez, aun en medio de la desolación del dolor y de la oscuridad”. Este poderoso mensaje de resurrección y renovación sirve como un bálsamo esperanzador para aquellos que experimentan la pérdida, el desarraigo y el sufrimiento. Monseñor Báez concluyó alentando a los fieles a mantener la esperanza en la promesa de que, “unidos a Jesús, un día veremos realizados en plenitud los deseos no alcanzados, los esfuerzos frustrados, los amores imperfectos, la salud, el trabajo, la casa, la fiesta y los abrazos”, enfatizando que el destino último de cada persona se encuentra “en el corazón de nuestro Padre Dios”. La homilía de monseñor Báez se erige, en definitiva, como un faro de esperanza y resistencia espiritual para la diáspora nicaragüense y para todos aquellos que buscan consuelo en la fe ante la adversidad.








