16 julio, 2026

Haití se encuentra al borde del colapso humanitario, con una escalada de violencia de pandillas y un alarmante incremento del 120% en ataques perpetrados con drones. Esta combinación letal ha catapultado al país caribeño al quinto puesto en la Lista de Vigilancia de Emergencias 2026 del Comité Internacional de Rescate (IRC), señalando una de las crisis más graves a nivel mundial.

“Haití está atrapado en una abrumadora crisis humanitaria”, afirmó Ciarán Donnelly, vicepresidente senior de respuesta a crisis, recuperación y desarrollo del IRC, durante una intervención en el programa EWTN News Nightly el pasado 15 de julio. Sus declaraciones subrayan la urgencia y la magnitud de la catástrofe que asola a la nación.

La situación es particularmente devastadora debido al uso creciente de drones armados. Se estima que más de 1.200 civiles han perdido la vida este año a causa de estos ataques, incluyendo al menos 17 niños, una cifra que destaca la brutalidad indiscriminada de la violencia. Donnelly calificó esta tendencia como “uno de los aspectos más preocupantes de la situación humanitaria en Haití”. Estos dispositivos, según detalló el experto, son “pequeños drones tipo cuadricóptero, baratos y fáciles de operar”, que han sido equipados con explosivos y empleados “esencialmente como dispositivos explosivos improvisados”. La letalidad de estos ataques se agrava al detonar en espacios públicos concurridos, donde la población realiza sus actividades diarias, convirtiendo a mercados o zonas comerciales en escenarios de tragedias con múltiples víctimas inocentes.

La capital haitiana, Puerto Príncipe, se ha convertido en el epicentro de esta crisis de seguridad. La violencia impulsada por las pandillas ha logrado establecer un control férreo sobre aproximadamente el 90% del territorio de la ciudad. Este dominio de facto paraliza la vida cotidiana, restringe drásticamente la libertad de movimiento de los ciudadanos y socava cualquier intento de normalidad. La infraestructura y los servicios básicos, ya precarios, son aún más vulnerables bajo esta constante amenaza, dejando a millones de personas a merced de grupos criminales.

Las consecuencias de esta inestabilidad van mucho más allá de la violencia directa. Donnelly señaló que la población haitiana enfrenta un acceso “muy limitado” a la atención sanitaria. En un país con cerca de 6,4 millones de habitantes, aproximadamente la mitad necesita urgentemente ayuda humanitaria. Esta cifra es un testimonio de la profunda desestructuración social y económica que sufre Haití, donde las necesidades básicas como alimentos, agua potable y asistencia médica se han vuelto inalcanzables para una gran parte de la población.

El equipo del IRC, trabajando “muy de cerca con organizaciones de la sociedad civil haitiana” sobre el terreno, se ha enfocado en proporcionar un apoyo crucial. Sus esfuerzos se centran en fortalecer la atención primaria de salud, ofrecer servicios esenciales para mujeres y niños —quienes son particularmente vulnerables en este contexto de crisis—, y garantizar el acceso a agua y saneamiento. Estas intervenciones son vitales para mitigar el sufrimiento y prevenir la propagación de enfermedades en un entorno donde el desplazamiento masivo y la falta de financiación de los servicios públicos elevan el “riesgo de enfermedades transmisibles” a niveles críticos.

Además de los servicios de salud y saneamiento, la protección para mujeres y niños es “esencial”, recalcó Donnelly. La vulnerabilidad de estos grupos se magnifica en un país donde la violencia es endémica y el estado de derecho es débil, exponiéndolos a abusos y explotaciones. La respuesta humanitaria debe abordar estas dimensiones multifacéticas de la crisis, proveyendo no solo asistencia material, sino también salvaguardas contra la violencia.

La dramática escalada de Haití en la Lista de Vigilancia de Emergencias del IRC —pasando del noveno lugar en 2023 al quinto en 2026— es un claro indicador del rápido deterioro de la situación. Esta lista clasifica a los 20 países con las crisis humanitarias más graves a nivel global, y la posición de Haití subraya la necesidad de una atención y una respuesta internacional inmediatas y robustas. Actualmente, Sudán ocupa el primer lugar, lo que sitúa la crisis haitiana en un contexto de emergencias globales de magnitud comparable. La comunidad internacional y los actores humanitarios están llamados a intensificar sus esfuerzos para aliviar el sufrimiento en Haití y abordar las raíces profundas de esta crisis multidimensional.

Nuevos