25 mayo, 2026

El Papa León XIV ha presentado al mundo su primera encíclica, “Magnifica humanitas”, un documento trascendental que aborda los complejos desafíos éticos y humanos planteados por el vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA). Publicada este 25 de mayo, la encíclica subraya la necesidad imperante de someter el desarrollo y la aplicación de estas tecnologías a “restricciones éticas más rigurosas”, siempre en el “respeto de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida”. El Pontífice, a través de este texto, extiende un llamado urgente tanto a la sociedad en general como a los diseñadores y desarrolladores de sistemas de IA para que prioricen al ser humano por encima de cualquier otro interés.

La publicación de “Magnifica humanitas” ha resonado profundamente en diversas latitudes, siendo objeto de análisis y reflexión por parte de la jerarquía eclesiástica. En Chile, el Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago, ha desglosado el mensaje central del Santo Padre en un decálogo clarificador, compartido a través de sus redes sociales. Estos diez puntos ofrecen una valiosa hoja de ruta para comprender la visión de León XIV sobre la relación entre humanidad y tecnología:

1. **La persona humana en el centro:** Todo progreso tecnológico, según el Papa León, debe orientarse a servir al ser humano, no a subordinarlo. El desarrollo de la IA no puede perder de vista su propósito fundamental: mejorar la vida de las personas.
2. **Desafío humano y espiritual:** El gran reto de nuestra era no es meramente técnico, sino profundamente humano y espiritual. Implica reflexionar sobre lo que significa ser humano en un mundo cada vez más automatizado.
3. **IA al servicio del bien común:** La inteligencia artificial debe ser una herramienta para construir sociedades más justas y equitativas, contribuyendo al bienestar colectivo y no solo a beneficios individuales o corporativos.
4. **Dignidad incondicional:** La dignidad humana es intrínseca y no depende de la productividad, la capacidad o la utilidad. Este principio es crucial para evitar que los criterios de eficiencia de la IA deshumanicen a las personas.
5. **La fragilidad no es un defecto:** La vulnerabilidad y la fragilidad son parte inherente de la condición humana. La IA no debe ser diseñada para eliminar estas características, sino para apoyar a quienes las experimentan.
6. **Experiencia humana irremplazable:** Ninguna inteligencia artificial, por avanzada que sea, puede sustituir la riqueza de la experiencia humana, las relaciones interpersonales, la empatía o la conciencia.
7. **La verdad como bien común:** En un panorama digital donde la desinformación prolifera, la verdad es un bien fundamental que debe ser protegido y promovido activamente. La IA no debe ser un vector de falsedad.
8. **El trabajo humano: valor intrínseco:** El trabajo del hombre no puede quedar supeditado únicamente a la lógica de las máquinas o a la maximización de la eficiencia. Su valor va más allá de la mera productividad.
9. **Libertad amenazada por nuevos controles:** La proliferación de la IA plantea nuevas y a menudo invisibles formas de control y vigilancia que pueden socavar la libertad individual y colectiva.
10. **Paz y civilización del amor:** La verdadera alternativa al poder tecnológico descontrolado reside en la construcción de una civilización basada en la paz y el amor, donde la tecnología sea un medio, no un fin.

La repercusión de “Magnifica humanitas” se extiende a la pastoral chilena, donde el documento ha sido recibido con especial interés. Monseñor René Rebolledo Salinas, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh), ha expresado su profunda gratitud al Santo Padre por esta encíclica, destacando la “profunda sintonía” del texto con los desafíos pastorales y sociales que enfrenta el país. En particular, Rebolledo Salinas hizo hincapié en la preocupación del Papa por la creciente vulnerabilidad de los jóvenes ante las adicciones tecnológicas y la manipulación digital, una problemática acuciante en la sociedad chilena.

El prelado chileno subrayó que el entorno digital se ha convertido en el “territorio de misión natural para las nuevas generaciones”. No basta, advirtió, con la simple medida de “apagar las pantallas”, sino que la Iglesia tiene la misión de acompañar a los jóvenes para que “lleven la luz del Evangelio a este nuevo continente”. Este enfoque resalta la importancia de una evangelización activa y adaptada a las nuevas realidades digitales.

La providencial publicación de la encíclica del Papa León XIV coincide con la preparación del próximo Seminario Internacional de Comunicaciones, que Chile acogerá los días 27 y 28 de julio. Este evento, que tendrá como eje central “Los desafíos de la Inteligencia Artificial”, se beneficiará enormemente del magisterio del Pontífice. “La publicación de Magnifica humanitas llega en un momento providencial, ya que todos los obispos del país nos reuniremos a fines de julio en el Seminario de Comunicaciones sobre IA”, señaló Rebolledo Salinas, confirmando que la encíclica será el “texto base iluminador” de las deliberaciones.

Frente a la explícita advertencia del Papa sobre cómo la IA puede erosionar la verdad y debilitar la vida democrática, Monseñor Rebolledo Salinas enfatizó que, en el actual escenario de transformaciones políticas y sociales que vive Chile, el rol de la Iglesia permanece inalterable: iluminar la conciencia desde los principios del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

El presidente de la CECh concluyó su reflexión citando al Santo Padre: “El Santo Padre es claro: una tecnología que busca solo el rendimiento económico construye una nueva Babel que sacrifica a los más débiles”. Esta contundente afirmación interpela directamente a la Iglesia en Chile a “estar más cerca de las nuevas pobrezas emergentes” y a redoblar los esfuerzos para proteger la verdad “en un tiempo donde la desinformación y las inteligencias artificiales pueden confundir lo verdadero con lo falso”. La encíclica “Magnifica humanitas” se erige así como una guía esencial para navegar los complejos dilemas de la era digital con una perspectiva que prioriza siempre la dignidad intrínseca de la persona humana.

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