Los recientes y potentes terremotos que azotaron Venezuela, causando una devastación particular en la ciudad costera de La Guaira y afectando gravemente a la capital, Caracas, junto a otras localidades, han desvelado la resiliencia y el espíritu de unidad de su población. Esta tragedia de enormes proporciones, que ha dejado un profundo dolor y pérdidas incalculables, también ha desmantelado la percepción de un país irremediablemente dividido, al mostrar una ola de solidaridad espontánea y desinteresada.
Según el último informe oficial del gobierno interino, divulgado al mediodía de este viernes, la cifra de víctimas mortales ha ascendido a 920. Asimismo, se han contabilizado más de 3.000 heridos, mientras que estimaciones de las Naciones Unidas sugieren que hasta 50.000 personas podrían encontrarse desaparecidas bajo los escombros. En medio de este desolador panorama de sufrimiento y muerte, la juventud venezolana ha emergido como un faro de esperanza, ofreciendo un servicio heroico a las víctimas y sus seres queridos.
**Amigos que arriesgan todo por desconocidos**
En los puntos más críticos de Caracas, especialmente en torno a los edificios colapsados, la presencia de jóvenes es abrumadora. Demostrando una valentía excepcional, hombres y mujeres de entre 18 y 30 años han llegado voluntariamente a las zonas de desastre para colaborar activamente con los equipos de rescate. Lo más frecuente es verlos organizados en pequeños y medianos grupos, a menudo amigos que han coordinado la compra de cascos, guantes, palas y cinceles, herramientas esenciales para remover las pesadas losas de concreto, vigas de hierro y escombros que sepultan a cientos de personas.
Muchos de estos jóvenes carecen de experiencia previa en tareas de rescate. Sin embargo, su determinación es férrea, poniendo en riesgo su propia integridad física. Esta dedicación evoca las palabras del Evangelio: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”, un sacrificio que, en este contexto, extienden incluso a completos desconocidos.
Héctor Lezama, uno de los voluntarios en Los Palos Grandes, al este de Caracas, donde un edificio residencial de catorce pisos, Residencias Petunia, se desplomó por completo, compartió su motivación con ACI Prensa: “Soy una persona sana. Tengo los dos brazos, las dos piernas, me siento útil y de verdad estoy cansado de que la gente espere que nos vengan a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos”.
Lezama enfatiza que su acción es puramente “iniciativa propia, conciencia”. “A esta gente que está aquí en los edificios no los conozco de nada, pero yo sé que tienen familia, que hay gente preocupada por ellos y, entonces, es simplemente querer ayudar”, añadió el joven. Reiteró la urgencia de actuar sin depender exclusivamente del gobierno o de la ayuda internacional, pues “cada segundo cuenta” en la lucha entre la vida y la muerte. “Nosotros somos el futuro del país y también el presente, en este momento en el que más nos necesita. Hay que poner de nuestra parte”, afirmó.
**La búsqueda de seres queridos y el espíritu colectivo**
Pablo Gómez llegó a la zona de desastre con su propio grupo de amigos, impulsado por la desesperación de tener a seres queridos atrapados. Desde el primer momento, se organizaron para adquirir materiales y cavar entre los escombros. “Queremos ayudar en lo más posible porque es una tragedia”, expresó. Gómez no duda en resaltar el arduo trabajo de los jóvenes venezolanos y es testigo de primera mano del empuje y la urgencia por servir que ha contagiado a personas de su edad. “Me ha parecido algo muy bonito, todo el mundo ha sido solidario y ha tratado de ayudar en lo que pueda. Ha sido algo supremamente importante”, señaló.
La urgente necesidad de ayuda se ve agravada por la inoperancia de un sistema estatal con recursos notablemente limitados para sus cuerpos de rescate y organismos de seguridad. Esta carencia ha provocado retrasos considerables en los operativos de salvamento. Las redes sociales se han inundado de denuncias sobre personas que han fallecido bajo los escombros debido a la falta de herramientas adecuadas o a la ausencia de socorristas a tiempo.
En la zona cero de La Guaira, devastada por completo, el caos es patente y la presencia del Estado es prácticamente nula. En este escenario desafiante, la ciudadanía, liderada por la juventud, ha tomado las riendas, excavando con sus propias manos, moviendo escombros gigantescos con cuerdas y la fuerza colectiva, o simplemente brindando compañía y consuelo a los más afectados.
Nelson Moreno, otro voluntario en Los Palos Grandes, minimiza su propia labor con humildad, asegurando que es “simplemente un acto de solidaridad” que surge de la comprensión de que “estamos viviendo una circunstancia que amerita de todos”, donde cada uno “ayuda y sirve” con lo que puede. “Es algo que nace de una situación bastante delicada que, de alguna u otra forma nos sacude y nos interpela. Quiero venir acá para aportar lo poco o lo mucho que pueda a las personas que lo necesiten, sean las víctimas o los cuerpos de rescate”, añadió Moreno.
Esta inquietud, que impide a Nelson y a muchos otros permanecer inactivos, es el denominador común entre los jóvenes voluntarios. José Miguel Ferrer, quien también compartió sus impresiones con ACI Prensa, lo resume así: “No hay otra cosa que podamos hacer. Creo que quedarse en casa tragando moscas, pudiendo hacer otra cosa, es una acción muy egoísta. Mi cabeza no se podía quedar quieta viendo que la ciudad está destruida, que La Guaira está destruida y teniendo tantas personas que están pasando por vicisitudes: me rompe el corazón”.
**Respuesta de la Iglesia y llamado a la oración del Papa León XIV**
La iniciativa de estos jóvenes es un reflejo de una sociedad que, ante el desastre, se ha unido para asistir a las víctimas y afectados de múltiples maneras. De forma particular, la Iglesia Católica ha movilizado sus recursos, estableciendo diversos centros de acopio y convocando a una Jornada Nacional de Oración para este domingo 28 de junio, un espacio para pedir por las víctimas, sus familias y por todo el país.
Desde el Vaticano, el Santo Padre León XIV ha expresado su profundo pesar y cercanía con el pueblo venezolano, a la vez que ha instado a la comunidad internacional a reforzar el apoyo humanitario. El Pontífice también ha elogiado la indomable resiliencia y la fe demostradas por los venezolanos en estos momentos críticos.
José Miguel Ferrer añade: “Tengo muchas personas afectadas en Caracas y en La Guaira, y este es mi granito de arena y lo que puedo hacer, desde mi punto de vista, para colaborar”. Las mujeres también han asumido un papel crucial, no solo atendiendo a los afectados, sino también participando activamente en la remoción de escombros. Laura, una joven voluntaria, hizo un llamado a quienes aún dudan en ayudar: “Me parece muy importante la unión y que todos podamos colaborar de la mejor manera, con nuestras habilidades y con lo que podamos. Hay muchas personas afectadas y las personas que no resultaron afectadas podrían venir a ayudar. Quise formar parte de esa labor, como muchas personas que están aquí”, concluyó.








