Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV recibió el pasado lunes, 15 de junio, a una significativa delegación de la Iglesia siro-malankara. El encuentro se llevó a cabo en el marco de la primera convención europea que reúne al clero y a los fieles de esta Iglesia oriental residentes en Europa. Durante la audiencia, el Santo Padre hizo un llamado apremiante a los presentes para que cuiden y promuevan su rica identidad cultural y espiritual, especialmente frente a los desafíos que presenta la diáspora en el continente europeo y en Estados Unidos.
La Iglesia siro-malankara, con profundas raíces en la tradición cristiana de la India, encuentra sus orígenes en el estado de Kerala. Su historia se remonta a los primeros siglos del cristianismo, ligada a la predicación del apóstol Santo Tomás en el siglo I, lo que la convierte en una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. León XIV, tras extender un saludo a los obispos presentes, resaltó el notable proceso de renovación espiritual que ha experimentado esta Iglesia en preparación para la celebración de su centenario. En sus palabras, el Pontífice la describió como “un faro de energía evangélica y de caridad apostólica”, destacando su compromiso con la “justicia social, la educación y el desarrollo humano integral” en favor de las poblaciones más vulnerables y marginadas.
El Papa también recordó que la expansión de esta Iglesia trascendió rápidamente sus fronteras étnicas y lingüísticas iniciales. Mencionó específicamente su labor evangelizadora en Tamil Nadu, que en 1934 propició un crecimiento significativo más allá de Kerala. Subrayó la imperiosa necesidad de un “compromiso urgente” con la preservación y la promoción de los “inestimables tesoros” que encarnan todas las Iglesias Orientales, un esfuerzo que cobra especial relevancia ante el continuo aumento de las comunidades en diáspora.
El Pontífice hizo hincapié en la presencia de numerosos fieles siro-malankares en Estados Unidos, una realidad que ya había sido reconocida por sus predecesores, Benedicto XVI y Francisco, quienes también destacaron la importancia del cuidado pastoral de estas comunidades fuera de su tierra de origen.
En un gesto pastoral concreto, el Papa León se dirigió de manera particular al obispo Kuriakose Mar Osthathios. Este prelado ha sido recientemente designado por el propio León XIV como Visitador Apostólico para los fieles siro-malankares que residen en el viejo continente. La responsabilidad del obispo Osthathios, según precisó el Santo Padre, consiste en “evaluar la situación actual de la atención pastoral”. A partir de esta evaluación, deberá “formular propuestas a los obispos locales y a la Santa Sede para el bien espiritual de los fieles”, asegurando que reciban la atención adecuada a sus necesidades específicas.
Asimismo, el Papa León XIV reveló que ha encomendado al Dicasterio para las Iglesias Orientales la tarea de colaborar en este esfuerzo. Su petición al Dicasterio es que ayude a “evaluar las mejores formas de establecer bases sólidas y duraderas” para que las futuras generaciones de fieles siro-malankares puedan continuar profundizando su relación con Jesucristo a través de sus propias tradiciones. Esta labor es vista como una contribución invaluable al bien común de toda la Iglesia católica, enriqueciendo su universalidad con la particularidad de cada rito.
Con un profundo sentido de comunidad, el Pontífice instó a los miembros de la delegación a ser activos difusores de “la preciosa identidad de la Iglesia siro-malankara”. Les animó a participar plenamente en la vida eclesial de sus comunidades y a experimentar su patrimonio único, viviendo con plena conciencia de su “gran dignidad” como herederos de una tradición milenaria.
Recordando que los cristianos de Santo Tomás de la India son conocidos por sus familias profundamente creyentes, de las cuales surgen numerosas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, León XIV elevó una oración. Deseó que una fe firme y robusta “siga floreciendo en vuestros hogares y en vuestros corazones, especialmente en los de los jóvenes”, garantizando así la vitalidad y el futuro de esta venerable Iglesia oriental en un mundo en constante cambio.








