2 julio, 2026

Managua, Nicaragua – La compleja situación que atraviesa la Iglesia Católica en Nicaragua se intensificó con la reciente detención del obispo emérito de Estelí, monseñor Abelardo Mata, por parte de las fuerzas de seguridad del Estado. El prelado de 80 años fue arrestado el pasado 30 de junio, un día después de haber sido liberado tras una primera detención el 29 de junio. Actualmente, monseñor Mata se encuentra bajo arresto domiciliario en su residencia en Tisma, Masaya, según reportes de medios nicaragüenses.

El arresto de monseñor Mata se produjo en una clínica, donde el obispo había acudido a una revisión médica relacionada con su marcapasos. Este incidente ocurrió tan solo un día después de que presidiera una misa en la que elevó oraciones por la Iglesia perseguida en Nicaragua, un acto que, según diversas fuentes, habría provocado la ira del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Junto al obispo emérito, fueron también detenidos el sacerdote Francisco Morales, párroco de El Calvario en Estelí, y el diácono Wilfred Arauz Rodríguez. Si bien ambos fueron posteriormente liberados, se les impuso un régimen de libertad condicional.

Martha Patricia Molina, autora del informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida”, que documenta miles de ataques contra católicos desde 2018, explicó a ACI Prensa el 2 de julio que, aunque monseñor Mata no posee responsabilidades administrativas directas en la diócesis de Estelí, colabora pastoralmente. Su presencia en la misa del 28 de junio, a solicitud del párroco, fue el detonante para que la dictadura sandinista le prohibiera la entrada al departamento de Estelí. Molina destacó que la diócesis de Estelí ha sido históricamente un epicentro de represión, en gran parte debido a la animosidad del régimen hacia monseñor Rolando José Álvarez, actual administrador apostólico de la diócesis. Monseñor Álvarez, crítico abierto del gobierno de Ortega y Murillo, fue desterrado a Roma en enero de 2024 tras cumplir una condena de 26 años de cárcel.

La investigadora subrayó la dificultad de conocer la verdadera magnitud de la persecución. Estimó que, a causa del miedo y la autocensura de sacerdotes y laicos, solo un 10% de las agresiones contra la Iglesia Católica llega a conocimiento público. Molina sugirió que el número real de denuncias podría alcanzar las 400 diarias si la comunidad católica pudiese expresarse libremente. La táctica represiva del régimen ha evolucionado: si bien en un tiempo habían cesado los secuestros de sacerdotes, ahora se observa un retorno a estas prácticas, además del acoso y el requerimiento de declaraciones policiales constantes a clérigos en diversas diócesis.

La diócesis de Estelí, considerada una de las más asediadas por el régimen junto con Matagalpa (de la que es obispo monseñor Rolando Álvarez), se encuentra en una situación crítica. Obligada a funcionar con un 42% de su clero y sin obispo presente, el trabajo pastoral se ha vuelto extremadamente arduo para los sacerdotes activos, quienes deben asumir las responsabilidades de aquellos que han sido exiliados, fallecidos o impedidos de ejercer su ministerio. La situación se agrava aún más por la prohibición explícita de la dictadura sandinista de realizar ordenaciones diaconales y sacerdotales en Estelí, así como en Matagalpa, Jinotega y Siuna, cuatro diócesis que carecen de obispos titulares debido al destierro.

A pesar de la represión, la Iglesia en el exilio continúa su labor. El padre Edwing Román, vicario de la parroquia Santa Agatha en Miami, Florida, afirmó que la situación de monseñor Mata es una prueba más del intento del régimen por silenciar a la Iglesia. No obstante, destacó que, incluso desde el exilio, la Iglesia sigue siendo una fuente de consuelo y fortaleza para el pueblo nicaragüense. Puso como ejemplo las homilías de monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua y férreo crítico de la dictadura, quien vive en el exilio desde 2019 y sigue alzando una voz profética que denuncia las injusticias.

La preocupación por la integridad de monseñor Mata es palpable. Arturo McFields, exembajador de Nicaragua ante la OEA, alertó sobre la delicada salud del obispo emérito, que requiere atención profesional. McFields advirtió, en declaraciones a ACI Prensa el 2 de julio, que otros presos políticos bajo vigilancia del régimen han sufrido graves deterioros en su salud o incluso han fallecido, citando el caso de Brooklyn Rivera. Expresó su temor de que, sin una denuncia contundente de la comunidad internacional, el régimen podría no dudar en atentar contra la vida de monseñor Mata, a quien atribuyen un profundo rencor por su valentía y claridad a lo largo de los años. Un sacerdote nicaragüense en el exilio, bajo condición de anonimato, compartió su tristeza por lo sucedido, pero también interpretó la acción del régimen como un reflejo del miedo que le tienen a un obispo mayor, pues su presencia pastoral fortalece la fe de los fieles y mantiene viva la esperanza.

Félix Maradiaga, presidente de la Fundación Libertad para Nicaragua, emitió un llamado urgente a la comunidad internacional, organismos de derechos humanos y democracias del mundo para que exijan la liberación inmediata de monseñor Juan Abelardo Mata y de todos los religiosos detenidos arbitrariamente. Maradiaga enfatizó que Nicaragua no puede normalizar el encarcelamiento de sacerdotes y el silenciamiento de púlpitos, subrayando que la voz moral de la Iglesia ha sido históricamente un pilar de apoyo para el pueblo nicaragüense en sus momentos más difíciles, razón por la cual el régimen busca intimidarla. La comunidad internacional permanece vigilante ante esta escalada represiva contra la libertad religiosa en el país centroamericano.

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