12 mayo, 2026

La antiquísima y venerada imagen del Cristo Negro de San Román, pilar fundamental de la fe y la cultura en el estado mexicano de Campeche desde hace más de 460 años, se someterá a un profundo proceso de restauración. Esta medida se ha vuelto indispensable luego de que la sacra figura sufriera daños estructurales durante un traslado procesional el pasado mes de mayo.

A través de un comunicado oficial, la Diócesis de Campeche ha informado a la comunidad sobre la necesidad de esta “intervención profunda de restauración”. Los técnicos han identificado una serie de afectaciones que comprometen la integridad de la pieza: se detectaron daños estructurales significativos en la cruz de madera que sostiene al Cristo, varias fisuras en los brazos de la figura y desajustes en el recubrimiento de plata que adorna la cruz.

El incidente, que generó preocupación entre los fieles, ocurrió el primer día de mayo. Tras la solemne misa de toma de posesión del nuevo Obispo de Campeche, Monseñor José Alberto González González, la imagen era trasladada de regreso a su santuario cuando un desafortunado accidente tuvo lugar. Según el reporte diocesano, la cruz de madera, de considerables dimensiones, hizo “contacto accidentalmente con un cable” durante su desplazamiento. Este suceso, aunque fortuito, resultó en las lesiones ahora observadas en esta preciada reliquia.

Con el firme propósito de salvaguardar el inestimable valor histórico, artístico, religioso y devocional de la imagen, la Diócesis solicitó de inmediato la evaluación de especialistas en conservación y restauración. Es importante destacar que la figura del Cristo Negro celebrará en septiembre de 2025 su 460 aniversario desde su llegada a tierras campechanas, lo que subraya la urgencia y la importancia de esta intervención. El comunicado de la Diócesis trajo una nota de alivio al asegurar que, tras una minuciosa revisión técnica, se ha confirmado que “todos los daños son reversibles”. La institución eclesiástica ha garantizado que acompañará “cuidadosamente todo el proceso de restauración y conservación, procurando en todo momento la adecuada salvaguarda de este patrimonio religioso tan significativo para nuestro pueblo”.

La historia del Cristo Negro, también conocido cariñosamente como el Señor de San Román, está intrínsecamente ligada a la identidad y la espiritualidad de Campeche. La Diócesis ha recordado que esta talla ha permanecido “arraigada en la historia, la fe y la vida religiosa” no solo de los creyentes locales, sino de gran parte del país. Su devoción se remonta al siglo XVI, un período en el que la región de Campeche fue devastada por una plaga de langostas. Ante la desesperación, los habitantes tomaron la decisión de edificar un templo en honor al mártir San Román y encargar una imagen de Cristo crucificado. Esta figura, tallada en ébano africano, fue traída desde Italia, cruzando el Atlántico en una travesía que, según la tradición, estuvo marcada por lo milagroso.

La leyenda cuenta que, durante su viaje marítimo hacia Campeche, la embarcación que transportaba la valiosa carga se vio envuelta en una violenta tormenta. En medio de la tempestad, un misterioso hombre apareció para guiar el barco a salvo hasta la costa. Tras cumplir su misión, desapareció tan enigmáticamente como llegó, dejando a la tripulación y a la comunidad atónitos. Al arribar a puerto, la imagen del Cristo apareció mojada, un hecho que fue interpretado por los fieles como una señal divina y un milagro, afianzando aún más su carácter sagrado y la profunda veneración que desde entonces se le profesa.

Cada año, entre el 13 y el 29 de septiembre, la ciudad de Campeche se viste de fiesta para celebrar la tradicional Feria del Cristo Negro. Un momento cumbre de estas festividades es la emotiva procesión marítima, que recrea anualmente la llegada de la sagrada imagen en el año 1565. Este evento no solo es una manifestación de fe, sino también una vibrante expresión cultural que atrae a miles de visitantes y devotos.

Finalmente, la Diócesis de Campeche ha expresado su compromiso inquebrantable de revisar y fortalecer los protocolos de seguridad para el traslado y resguardo de todas las imágenes históricas bajo su custodia. Este reciente incidente, si bien lamentable, ha servido como un llamado a la reflexión, invitando a la comunidad eclesiástica y a los fieles a renovar su compromiso con “el cuidado responsable de los bienes religiosos que forman parte de nuestra historia y de nuestra fe”, asegurando así la preservación de este patrimonio inmaterial para las futuras generaciones.

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