11 julio, 2026

El corazón del Centro Histórico de Ciudad de México revive espiritualmente con la reapertura al culto de dos templos emblemáticos: la parroquia de la Santa Vera Cruz y la Rectoría de San Juan de Dios. Tras casi nueve años de un meticuloso proceso de restauración, estas estructuras centenarias vuelven a brillar luego de sufrir severos daños por los sismos de septiembre de 2017.

La reapertura oficial se materializó el 8 de julio con una emotiva misa en la parroquia de la Santa Vera Cruz, congregando a la comunidad y simbolizando el fin de una década de espera. Estos templos, a escasos metros uno del otro, son custodios de la memoria histórica y la fe capitalina.

Los devastadores terremotos de septiembre de 2017 cobraron 468 vidas y causaron daños estructurales en miles de inmuebles. En la Ciudad de México, unos 160 templos católicos sufrieron afectaciones. La Santa Vera Cruz y San Juan de Dios, entre los más afectados, requirieron intervenciones profundas y especializadas.

**Un legado de cinco siglos en el corazón de la ciudad**

La parroquia de la Santa Vera Cruz, uno de los templos más antiguos de México, tiene su origen en una ermita que, según la tradición, Hernán Cortés mandó construir para conmemorar el desembarco español en lo que hoy es Veracruz. Con el tiempo, evolucionó hasta la imponente parroquia actual, testigo de siglos de transformaciones en la metrópoli.

En su interior, resguarda tesoros del arte sacro como el Cristo de los Siete Velos, atribuido a un obsequio del Papa Pablo III al Rey Carlos V de España. También conserva una reliquia de la Vera Cruz, venerada por la tradición cristiana como un fragmento de la cruz de Jesucristo.

El Padre Juan Carlos Guerrero Ugalde, párroco de ambas iglesias, enfatizó el “interés eclesiástico y civil” de la recuperación. Destacó que la Santa Vera Cruz, tercera parroquia erigida en la ciudad, es un pilar espiritual y cultural con una tradición de fe ininterrumpida desde el siglo XVI.

**Un proceso concienzudo y desafiante**

La restauración, descrita por el Padre Guerrero Ugalde como “concienzuda y lenta” por su complejidad, incluyó el refuerzo de campanarios en riesgo, reparación de grietas, mantenimiento de pilotes hidráulicos, impermeabilización de cubiertas y mitigación de los efectos del hundimiento del terreno.

Al ser monumentos históricos, las obras fueron supervisadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En México, los templos construidos antes de las reformas constitucionales de 1992 son propiedad estatal, aunque su uso para el culto lo gestionan las asociaciones religiosas.

Un incendio accidental en agosto de 2020 añadió un desafío a la Santa Vera Cruz. Provocado por una fogata de personas en situación de calle, causó daños significativos en el coro, la bóveda y arte sacro, complicando aún más un proceso ya de por sí arduo.

**Renacer para la fe y la comunidad**

Hoy, fieles y transeúntes del Centro Histórico vuelven a estos espacios restaurados. Marcela Eduardo, trabajadora de la zona, expresó su alegría al ver la parroquia abierta: “Me dio mucha alegría verla abierta, que ya la están arreglando”, dijo, y añadió que su primer impulso fue “pasar a ver a Cristo y saludarlo, persignarme y pedirle algo: que me dé más vida”.

Más allá de su valor religioso intrínseco, estas iglesias se ubican en un entorno cultural privilegiado, rodeadas por el Museo Franz Mayer, el majestuoso Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central. El Padre Guerrero Ugalde insiste en su valor “significativo tanto para la fe como para la ciudad”.

El sacerdote recordó el rol crucial de la Iglesia en la construcción comunitaria tras el sismo de 1985, integrando a numerosas familias desplazadas a la zona. Ante fenómenos como la violencia, el narcotráfico y la desintegración social, su presencia activa es hoy más indispensable en el barrio. Betsabé Jara, visitante del templo, compartió su sentir: “Es una tranquilidad que esté abierta la Iglesia, que se pueda entrar y orar. Más que nada, para la gente que no tenía una iglesia cercana”.

**El próximo capítulo: reconstruyendo la comunidad viva**

Con las estructuras recuperadas, el Padre Guerrero Ugalde busca reactivar plenamente la vida comunitaria. Ha lanzado una “convocatoria a las personas del barrio para que vengan a la formación como agentes de pastoral”, empoderando a los feligreses en la misión evangelizadora y social.

La visión del párroco incluye ambiciosos programas sociales: capacitación laboral destinada a quienes no concluyeron sus estudios, y propuestas culturales en colaboración con los museos y espacios artísticos cercanos. El objetivo es que “los espacios que tenemos en ambas iglesias estén literalmente usados y llenos por los programas de formación”, afirmó el Padre Guerrero Ugalde.

Mientras la comunidad se congrega nuevamente y los programas toman forma, las misas se celebran regularmente los domingos, ofreciendo un punto de encuentro y espiritualidad para los fieles. Entre semana, las celebraciones se realizan a petición, marcando un retorno gradual pero firme a la vitalidad plena de estos históricos recintos sagrados.

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