14 junio, 2026

Jauru, Mato Grosso, Brasil.- La Iglesia Católica celebró este sábado la beatificación del Padre Nazareno Lanciotti, un misionero italiano cuya vida y martirio en Brasil dejaron una huella imborrable de fe y servicio. La solemne Eucaristía tuvo lugar en Jauru, una localidad en el estado de Mato Grosso, donde el sacerdote dedicó gran parte de su apostolado antes de ser martirizado en el año 2001.

La celebración fue presidida por el Cardenal João Braz de Aviz, arzobispo emérito de Brasilia y prefecto emérito del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, quien acudió como enviado especial del Papa León XIV. Este evento marca un hito significativo para la Iglesia en Brasil y para la congregación del Movimiento Sacerdotal Mariano, al que perteneció el nuevo beato.

Al inicio de la Misa, el Cardenal Braz de Aviz dio lectura a la carta apostólica enviada por el Santo Padre. En su mensaje, el Papa León XIV confirmó que, tras considerar la solicitud del Obispo de São Luiz de Cáceres, Monseñor Jacy Diniz Rocha, y el clamor de numerosos fieles, había concedido que “el venerable siervo de Dios, P. Nazareno Lanciotti, sacerdote diocesano, mártir, incansable misionero del Evangelio, fecundo fundador de obras de caridad social y dedicado promotor del culto mariano, sea desde ahora llamado beato y sea celebrado el día 12 de enero de cada año”. Este decreto pontificio eleva a los altares a un hombre que encarnó el espíritu misionero y la defensa de los más vulnerables.

Durante la ceremonia, un momento emotivo fue el traslado al altar de la reliquia de primer grado del beato Nazareno, un fragmento de sus huesos, junto con su imagen, simbolizando su presencia y el inicio de su veneración pública.

En su homilía, el Cardenal Braz de Aviz enfatizó la riqueza de la herencia espiritual que el Padre Lanciotti deja a la comunidad de Jauru y a toda la Diócesis de São Luiz de Cáceres. “Él es ahora un testigo cualificado de la vida cristiana para toda la Iglesia y para toda la humanidad desde este lugar”, afirmó el purpurado, destacando la profunda relevancia de su testimonio en el mundo actual.

El legado misionero del beato Padre Nazareno fue uno de los puntos centrales de la reflexión del cardenal. Nacido en Roma, Italia, el 3 de marzo de 1940 y ordenado sacerdote en 1966, el Padre Lanciotti llegó a Brasil en 1971. Se estableció en Jauru, una región fronteriza con Bolivia, caracterizada por sus desafíos sociales y geográficos. “Dejó su tierra por causa del Evangelio”, recordó el cardenal, señalando cómo su decisión de partir hacia una tierra lejana, que en aquella época apenas comenzaba su desarrollo, fue impulsada por un profundo deseo de seguir a Jesús. El purpurado subrayó que el padre encontró su sustento espiritual en la Sagrada Eucaristía y en una devoción inquebrantable a la Virgen María, pilares indispensables de su existencia.

Fue en esta profunda espiritualidad, alimentada por la Eucaristía y su amor a Nuestra Señora, especialmente bajo la advocación del Inmaculado Corazón de María, donde residía su “fuerza interior” para entregarse al servicio de los más pobres. Esta fuerza también lo impulsó a librar un “doloroso y difícil combate” contra diversas formas de injusticia y opresión que asolaban la región, como la explotación de menores, la prostitución infantil y la lucha incansable contra el narcotráfico en esta conflictiva zona fronteriza. Su compromiso arraigado en los valores evangélicos lo mantuvo fiel hasta el sacrificio final.

El Cardenal Aviz concluyó su homilía señalando que la “luminosa figura del beato, presbítero y mártir P. Nazareno Lanciotti es para nosotros ahora un estímulo elocuente para reavivar los valores del Evangelio”. En un momento histórico en el que la cultura dominante tiende a eclipsar los valores cristianos, la vida del beato Nazareno sirve como recordatorio de la necesidad de la ayuda divina y de la presencia salvadora de Dios.

Al culminar la emotiva ceremonia, el Obispo de São Luiz de Cáceres, Mons. Jacy Diniz Rocha, expresó su gratitud por la beatificación. “Que el beato P. Nazareno Lanciotti, con su testimonio radical por el Evangelio y la misión, interceda para que seamos dignos de celebrar su memoria. ¡Beato padre Nazareno, ruega por nosotros!”, exclamó, invocando la intercesión del recién beatificado.

**La vida y el legado del Beato Nazareno Lanciotti**

El Padre Nazareno Lanciotti nació en Roma el 3 de marzo de 1940. Tras su ordenación sacerdotal en 1966, ejerció su ministerio inicialmente en su ciudad natal. Sin embargo, su vocación lo llevó a las misiones, arribando a Brasil en 1971 para establecerse en Jauru, Mato Grosso.

En esta lejana región, el Padre Nazareno desplegó una labor pastoral y social extraordinariamente prolífica. Fundó la parroquia Nuestra Señora del Pilar y estableció 57 comunidades eclesiales rurales, donde promovió la adoración eucarística diaria. Su visión de la caridad trascendió lo espiritual, impulsándolo a crear un dispensario médico, edificar la residencia para ancianos Corazón Inmaculado de María, y abrir una escuela que brindó educación y alimentación a cientos de niños necesitados. También instituyó un seminario menor, apostando por la formación de futuras generaciones sacerdotales.

En 1987, el Padre Lanciotti se unió al Movimiento Sacerdotal Mariano (MSM), una asociación fundada en 1972 por inspiración mariana al sacerdote italiano Stefano Gobbi. Como director nacional del MSM en Brasil, el Padre Nazareno viajó extensamente por el país, organizando encuentros de oración y consagración al Inmaculado Corazón de María, promoviendo la vivencia evangélica con fidelidad al Papa y a la Iglesia.

Su compromiso con los desfavorecidos y su férrea oposición a la injusticia lo llevaron a enfrentar directamente flagelos como el narcotráfico y la explotación sexual en Jauru. Esta dedicación y valentía le costaron la vida. El 11 de febrero de 2001, mientras cenaba en su casa con colaboradores, dos hombres encapuchados irrumpieron y uno de ellos le disparó por la espalda. El sacerdote fue auxiliado y trasladado de urgencia a Curitiba y luego a São Paulo, pero no sobrevivió a las heridas. El Padre Nazareno Lanciotti falleció el 22 de febrero de 2001, a los 61 años, dejando un conmovedor testimonio de perdón a sus asesinos. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, en Jauru, el templo que él mismo fundó.

El proceso de su beatificación comenzó en 2007 bajo la dirección del entonces Arzobispo de Cuiabá, Mons. Mário Antônio da Silva. Un paso crucial se dio el 14 de abril de 2025, cuando el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto del Dicasterio para las Causas de los Santos, reconociendo oficialmente el martirio del Padre Nazareno Lanciotti, lo que allanó el camino para su actual elevación a los altares por el Papa León XIV.

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