El Papa León XIV reafirmó este lunes 1 de junio la trascendental labor de las Obras Misionales Pontificias (OMP) al recibir en audiencia a los participantes de su Asamblea General. En un discurso que resonó con la urgencia del momento actual, el Pontífice enfatizó la misión evangelizadora de la Iglesia en un mundo asediado por conflictos y divisiones, al tiempo que rememoró la vida y obra del Arzobispo Fulton Sheen, cuya próxima beatificación servirá como faro para la comunidad misionera global.
El Santo Padre inició su alocución subrayando el valor incalculable de las OMP como el principal motor de apoyo y sostenibilidad para los misioneros católicos en su labor de proclamar el Evangelio a lo largo y ancho del planeta. Recordó el centenario de la institución, cuya formalización bajo el Papa Pío XI consolidó una estructura esencial para la difusión de la fe, permitiendo que la caridad de los fieles se tradujera en recursos vitales para comunidades en las fronteras de la evangelización.
En este marco, León expresó su gratitud por la promoción de la Jornada Mundial de las Misiones, un evento anual que no solo incentiva la oración y la reflexión sobre la misión evangelizadora de la Iglesia, sino que también es fundamental para la recaudación de fondos. Estos recursos son la savia que nutre innumerables proyectos, desde la construcción de templos y escuelas hasta el sostenimiento de sacerdotes, religiosos y agentes pastorales que sirven en los territorios de misión, a menudo en condiciones de extrema dificultad. La solidaridad global manifestada a través de esta jornada es, para el Papa, un testimonio vivo de la catolicidad de la Iglesia.
El Pontífice también hizo mención de la Pontificia Unión Misional, una entidad nacida de la visión del Beato Paolo Manna, y que fue elevada a rango pontificio por el Papa Pío XII. San Pablo VI la describiría, años más tarde, como el “alma” de las demás Obras Misionales Pontificias, resaltando su papel fundamental en la formación y el impulso de una conciencia misionera entre el clero y los fieles. León XIV, recogiendo este legado, hizo un ferviente llamado a los presentes: “Animo a todos a participar en su misión de fomentar entre los bautizados una espiritualidad misionera cada vez más ferviente y un compromiso más profundo con la misión evangelizadora universal de la Iglesia en esta nueva etapa misionera”. Esta exhortación subraya la necesidad de una revitalización del espíritu misionero en cada creyente, en consonancia con los desafíos y oportunidades del siglo XXI.
Un punto culminante del discurso del Papa León fue su homenaje al Arzobispo Fulton J. Sheen, cuya beatificación está prevista para el próximo 24 de septiembre. El Papa lo definió como un “destacado director nacional de las Obras Misionales Pontificias en los Estados Unidos”, cuyo ingenio y dedicación transformaron la forma en que la Iglesia se comunicaba. Sheen, pionero en el uso de los medios de comunicación masivos, fue una verdadera “luz de fe, esperanza y caridad”, irradiando el mensaje del Evangelio a través de la radio y la televisión durante décadas. Sus programas no solo alcanzaron a millones de personas con la esperanza cristiana, sino que también catalizaron una “enorme ayuda espiritual y material” para las Iglesias en las regiones de primera evangelización, demostrando el poder transformador de la comunicación para la causa misionera.
En este contexto, el Papa León XIV invocó a Sheen como modelo: “que nuestro nuevo beato sea ejemplo para todos los directores nacionales y diocesanos de las Obras Misionales Pontificias en el mundo”. Este llamado resalta la necesidad de líderes visionarios y apasionados que puedan adaptar la misión evangelizadora a las realidades contemporáneas, inspirando a las nuevas generaciones a asumir el compromiso misionero.
Continuando con su reflexión, el Papa subrayó la relevancia imperecedera de las OMP, especialmente en un momento global tan convulso. El mundo de hoy, profundamente “marcado por guerras y divisiones”, necesita más que nunca el mensaje de reconciliación y esperanza que la Iglesia ofrece a través de su misión. Las OMP, al sostener la presencia de la Iglesia en los rincones más remotos y necesitados, se convierten en instrumentos de paz y fraternidad. Asimismo, el Pontífice resaltó el servicio de la institución en la formación de religiosos, asegurando que las futuras generaciones de misioneros estén bien preparadas para los desafíos que enfrentarán.
Al recordar el lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, “Uno en Cristo, unidos en la misión”, León animó a todos a vivir “una auténtica espiritualidad de unidad y comunión misioneras centrada en Cristo” y a promoverla activamente entre los fieles a través de la actividad pastoral. Esta unidad en la misión es esencial para presentar un testimonio creíble del Evangelio en un mundo fragmentado.
Finalmente, el Papa León XIV remarcó una enseñanza fundamental del Concilio Vaticano II: “la Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y en la misión del Espíritu Santo según el designio de Dios Padre”. Esta premisa teológica sirve como fundamento para la invitación del Pontífice a valorar la urgencia de “abrazar una conversión misionera permanente”. No se trata de una tarea ocasional, sino de una actitud constante, una transformación interior que impulse a la Iglesia y a cada creyente a salir al encuentro del otro. En este espíritu, el Papa instó a buscar juntos caminos “para ser una Iglesia misionera al servicio de la sanación de nuestro mundo, tan marcado por las tensiones, los conflictos y las guerras”, dejando claro que la misión evangelizadora no es solo una cuestión de fe, sino un compromiso activo con la construcción de un mundo más justo, pacífico y humano.








