Bogotá se vistió de luto para dar el último adiós a Germán Vargas Lleras, una de las figuras más influyentes de la política colombiana en las últimas décadas. En una solemne Misa de exequias celebrada el 11 de mayo en la Catedral Primada de Bogotá, destacados líderes políticos y la sociedad en general se unieron para honrar la memoria del exvicepresidente. La ceremonia religiosa, oficiada por el Cardenal Rubén Salazar, sirvió no solo como un espacio de despedida, sino también para reflexionar sobre la profunda dimensión espiritual que, según el purpurado, guio la vida pública y personal de Vargas Lleras.
Durante su homilía, el Cardenal Salazar, quien fuera arzobispo de Bogotá entre 2010 y 2020, resaltó la fe inquebrantable del político. Según el prelado, Vargas Lleras era un “hombre de profunda fe en Dios”, plenamente consciente de que sus habilidades y talentos eran dones divinos destinados al servicio de su nación. Esta convicción fundamental marcó su trayectoria, desde sus inicios en el Parlamento hasta sus roles ministeriales y la Vicepresidencia de la República. El Cardenal enfatizó que esta faceta espiritual, a menudo menos visible en la esfera pública, fue un pilar esencial en su existencia, un testimonio que él mismo pudo constatar a través de diálogos y la cercanía con su entorno familiar.
La vida de Germán Vargas Lleras estuvo marcada por una intensa actividad política y momentos de gran trascendencia para Colombia. Es recordado por su destacado desempeño como ministro del Interior y de Vivienda durante el primer mandato del expresidente Juan Manuel Santos. Posteriormente, ocupó la Vicepresidencia en el segundo periodo de Santos, desde donde impulsó importantes programas de infraestructura y vivienda de interés social que transformaron diversas regiones del país. Su carrera también incluyó una notable labor parlamentaria, donde se desempeñó como senador y representante a la Cámara, participando activamente en debates y la formulación de leyes cruciales.
Más allá de sus logros en la administración pública, la biografía de Vargas Lleras incluye episodios de resiliencia ante la violencia. Fue víctima de dos atentados terroristas perpetrados por las FARC en 2002 y 2005, los cuales lo dejaron con graves secuelas. Años después, en noviembre de 2020, Rodrigo Londoño Echeverry, conocido como alias Timochenko y entonces líder de las FARC, envió una carta al expresidente Santos en la que ofrecía disculpas por los ataques sufridos por Vargas Lleras. En un gesto de humanidad y apertura a la reconciliación, el exvicepresidente respondió públicamente en una columna de opinión en El Tiempo: “A diferencia de los que sí murieron y hoy no pueden contestar, en mi caso personal acepto el perdón que se me ofrece”. Esta declaración se convirtió en un hito en el proceso de búsqueda de paz y sanación para la sociedad colombiana.
El Cardenal Salazar profundizó en la interpretación de la fe de Vargas Lleras, describiéndola como una guía constante. “Fue consciente de que todas sus capacidades desplegadas para el servicio de Colombia, toda su entrega generosa, todo su servicio al país, eran un don de Dios que lo había hecho instrumento de bien y de transformación en la construcción de una nación más justa, más fraterna, más solidaria, de una nación en paz”, aseveró el purpurado. Pero su fe no solo se manifestó en sus éxitos, sino también en las pruebas. El arzobispo emérito señaló que los momentos difíciles que enfrentó el político fueron un “crisol” donde Dios, Padre Misericordioso, lo purificaba y fortalecía para cumplir la misión encomendada.
Incluso la enfermedad que finalmente lo llevó a la muerte fue vista desde una perspectiva espiritual por el Cardenal. “La última prueba, la que lo llevó a partir de este mundo, la más dolorosa, su larga enfermedad, fue para Germán una participación en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo”, afirmó Salazar. Con estas palabras, sugirió que, así como participó del sufrimiento, Vargas Lleras también sería partícipe de la resurrección. La fuerza interior para dedicarse por completo a la construcción de una Colombia basada en la verdad, la justicia y la paz, en la que los ciudadanos se reconozcan como hermanos, provino, según el Cardenal, de la “vida abundante que Cristo nos alcanzó con su resurrección”.
Antes de concluir la ceremonia, el Cardenal Salazar hizo un llamado a los colombianos, exhortando a que el fallecimiento de Vargas Lleras, visto bajo la luz de la fe en un Dios misericordioso, se transforme en un impulso de reconciliación y armonía, especialmente en los “momentos cruciales para la vida de nuestra nación”.
Entre los asistentes a la emotiva Eucaristía se encontraban varios expresidentes de Colombia, líderes de distintas fuerzas políticas, y en representación del gobierno actual, la vicepresidenta Francia Márquez. Tras la misa en la Catedral, los restos de Germán Vargas Lleras fueron trasladados al Parque Cementerio Jardines de Paz, donde se realizó una ceremonia privada en la intimidad de su círculo familiar y amigos cercanos, concluyendo así el último capítulo de una vida dedicada al servicio público.








