8 julio, 2026

Madrid ha sido testigo este martes 7 de julio de 2026 de la clausura de la fase diocesana del proceso de canonización del sacerdote español Sebastián Gayá, figura clave en la fundación del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Este importante hito marca el cierre de una etapa crucial iniciada formalmente en 2022 en el Arzobispado de Madrid y que ahora eleva la causa a la Santa Sede, bajo la supervisión del Papa León XIV.

El postulador de la causa, Carlos Mora-Rey, explicó a ACI Prensa que los trabajos de recopilación de testimonios y documentos venían desarrollándose desde varios años antes del inicio formal. Mora-Rey subraya la profunda humildad y el incansable celo evangelizador del Padre Gayá, cuya única ambición era “acercar gente a Dios”.

“Era una persona extraordinaria, humilde, alegre, que se ilusionaba por todo lo que tuviera que ver con la evangelización”, detalla Mora-Rey. A pesar de una vida laboral intensísima, con apenas seis horas de descanso diarias, el Padre Gayá dedicaba el resto de su tiempo a la escritura, las llamadas telefónicas, las direcciones espirituales y el trabajo en el Secretariado Nacional. Su capacidad para conectar con las personas era notable: “Era capaz de leer el alma, que si no se veía contigo en tres meses o en un año te retomaba una conversación de algo interesante que le habías contado, que te llamaba por tu nombre”. La habilidad del Padre Gayá para “ponerse al nivel de cada uno” y explicar conceptos complejos con sencillez, sin afán de protagonismo personal, dejó una huella imborrable en quienes lo conocieron.

El propio Mora-Rey, quien experimentó un encuentro personal con Dios en un Cursillo de Cristiandad hace dos décadas, confesó haberse sentido “muy incapaz y muy indigno” al recibir el encargo de postular la causa, una tarea que ha desvelado la profundidad del alma de Gayá.

**Orígenes, incomprensión y respaldo papal**

El Movimiento Cursillos de Cristiandad surgió en un contexto de renovación pastoral en España, concretamente como un fruto del impulso de la Gran Peregrinación Nacional de jóvenes a Santiago de Compostela en 1948, apenas unos años después del fin de la Guerra Civil. En enero de 1949, con el respaldo de Mons. Juan Hervás, entonces Obispo de Mallorca, se celebró el primer retiro de Cursillos, contando con la participación de laicos como Eduardo Bonnin, considerado también cofundador del movimiento.

Este método innovador, que concedía un papel central al laicado en la evangelización años antes del Concilio Vaticano II, no fue comprendido por todos en sus inicios. Esta incomprensión llevó al traslado de Mons. Hervás a Ciudad Real y del Padre Sebastián Gayá a Madrid. Bonnin, por su parte, permaneció en Mallorca con la restricción de no participar en los Cursillos, incluso mientras el movimiento comenzaba su expansión internacional.

Estos años de separación de su obra fueron “muy tristes” para Gayá, tal como recuerda Mora-Rey. Sin embargo, el sacerdote los aceptó como parte de una “providencia” que lo fortalecería. Durante este periodo, se dedicó a asistir a los emigrantes españoles, ayudándoles a mantener sus lazos familiares y su fe, y a fundar casas de caridad para personas mayores.

La reivindicación de su labor llegó en 1962, año de inicio del Concilio Vaticano II, cuando Mons. Hervás le encomendó la organización del Secretariado Nacional de Cursillos. A pesar de la falta inicial de recursos (“No tienes un sitio, no tienes gente asignada, no tienes dinero”, le dijo el prelado), Gayá no se amedrentó. Con una máquina de escribir y un cuadro de la Virgen en su despacho, comenzó de nuevo su tarea.

El reconocimiento más significativo llegó en 1966, con la celebración de la Ultreya Mundial en Roma, que contó con el respaldo explícito de San Pablo VI. “Ahí él se sintió felicísimo, porque tuvo el respaldo del Papa al Movimiento de Cursillos y entonces decía que adquirieron la mayoría de edad ya con el respaldo del Papa. Todo, todo fluyó de otra forma distinta”, enfatiza el postulador, destacando cómo el apoyo del Pontífice supuso un espaldarazo definitivo para la obra.

**El secreto de su pasión evangelizadora**

A pesar de una salud frágil, el Padre Gayá poseía una gran fortaleza espiritual y un celo apostólico inquebrantable. Su mayor alegría, según Mora-Rey, eran los sacerdotes, el florecimiento de vocaciones y la expansión del Reino de Dios en la tierra a través de la evangelización. El sacerdote español compartió el fundamento de su pasión: “Decía que cuando somos la mitad de nosotros del Señor, la otra mitad es del demonio. Y que eso no era lo correcto. Había que ser el 100 % del Señor y que cuando uno era al 100 % del Señor, le salía solo la evangelización”. Para Gayá, “la vida era todo el Señor. La vida era llevar a la gente a Dios. La vida era desaparecer él para que apareciera el Señor”.

Paradójicamente, esta virtud de discreción y humildad extrema ha representado un desafío en las primeras etapas del proceso de canonización. “Era una persona muy humilde que no contaba nada a nadie de su vida, excepto lo que le hacía falta que saliera en su propia vida y reconstruirla. Ha sido muy complicado. Cuando una persona es muy humilde, es muy difícil reconstruir una causa”, explica Mora-Rey.

No obstante las dificultades, el estudio exhaustivo de la vida del Padre Gayá ha dejado una clara conclusión en el postulador: “Conocer una figura como esta, tan por dentro, tan por dentro, te hace saber, como de cualquier santo, que vivir el evangelio es posible, que solo el pecado de cada uno hace que no seamos todos santos como nos pide la Santa Iglesia”. Ahora, la causa de Sebastián Gayá espera en Roma el veredicto de la Congregación para las Causas de los Santos y la eventual aprobación del Papa León, un paso que podría llevar a este cofundador de Cursillos a los altares.

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