27 junio, 2026

Mons. Juan José Larrañeta, un venerable obispo misionero originario de España, conmemora en el año en curso sus bodas de oro episcopales, marcando cincuenta años de incansable dedicación a la fe y al desarrollo social en el corazón de la Amazonía peruana. Su figura, un referente de compromiso y entrega, ha dejado una huella imborrable en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, una región que, a pesar de sus carencias materiales, resplandece por la profunda fe de su gente.

Consagrado obispo el 20 de junio de 1976, Mons. Larrañeta fue llamado a una de las misiones más desafiantes y espiritualmente ricas de la Iglesia: el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado. Este vasto territorio, caracterizado por su biodiversidad y por la presencia de comunidades indígenas y campesinas, se convirtió en el epicentro de su pastoral durante décadas.

El obispo dominico español David Martínez De Aguirre Guinea, actual Vicario Apostólico de Puerto Maldonado, ha sido una de las voces que ha recordado y honrado el legado de su predecesor. Mons. Martínez subraya el extenso periodo en que Larrañeta guio el Vicariato, desde el 26 de abril de 1980 hasta el 2 de febrero de 2008, un lapso que abarcó casi tres décadas de liderazgo pastoral.

El actual Vicario Apostólico expresó su profunda gratitud hacia Mons. Larrañeta, no solo por su servicio episcopal, sino también por la innumerable cantidad de iniciativas que impulsó y materializó en Puerto Maldonado. Entre estas, destacan proyectos fundamentales que han transformado la vida de miles de personas. La red escolar indigenista RESSOP es un claro ejemplo de su visión, orientada a ofrecer educación a las poblaciones nativas. Asimismo, el colectivo de misioneros seglares MISEMA y la red de salud PISSAP testimonian su preocupación integral por el bienestar comunitario. La organización de Comunidades Cristianas Campesinas de Madre de Dios y de La Convención, que también celebra este año sus bodas de oro, es otro pilar de su labor social y evangelizadora.

La creatividad pastoral de Mons. Larrañeta se manifestó también en la fundación de las radios del Vicariato, herramientas cruciales para la evangelización y la comunicación en una región geográficamente dispersa. Cáritas Puerto Maldonado, bajo su impulso, se consolidó como un brazo solidario vital para los más vulnerables. La emblemática avioneta “Alas de Esperanza” se convirtió en un símbolo de la cercanía de la Iglesia con las comunidades más remotas, facilitando la asistencia y el contacto.

Su espíritu constructivo también abarcó la dimensión espiritual y formativa. Erigió el Monasterio de Monjas Dominicas en Quillabamba y la Casa de Acogida de ancianos abandonados “Apaktone” en Puerto Maldonado, ofreciendo refugio y dignidad a quienes más lo necesitaban. Sin embargo, una de sus mayores aspiraciones y proyectos más queridos fue la creación del Seminario San Juan María Vianney en Puerto Maldonado, una cuna para las vocaciones sacerdotales locales que aseguraría la continuidad del trabajo pastoral en la región.

Mons. Martínez, en sus palabras de homenaje, ha remarcado la profunda entrega personal de Mons. Larrañeta. “Te hemos escuchado decir que has regalado tu juventud al Vicariato, pero no solo la juventud, fue toda tu vida”, expresó el actual Vicario, quien añadió que, incluso tras concluir su servicio en Puerto Maldonado y como secretario de la Conferencia Episcopal Peruana, Mons. Larrañeta continuó su labor de acompañamiento a hermanos ancianos y enfermos en Villava, su tierra natal. “Hasta el final te regalaste a los pobres y a los vulnerables”, sentenció Martínez De Aguirre Guinea.

La gratuidad de su entrega es un rasgo que ha conmovido a quienes lo conocen. “Y hoy lo celebras donde no llegan los aplausos y agradecimientos de todos aquellos que te recuerdan y te homenajean. Esta gratuidad se parece mucho a la de Jesús, quien entregó su vida por puro amor, y tú también lo has dado todo sin esperar nada a cambio”, subrayó Mons. Martínez, enmarcando el sacrificio del misionero en una dimensión espiritual profunda.

El mensaje del actual Vicario también hizo alusión a la esperanza y la paz que acompaña a una vida bien vivida. Citando el “Nunc Dimitis”, la oración que Mons. Larrañeta rezaba cada atardecer en la selva, Mons. Martínez le expresó: “ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Lo puedes hacer con toda esperanza y con la alegría y buen humor que siempre te caracterizó”. Este sentimiento de deber cumplido se ve reforzado por la continuidad de su obra: “Porque el Vicariato, tus misiones, siguen adelante en su andadura de ser un faro de esperanza. Gracias, Mons. Juan José Larrañeta. Felices bodas de oro episcopales”, concluyó.

La trayectoria de Mons. Juan José Larrañeta comenzó en Villava, Navarra, donde nació en 1941. Actualmente cuenta con 85 años de edad. Fue en el Seminario Hispanoamericano de Misioneros Dominicos de su natal Villava donde inició sus estudios religiosos. En 1957, vistió el hábito blanco de la Orden Dominicana. Su formación filosófica la realizó en Las Caldas de Besaya, Cantabria, y posteriormente, se dedicó al estudio de la Teología en el histórico convento de San Esteban de Salamanca. Fue allí, el 11 de abril de 1965, donde recibió la ordenación sacerdotal.

Tras seis años de servicio pastoral en Córdoba, sintió el llamado a la misión en tierras lejanas y pidió ser destinado a Perú. En 1972, llegó a Lima, y su primer destino misionero fue el convento de Quillabamba, en la provincia de La Convención, dentro de la región del Cusco. Años más tarde, en 1976, su excepcional compromiso fue reconocido cuando el Papa San Pablo VI lo nombró Obispo Auxiliar de Puerto Maldonado. Finalmente, en abril de 1980, asumió el cargo de obispo titular del vicariato, sirviendo en esta vasta región por más de 35 años, dejando un legado pastoral y social que continúa resonando hoy.

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