El Papa León XIV ha emitido un contundente mensaje con motivo de la X Jornada Mundial de los Pobres, que se conmemorará el próximo 15 de noviembre de 2026. En su comunicación, difundida recientemente por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Pontífice subraya el imperativo de que la Iglesia sea, por su propia naturaleza, un baluarte para los desfavorecidos. Este llamado resuena con particular fuerza tras su gesto del 16 de noviembre de 2025, cuando compartió un almuerzo en el Aula Pablo VI del Vaticano con más de 1.300 personas que viven en situación de pobreza y exclusión, un claro reflejo de su compromiso continuo con los más vulnerables.
El mensaje de León XIV, que lleva por título “El Señor es el refugio del pobre”, extraído del Salmo 14,6, establece la hoja de ruta para la próxima Jornada. El Santo Padre enfatizó la necesidad de “volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia”. Esta reflexión busca no solo recordar un principio fundamental del cristianismo, sino también impulsar una acción renovada y consciente por parte de toda la comunidad eclesial.
La Jornada Mundial de los Pobres fue una iniciativa del Papa Francisco, establecida el 20 de noviembre de 2016, como culminación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Mediante su carta apostólica *Misericordia et misera*, Francisco instituyó esta fecha, que se celebra anualmente en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, como una preparación idónea para la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, la cual cierra el Año Litúrgico. El Papa Francisco recalcó que esta jornada busca recordar cómo Cristo se identificó con los pequeños y los pobres, y que seremos juzgados por nuestras obras de misericordia.
En su mensaje actual, el Papa León XIV alerta sobre una “injusticia social que brota de la corrupción arrogante”, un fenómeno que considera tan deplorable como discriminatorio. Observa con preocupación cómo la pérdida del sentido de trascendencia en la vida cotidiana ya no se manifiesta solo en una negación teórica de Dios, sino en una alarmante indiferencia hacia su bondad y misericordia, elementos esenciales para la edificación de la justicia tanto personal como social.
Las primeras víctimas de esta deriva, según el Pontífice, son invariablemente los pobres, cuyo número, advierte, “no por casualidad aumenta en muchas sociedades”. León XIV lamenta profundamente que la ausencia de Dios, o la indiferencia hacia Él, empuja a las personas a establecer relaciones de dominio y sometimiento, en lugar de vivir en un respeto recíproco y fraterno. Esta perspectiva crítica abarca la raíz de muchos problemas contemporáneos que perpetúan la marginalidad y el sufrimiento.
El Pontífice también dirigió su atención a los desafíos que presenta la era digital. Advirtió que el clamor de justicia de los desfavorecidos es hoy silenciado por “múltiples técnicas, cada vez más sutiles”. Particularmente, el ambiente digital, lejos de ser un espacio de inclusión, “radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas”. Esta denuncia de León XIV resalta cómo las nuevas tecnologías pueden, paradójicamente, profundizar las brechas sociales y deshumanizar la percepción pública de la pobreza.
Frente a esta realidad, el Papa León XIV ofrece una perspectiva de esperanza basada en la fe. Afirma que al pobre solo le resta “gritar hacia Dios y hacer llegar a Él su lamento, con la certeza de ser escuchado porque Dios es fiel y rico en misericordia”. Para quienes viven oprimidos, humillados e indefensos, el abandono confiado a Dios se convierte en una fuente de dignidad renovada. En este acto de fe, encuentran la fuerza para reconocerse como hermanos y hermanas, organizar sus sueños y ver cómo la esperanza se transforma silenciosamente en realidad. “Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar”, enfatizó el Papa León.
El Pontífice profundiza en la capacidad única del pobre para “reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial”. Al estar más cerca de la experiencia de Cristo en su humildad, el pobre es capaz de ver a Dios como su verdadero refugio, incluso cuando las circunstancias parecen negarlo, y aguarda con esperanza la justicia divina.
A la luz de estas reflexiones, el Papa León XIV hace un llamado directo a la comunidad cristiana: “En Cristo estamos llamados, por tanto, también nosotros a hacernos pobres y a convertirnos en refugio para el pobre”. El Santo Padre instó a la Iglesia a no permanecer insensible ante la multitud de personas que, “a la puerta”, permanecen invisibles para quienes se encierran en sus propios muros. La Iglesia, por su misma esencia, está destinada a ser pobre y a servir de refugio para aquellos que carecen de todo.
Finalmente, el Pontífice León XIV planteó una serie de preguntas urgentes para un examen de conciencia personal y comunitario: “¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres? ¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina? ¿Nuestra caridad reactiva y sostiene en ellos el deseo de justicia y de rescate?”. Estas interrogantes, subrayó, buscan verificar cuánto más estamos llamados a hacer en favor de los pobres y su liberación. Inspirándose en el ejemplo de San Francisco de Asís, el Papa invita a la Iglesia a experimentar la alegría de ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, promoviendo “decisiones proféticas” que construyan un mundo más fraterno y justo, sanando las heridas causadas por la prepotencia.








