2 julio, 2026

En una trascendente resolución para la disciplina y la unidad de la Iglesia católica, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha declarado oficialmente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en situación de cisma. La decisión, anunciada este jueves, surge como consecuencia directa de las ordenaciones episcopales ilícitas que la Fraternidad llevó a cabo el 1 de julio de 2026, sin la debida autorización del papa León XIV. Este acto no solo subraya una profunda división teológica y canónica, sino que también ha resultado en la excomunión automática de los cuatro nuevos prelados y de los dos obispos consagrantes principales: monseñor Alfonso de Galarreta, de origen español, y monseñor Bernard Fellay, de nacionalidad suiza.

La declaración del Dicasterio es un paso significativo que reafirma la autoridad del Pontífice y la estructura jerárquica de la Iglesia, dejando en claro que la ordenación de obispos es un acto reservado exclusivamente a la potestad del Santo Padre. Al proceder sin el consentimiento expreso de León XIV, la FSSPX ha incurrido en el grave delito canónico de cisma, una ruptura con la plena comunión con la Iglesia que acarrea la pena de excomunión automática.

Para los obispos Galarreta y Fellay, esta medida representa una situación singular y de particular gravedad, al ser excomulgados por segunda vez en su trayectoria eclesiástica. Su primer enfrentamiento con la autoridad vaticana ocurrió en 1988, cuando fueron ordenados obispos por el fundador de la FSSPX, monseñor Marcel Lefebvre. Aquellas ordenaciones, realizadas en un contexto de desobediencia explícita a la Santa Sede y contra la voluntad expresa de san Juan Pablo II, les valieron la primera excomunión. Tras un período de diálogo y acercamiento entre la Fraternidad y el Vaticano, el papa Benedicto XVI, en un gesto de misericordia y con la esperanza de reintegración, decretó la remisión de la pena de excomunión para estos prelados y los otros dos obispos de la FSSPX en enero de 2009.

Sin embargo, como el propio Pontífice bávaro explicó en una carta publicada en marzo de ese mismo año, la remisión de la excomunión no implicaba la legitimación de su ministerio ni la plena rehabilitación canónica. La ilegitimidad de su posición y la falta de plena comunión persistieron, esperando una aceptación total del Concilio Vaticano II y de la autoridad pontificia. La reciente acción de ordenar nuevos obispos sin la venia del papa León XIV ha disipado cualquier ambigüedad sobre la posición de la Fraternidad y sus líderes, llevando a la Iglesia a tomar esta nueva y definitiva postura.

Monseñor Bernard Fellay, una figura central en la FSSPX, ingresó en 1977 al seminario de Écône, bastión de la Fraternidad en Suiza, donde fue ordenado sacerdote en 1982. Su ascenso dentro de la FSSPX fue meteórico, siendo nombrado ecónomo general antes de ser elegido superior general en 1994, cargo que ocupó hasta 2012. Durante su mandato, se produjeron los acercamientos más significativos con el Vaticano, que culminaron en la decisión del papa Benedicto XVI de remitir la excomunión. A pesar de estos esfuerzos, la FSSPX bajo su liderazgo no logró superar las objeciones doctrinales que la separaban de Roma, preparando el escenario para la actual declaración de cisma.

Por su parte, monseñor Alfonso de Galarreta, nacido en Torrelavega, España, emigró con su familia a Argentina, donde inició sus estudios eclesiásticos en el seminario de La Plata en 1975. Su rechazo a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II lo llevó a trasladarse al seminario de Écône en 1978, uniéndose a la FSSPX. Fue ordenado sacerdote en Buenos Aires en 1980 por monseñor Marcel Lefebvre. Su compromiso con la Fraternidad lo llevó a asumir importantes responsabilidades, como superior del distrito de América del Sur y, en dos ocasiones, director del seminario Nuestra Señora Corredentora en La Reja, Argentina, donde fue destinado para “ayudar a resolver problemas”, según sus propias palabras en una entrevista. Galarreta también fue ordenado obispo en 1988, recibiendo la primera excomunión que sería levantada por Benedicto XVI en 2009. Tras la elección de monseñor Davide Pagliarani como superior de la FSSPX en 2018, fue promovido a primer asistente general de la Fraternidad, posición desde la cual ha continuado influenciando la dirección de la organización hasta el reciente incidente.

La situación actual reafirma la postura inquebrantable de la Iglesia respecto a la necesidad de la unidad y la obediencia al Sucesor de Pedro. La declaración de cisma y la excomunión automática de los implicados marcan un punto de inflexión, dejando claro que las ordenaciones episcopales son un fundamento de la comunión eclesial y no pueden realizarse al margen de la autoridad pontificia. El papa León XIV, a través de sus dicasterios, ha establecido una línea clara que busca proteger la integridad doctrinal y pastoral de la Iglesia católica a nivel global. Esta medida pone de manifiesto la seriedad con la que el Vaticano aborda cualquier desafío a la unidad y la jerarquía eclesiástica, y plantea interrogantes sobre el futuro de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y su relación con la Santa Sede.

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