19 junio, 2026

La Santa Sede, a través de su Dicasterio para los Obispos, ha oficializado el nombramiento de Mons. Marcos Pirán Gómez como administrador apostólico para la Diócesis de Guantánamo-Baracoa, una noticia de gran relevancia para la Iglesia cubana. Esta designación se produce a raíz de la vacancia de la sede episcopal tras el lamentable fallecimiento de su anterior prelado, Mons. Silvano Pedroso Montalvo. La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) fue la encargada de difundir esta información crucial, confirmada el pasado 19 de junio por la Oficina de Comunicaciones del Obispado de Holguín a través de sus canales digitales.

Mons. Marcos Pirán Gómez, quien actualmente se desempeña como Obispo Auxiliar de Holguín, asume ahora esta importante y transitoria responsabilidad. Su rol como administrador apostólico implica la gobernanza de la diócesis de Guantánamo-Baracoa, confiriéndole, según el derecho canónico, los mismos derechos, facultades y deberes que corresponden a un obispo diocesano. Este encargo tendrá vigencia hasta que Su Santidad, el Papa León XIV, proceda al nombramiento de un nuevo obispo residencial para esta jurisdicción eclesiástica. La designación de un administrador apostólico es un procedimiento habitual de la Iglesia para garantizar la continuidad pastoral y administrativa de una diócesis mientras se define su nuevo pastor titular.

El Episcopado cubano ha expresado su profundo agradecimiento a Mons. Pirán Gómez por aceptar este nuevo servicio pastoral con generosidad y compromiso. Asimismo, ha convocado a la feligresía y a todos los fieles a elevar sus oraciones en encomienda por Mons. Marcos y por la Diócesis de Guantánamo-Baracoa en este momento de transición y desafío. Este apoyo espiritual es fundamental para la comunidad católica, que espera con expectativa la decisión final del Pontífice.

La Diócesis de Guantánamo-Baracoa se encontraba sin pastor desde el pasado 13 de junio, fecha en que falleció Mons. Silvano Pedroso Montalvo a causa de una enfermedad oncológica. El deceso del obispo Pedroso, un prelado muy querido y respetado, dejó un profundo vacío en la comunidad eclesial de Cuba. Su salud se había deteriorado notablemente en los meses recientes, lo que motivó un traslado a Roma para recibir atención médica especializada. En la capital italiana, fue atendido en el reconocido Hospital Gemelli y posteriormente en la enfermería de la Compañía de Jesús, donde se le realizaron estudios médicos que, lamentablemente, confirmaron la presencia de un cáncer.

Diez días antes de su fallecimiento, Mons. Pedroso había regresado a Cuba. En La Habana, fue inicialmente hospedado con las Religiosas Compasionistas y luego trasladado a la enfermería de las Hijas de la Caridad, un centro de atención médica adjunto al Hospital Hermanos Ameijeiras. Allí permaneció bajo estricto control médico, rodeado de cuidados y oraciones, hasta el final de sus días.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, en un emotivo obituario, destacó la profunda huella dejada por Mons. Pedroso a lo largo de su ministerio. “Llevaba inscrito en su corazón el amor por Cuba”, resaltaba el comunicado del Episcopado, describiendo su servicio como un testimonio elocuente de entrega y sacrificio silencioso. Su vida, dedicada primero como sacerdote y luego como obispo, se caracterizó por una labor discreta pero profundamente comprometida con el pueblo de Dios. Su legado pastoral se fundamenta en su capacidad para servir con humildad y devoción, especialmente en las circunstancias desafiantes de su diócesis.

La Diócesis de Guantánamo-Baracoa, una de las más jóvenes y con mayores desafíos pastorales en el país, presenta una geografía mayoritariamente rural y una población dispersa. Con un número limitado de sacerdotes y estructuras eclesiásticas, Mons. Pedroso enfrentó el reto de pastorear una comunidad diversa, en la que la presencia de iglesias evangélicas es significativa. Pese a estas complejidades y la escasez de recursos, la COCC enfatizó que “nunca se quejaba, amó su diócesis y por ella ofreció su propia vida”. Su capacidad para infundir esperanza y cohesión en una región con particularidades pastorales tan marcadas es un testimonio perdurable de su fe y liderazgo.

Mientras la Diócesis de Guantánamo-Baracoa se prepara para esta nueva etapa bajo la guía interina de Mons. Marcos Pirán Gómez, la comunidad eclesial aguarda la decisión final del Santo Padre. El Papa León XIV, con la ayuda de sus dicasterios, continuará el proceso de discernimiento para seleccionar al próximo obispo que asumirá de manera permanente la dirección de esta importante jurisdicción, llevando adelante la misión evangelizadora y pastoral en el extremo oriental de Cuba.

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