12 mayo, 2026

San José, Costa Rica – Laura Virginia Fernández Delgado, la nueva jefa de Estado de Costa Rica, ha marcado el inicio de su administración presidencial el pasado 8 de mayo con un significativo acto de fe y devoción. En un gesto cargado de simbolismo, la mandataria depositó su banda presidencial a los pies de la Virgen de los Ángeles, patrona del país, cumpliendo así una promesa personal que subraya la profunda conexión cultural y religiosa de la nación centroamericana.

La Presidencia de la República comunicó este evento a través de sus plataformas digitales, confirmando que la presidenta Fernández, acompañada por su gabinete y equipo de trabajo, asistió a una celebración Eucarística un día después, el 9 de mayo. La Misa tuvo lugar en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago, un santuario de gran relevancia para los costarricenses, y fue presidida por Monseñor Javier Román, Obispo de Limón y actual presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Durante la homilía, Monseñor Román destacó la trascendencia de iniciar una gestión de gobierno con un acto religioso. El prelado enfatizó que existen “decisiones y cargas que no pueden sostenerse solamente con nuestras propias fuerzas”, subrayando la necesidad inherente de buscar el amparo y la guía divina en el ejercicio diario del poder y en la vida personal. Su mensaje resonó con la idea de que la fe puede ser un pilar fundamental para quienes asumen responsabilidades de liderazgo.

El obispo elevó una ferviente oración solicitando “fortaleza” para quienes ocupan cargos públicos, recordando que, más allá de la investidura, “sigue habiendo una persona; un corazón que necesita serenidad y paz para no endurecerse en medio de tantas presiones”. En este sentido, invitó a las recién estrenadas autoridades a encontrar esa anhelada paz en Dios, a quien describió como un compañero constante “que camina con nosotros aun en medio de las pruebas”. Esta necesidad de paz, según Monseñor Román, es compartida por el conjunto de la sociedad costarricense, inmersa en un contexto de crecientes desafíos como la violencia y la incertidumbre social.

Las preocupaciones del obispo reflejaron un panorama nacional complejo: “La necesitan las familias golpeadas por la violencia. La necesitan nuestros jóvenes, muchas veces tentados por caminos equivocados o por el desánimo. La necesitan nuestras comunidades, marcadas por la inseguridad, el narcotráfico y los homicidios”, afirmó. Este detallado recuento de las problemáticas sociales otorgó un peso adicional a su invocación al Espíritu Santo, a quien solicitó conceder a las nuevas autoridades “sabiduría para decidir, prudencia para escuchar y claridad para actuar pensando siempre en el bienestar de nuestro pueblo”.

Más allá de la oración por la fortaleza y la paz, Monseñor Román abordó el tema de la fe en el ámbito público, un aspecto que, a su juicio, en ocasiones se tiende a “esconder o a vivir únicamente en privado”. Consideró profundamente significativo que las autoridades nacionales eligieran encomendar “a Dios sus responsabilidades y poner bajo la protección de la Virgen María el servicio que se les ha confiado”. El presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica argumentó que la fe, cuando se integra en la vida pública, “puede convertirse en guía para actuar con rectitud, honestidad y sentido moral”.

Añadió que el reconocimiento de la existencia de una verdad trascendente lleva a comprender que “el poder tiene límites y que toda autoridad debe ejercerse con ética, conciencia y respeto por la vida”. Para ilustrar este punto, invitó a la presidenta Fernández a inspirarse en el ejemplo de Santo Tomás Moro, una figura histórica que encarnó el ejercicio del poder “con rectitud y coherencia”, y cuya vida es un testimonio de cómo la autoridad alcanza su “mayor grandeza cuando se ejerce pensando en los demás y en el bien común”.

Durante la Eucaristía, Monseñor Román también resaltó el hecho de que Laura Fernández sea la segunda mujer en la historia de Costa Rica en asumir la máxima magistratura del país. Según sus palabras, las mujeres poseen una aptitud especial para “custodiar la vida, para sostenerla aun en medio de las dificultades y para recordar que detrás de cada decisión siempre hay personas concretas, familias y sufrimientos reales”. El obispo afirmó que el país requiere “firmeza, sí; pero también humanidad”, y líderes que sean capaces de “escuchar ese clamor y de buscar caminos de alivio para quienes sienten que las puertas comienzan a cerrarse”.

Finalmente, Monseñor Román hizo un enérgico llamado a la unidad nacional. Argumentó que “los desafíos que tenemos delante son demasiado grandes para enfrentarlos divididos”, e instó a todos los costarricenses a “caminar unidos y construir con confianza el futuro de nuestra nación”. En un mensaje de respaldo institucional, el prelado concluyó dirigiéndose a la presidenta: “Como Iglesia queremos decirle con sinceridad, señora presidenta: oramos por usted. No solamente en esta celebración. Cada domingo la Iglesia eleva su oración por quienes tienen la responsabilidad de conducir los pueblos”.

El obispo de Limón clausuró la celebración encomendando el presente y el futuro de Costa Rica a la protección maternal de la Virgen de los Ángeles, con la esperanza de que ella “acompañe cada paso de este nuevo gobierno, proteja a nuestro pueblo y nos ayude a vivir como hermanos. Y que el Señor nos conceda caminar unidos, con verdad, justicia y esperanza”.

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