10 julio, 2026

El Vaticano está redoblando sus esfuerzos para salvaguardar a las mujeres consagradas que han sufrido abusos, buscando llenar un significativo vacío en la legislación eclesiástica. La Pontificia Comisión para la Protección de Menores (PCPM) lidera esta iniciativa, que propone una comprensión más profunda y contextualizada de la vulnerabilidad, más allá de las categorías tradicionales centradas en menores o adultos con discapacidad.

Históricamente, el Derecho Canónico y las comisiones especializadas han focalizado su atención en la protección de niños y personas con vulnerabilidades cognitivas. Esto ha dejado a muchas religiosas, consideradas legalmente adultas y con formación, en una situación de desprotección, bajo la presunción de que podrían defenderse o que su participación fue consentida. Sin embargo, en la Santa Sede, emergen señales claras de un cambio de paradigma.

Claudia Giampietro, canonista italiana y miembro de la PCPM, enfatiza la necesidad de ir más allá de una simple clasificación de “adulto vulnerable”. En declaraciones recientes, Giampietro explicó que la Iglesia debe “entender que hay situaciones de asimetrías, de poder, circunstancias, situaciones donde hay abuso y entonces son esas situaciones de vulnerabilidad en las que tenemos que profundizar”. La labor de la PCPM, que colabora estrechamente con diversos Dicasterios de la Curia Romana y con uniones de religiosos, le permite acceder a una visión de primera mano sobre la complejidad de esta problemática, que afecta a religiosas de todas las edades, tanto dentro como fuera de sus comunidades.

**Un camino hacia la visibilidad y el reconocimiento**

El camino hacia una mayor conciencia sobre los abusos contra religiosas comenzó a cobrar fuerza antes del actual pontificado. En enero de 2020, el suplemento mensual femenino de L’Osservatore Romano, *Donne, Chiesa, Mondo*, publicó un extenso reportaje que rompió el tabú al abordar el abuso de poder y el abuso sexual que enfrentaban muchas monjas.

Estos esfuerzos fueron complementados por investigaciones cruciales, como la publicada en 2022 en el libro *Vulnerabilidad, abusos y cuidado en la vida religiosa femenina*. Editado por la hermana María Rosaura González Casas, quien fuera coordinadora de la comisión para el cuidado y la protección de menores y personas vulnerables de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR), el estudio reveló datos alarmantes. Basado en una encuesta a 1.417 religiosas de 23 países iberoamericanos, mostró que casi el 20% afirmó haber sufrido abusos sexuales, y más de la mitad reportó algún tipo de abuso de poder por parte de superiores, sacerdotes u obispos.

La hermana González Casas, decana del Instituto de Antropología de la Pontificia Universidad Gregoriana, señala que, en los cuatro años transcurridos desde la publicación del estudio, ha habido un aumento significativo en la conciencia sobre los abusos en todos los niveles. “Las hermanas son más conscientes y los obispos y sacerdotes también están más despiertos”, afirma. A pesar de este avance, aún persisten desafíos, como la falta de códigos de conducta claros y la influencia de un machismo inconsciente que ha permeado en la vida religiosa y sacerdotal.

**El Papa León XIV impulsa un encuentro crucial**

Con el fin de fomentar el diálogo y buscar soluciones concretas, el Santo Padre León XIV respalda la organización del II Encuentro Anual sobre la Prevención de los Abusos, dedicado específicamente a la Vida Consagrada. Este importante evento se celebrará en Roma los días 9, 10 y 11 de diciembre de 2026, bajo el lema “Comunión, cuidado y justicia: relaciones mutuas para una misión compartida”.

Concebido como un “learning lab sinodal” más que como una conferencia académica, el encuentro busca generar resultados tangibles. Reunirá a obispos —con especial atención a los responsables de la vida consagrada en sus diócesis—, representantes de Institutos de Vida Consagrada, Sociedades de Vida Apostólica, Conferencias de Superiores Mayores, Dicasterios de la Curia Romana y expertos en prevención de abusos. A través de mesas redondas y grupos de trabajo, se espera avanzar en estrategias de salvaguarda.

La hermana Jacinta Ondeng, de la congregación School Sisters of Notre Dame en Kenia, quien participará en el foro, subraya la importancia de esta iniciativa. “La Comisión Pontificia para la Protección de Menores ya ha asumido esta cuestión y, con su implicación, las superioras y las religiosas la tomarán más en serio”, afirmó Ondeng, directora de la Safeguarding Initiative for Catholic Sisters, un proyecto que ofrece formación en África.

**Supervisión y directrices claras: un clamor desde África**

La hermana Ondeng insiste en la necesidad de un seguimiento efectivo de los casos de abuso. Propone que las oficinas competentes del Vaticano supervisen activamente estas situaciones, ya que muchos casos, especialmente en África y otras regiones, se encubren por falta de una fiscalización adecuada. Su experiencia revela una realidad donde la intervención de la Santa Sede es crucial para garantizar que las congregaciones resuelvan los casos de manera justa.

En este sentido, Ondeng sugiere la elaboración de directrices específicas para la gestión de casos de abuso en la vida consagrada, inspiradas en la robustez de *Vos estis lux mundi*, el documento establecido por el Papa Francisco. Aquella normativa obligó a obispos y superiores a actuar ante denuncias o indicios de abuso a menores, un modelo que podría replicarse para las religiosas. “Cuando quede claro que el Vaticano está implicado en cuestiones que afectan a miembros de la vida consagrada, habrá cambios. La naturaleza humana responde a reglas claras”, valora.

Un estudio aún inédito, dirigido por la hermana Ondeng en África, ha recogido testimonios desgarradores que ilustran la cruda realidad de abuso psicológico, maltrato y chantaje emocional que padecen muchas mujeres consagradas. Las respuestas, presentadas en junio de 2026 durante la Conferencia Internacional de Salvaguarda en Roma, revelaron que el 35,5% de las congregaciones carecen de políticas formales de salvaguarda. Además, el 67,4% de las encuestadas identificó el miedo al estigma y la autoculpabilización como barreras primarias para denunciar, sumado a la ausencia de canales confidenciales.

**Falta de formación y el peso de la cultura del silencio**

La investigación de la hermana Ondeng también expone que, aunque más del 95% de las religiosas encuestadas en África han recibido alguna formación en prevención de abusos, esta a menudo es insuficiente, limitándose a sesiones de uno o dos días. Para la religiosa, se requiere una preparación mucho más profunda para que las mujeres consagradas puedan hablar sobre sus experiencias y para que la salvaguarda se convierta en un verdadero ministerio dentro de la Iglesia.

A este desafío se suma una arraigada tendencia cultural a no hacer públicos los problemas, un factor que, aunque presente en diversos contextos, es particularmente fuerte en África. La jerarquía de la Iglesia goza de un inmenso respeto en muchas sociedades africanas, un valor cultural que, paradójicamente, puede contribuir al encubrimiento de abusos. Las religiosas, a menudo, temen dañar la reputación del instituto o ser expulsadas de la vida consagrada si denuncian.

La hermana Ondeng concluye que “toda la Iglesia debe comprender que la salvaguarda es un valor evangélico. No es algo impuesto desde fuera. El Evangelio nos pide promover la dignidad de cada persona, apoyar a quienes sufren y cuidar a los heridos”. La consolidación de políticas claras, una formación integral y una cultura de transparencia son pasos esenciales para asegurar la protección y el bienestar de todas las mujeres consagradas bajo el liderazgo del Papa León XIV.

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