2 julio, 2026

Ciudad de México, 30 de junio de 2026 – Una ola de euforia desbordó el Paseo de la Reforma de Ciudad de México y calles aledañas, transformándose en un vibrante epicentro de celebración tras la histórica victoria de la Selección Mexicana de fútbol. El triunfo por 2-0 ante Ecuador no solo selló el pase del equipo nacional a los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, sino que también catapultó una simple pregunta a la categoría de lema nacional: “¿Y si sí?”. Esta frase, inicialmente un grito de ilusión futbolística, ha trascendido el ámbito deportivo, captando la atención de la Compañía de Jesús en México, que la ha reinterpretado como un poderoso mensaje de esperanza y discernimiento para el país.

El martes 30 de junio de 2026 quedará grabado en la memoria colectiva de México. Después de una fase de grupos impecable, donde el equipo demostró un rendimiento excepcional al clasificar en primer lugar con tres victorias y manteniendo su portería imbatida, la expectativa era palpable. La contundente victoria frente a la selección ecuatoriana, con un marcador de dos goles a cero, no solo afianzó la presencia de México en la siguiente fase del torneo, sino que también alimentó un optimismo que hacía tiempo no se sentía con tal intensidad. Las celebraciones fueron masivas y espontáneas, extendiéndose por todo el territorio nacional, con los fuegos artificiales iluminando el cielo y el eco de “¡México, México!” resonando en cada rincón.

En medio de este fervor, la frase “¿Y si sí?” se convirtió en un auténtico fenómeno viral. Surgió como una expresión de un deseo casi anhelado, una pregunta retórica que desafía el escepticismo histórico y abre la puerta a la posibilidad de un logro extraordinario. Rápidamente, dejó de ser solo un eslogan futbolístico para encapsular un sentimiento más amplio de resiliencia y aspiración nacional. Fue en este contexto que la Compañía de Jesús, los Jesuitas, una de las órdenes religiosas más influyentes y con profunda raigambre social en México, decidió ofrecer una profunda reflexión sobre este lema.

A través de sus canales digitales, la orden fundada por San Ignacio de Loyola, cuyo compromiso con la educación y la justicia social es bien conocido, destacó la transformación de la frase: “En estos días, esta frase se ha vuelto lema de esperanza para muchas y muchos mexicanos”. Subrayaron que la ilusión generada por la Selección Mexicana “nace de una ilusión que se resiste a morir”, una característica inherente al espíritu humano y, en particular, al mexicano. Los Jesuitas interpretaron este entusiasmo popular como una oportunidad para una mirada más profunda sobre la realidad del país.

Desde la perspectiva de la espiritualidad ignaciana, el “¿Y si sí?” es mucho más que un simple interrogante. “Desde la espiritualidad ignaciana, podríamos leer ese ‘¿Y si sí?’ como una invitación a mirar la realidad con esperanza y discernimiento”, señalaron los religiosos. Esta interpretación sugiere que la esperanza no es una negación de los desafíos, sino una postura activa que invita a la reflexión y a la acción informada. Es un llamado a contemplar las posibilidades, a pesar de las adversidades, y a discernir los caminos que pueden conducir a un futuro mejor.

La publicación de los Jesuitas ahondó en las enseñanzas de su fundador, San Ignacio, para contextualizar esta renovada esperanza. “San Ignacio nos enseña que la esperanza se reconoce en lo que mueve el corazón, en aquello que nos da ánimo, nos saca del miedo y nos impulsa a poner lo mejor de nosotros al servicio de algo más grande”, recordaron. Esta concepción de la esperanza trasciende el mero optimismo para convertirse en una fuerza motriz, una energía interior que estimula la superación personal y el compromiso colectivo.

Ampliando el alcance del “¿Y si sí?” más allá del césped, los Jesuitas plantearon una serie de interrogantes que resuenan con las preocupaciones más apremiantes de la sociedad mexicana:
* **¿Y si sí podemos dar un paso más?** Una pregunta que invita a la audacia y al progreso constante, tanto individual como colectivo.
* **¿Y si sí podemos reconstruirnos como país?** Un llamado a la resiliencia y a la superación de fracturas sociales, económicas y políticas.
* **¿Y si sí podemos elegir la paz sobre la violencia?** Una interpelación directa a uno de los problemas más dolorosos y persistentes de México, proponiendo un cambio de paradigma hacia la convivencia armónica.
* **¿Y si sí encontramos a todas las personas desaparecidas?** Una manifestación de solidaridad y un recordatorio urgente de la necesidad de justicia y verdad para miles de familias.
* **¿Y si sí podemos hacer del entusiasmo una fuerza para el encuentro, la fraternidad y el bien común?** Una visión integradora que busca transformar la pasión generada por el fútbol en un motor para la cohesión social y el bienestar de todos.

Estas preguntas, nacidas al calor de la gesta deportiva, son elevadas por la Compañía de Jesús a una dimensión de compromiso social y espiritual. El equipo mexicano se prepara ahora para un nuevo desafío, enfrentándose a Inglaterra este domingo 5 de julio por un cupo en los cuartos de final. Más allá del resultado en la cancha, el “¿Y si sí?” ya ha dejado una huella profunda, recordándonos que la esperanza, como concluyeron los Jesuitas en su mensaje, “se celebra, pero también se trabaja”. Es un imperativo a la acción, a transformar el optimismo en esfuerzo sostenido para edificar un México más justo y fraterno.

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