15 julio, 2026

En un mundo digitalizado que a menudo dificulta la conexión profunda y la búsqueda de sentido, un número creciente de jóvenes católicos redescubre el valor de los clubes de lectura como espacios vitales para nutrir su fe y construir lazos comunitarios. Estas iniciativas, que combinan el amor por los libros con el crecimiento espiritual, representan una respuesta dinámica a la necesidad de acompañamiento y formación en la Iglesia actual, un movimiento que resuena con el llamado del Papa León a una evangelización creativa y cercana a las realidades de las nuevas generaciones.

Dos proyectos destacados, Betania Club de Lectura Católico y El Carmelo Descalzo, han compartido sus experiencias y ofrecido valiosas pautas para aquellos interesados en replicar esta exitosa fórmula en sus propias parroquias, universidades o comunidades.

**El imperativo de la oración como cimiento**
Para José Jorge Domínguez, fundador de Betania Club de Lectura Católico, la génesis de cualquier emprendimiento espiritual debe anclarse en la oración. “El primer paso es comenzar desde la oración y entregarle el proyecto a Dios. Él siempre ve la intención del corazón”, enfatiza Domínguez. Esta visión subraya la importancia de un fundamento espiritual sólido antes de cualquier planificación logística. Adicionalmente, Domínguez recomienda encarecidamente la presentación de la iniciativa al párroco local. Obtener el conocimiento y la bendición del sacerdote no solo asegura el apoyo institucional, sino que también puede abrir las puertas a un valioso acompañamiento espiritual y orientación pastoral, elementos cruciales para la sostenibilidad y el éxito del club.

**Un propósito unificador: el “hilo conductor”**
Mantener el interés y la asistencia en un club de lectura requiere de un eje temático o un propósito bien definido. Sara Gisela Sánchez Ureña, miembro de El Carmelo Descalzo, explica que “es más fácil mantener la asistencia cuando hay un hilo conductor del club de lectura”. Su proyecto es un claro ejemplo de esta estrategia, al haber nacido en el seno de un grupo de adultos solteros con una profunda espiritualidad carmelita. El objetivo central del grupo es “purificar la propia experiencia de vida para definir mejor si nuestra vocación es la soltería o el matrimonio, pero desde un enfoque del crecimiento espiritual y con la madurez de adultos que somos”.

Con esta meta clara, El Carmelo Descalzo estructuró su programa anual en torno a las obras de San Juan de la Cruz, alternándolas con autores contemporáneos que abordan temas relacionados con la “Noche Oscura del Alma”. Esta aproximación no solo proporciona una riqueza intelectual, sino que también ofrece un marco para la reflexión personal y el discernimiento vocacional, alineado con la búsqueda de sentido que el Papa León ha señalado como fundamental para la juventud.

**Dinámicas que trascienden la literatura**
Una clave para la vitalidad de estos clubes, según Sánchez, es evitar que las reuniones se reduzcan a un mero análisis literario. Deben ser, ante todo, momentos de encuentro genuino y profunda reflexión personal. En El Carmelo Descalzo, la dinámica inicia con un diálogo abierto sobre las impresiones generales del libro. Posteriormente, los participantes abordan preguntas específicas diseñadas para conectar la lectura con sus propias vivencias, transformando el texto en un espejo de su realidad interior.

Sánchez añade una valiosa recomendación: “No solo se trata de elegir autor, sino también conocer sobre él”. Estudiar la vida y el contexto del escritor enriquece la comprensión de la obra y profundiza la experiencia de lectura. Por su parte, Domínguez, desde Betania Club de Lectura Católico, destaca que uno de los objetivos primordiales es generar un ambiente donde los participantes se sientan seguros para compartir sus experiencias y escuchar las perspectivas de los demás. La meta, explica, es que las personas “puedan dar su punto de vista, su experiencia de vida y crear un espacio donde Dios sea el centro de todo”.

**Flexibilidad en el formato: virtualidad y presencialidad**
Respecto a la modalidad de los encuentros, ambos líderes coinciden en que la elección entre lo virtual y lo presencial debe adaptarse a la realidad y disponibilidad de cada comunidad. Betania ha optado por un modelo presencial en la Ciudad de México, caracterizado por encuentros itinerantes. “El grupo va peregrinando por la ciudad, en diferentes sedes como cafés o puntos de encuentro”, describe Domínguez, fomentando así la exploración urbana y la creación de lazos en distintos ambientes.

El Carmelo Descalzo, en cambio, encontró en las reuniones virtuales la solución ideal para conciliar las agendas de sus integrantes, muchos de ellos profesionales con horarios complejos. Para Sánchez, más allá del formato, lo esencial reside en el propósito: “conocernos y formar una hermandad”, un lazo de comunión que se construye independientemente de la distancia física.

**El diálogo como motor de impacto espiritual**
Aunque cada iniciativa posee una dinámica particular, ambas coinciden en que el club de lectura debe ir más allá del simple acto de leer. Su función es catalizar que las reflexiones extraídas de los textos se integren y fructifiquen en la vida cotidiana de los participantes. Domínguez enfatiza la necesidad de que cada obra genere un impacto espiritual concreto. “No es solo leer por leer”, aclara, sino “hacer propia cada lectura, discernirla con nuestra propia vida y que dé fruto”.

Para él, una de las mayores riquezas de estos espacios radica en la capacidad de anunciar a las nuevas generaciones “que hay un Dios que los ama, que les entiende y escucha”. La lectura en comunidad, a su juicio, se erige como un medio excepcional para alcanzar este objetivo evangelizador y formativo, un pilar que el actual Pontífice ha promovido en su pastoral.

**Recomendaciones para el camino lector**
Para quienes contemplan iniciar un club de lectura católico, Domínguez sugiere comenzar con obras que fortalezcan la vida espiritual, como el “Libro de la vida” de Santa Teresa de Ávila, una cumbre de la mística hispana. Por su parte, Sánchez propone acercarse a autores como San Juan de la Cruz, cuya profundidad espiritual es innegable, pero también aboga por combinar la lectura estrictamente espiritual con otros escritores que inviten a reflexionar sobre la experiencia humana desde una perspectiva cristiana, citando a C.S. Lewis como un excelente ejemplo de este enfoque.

En síntesis, estos clubes de lectura no son meros círculos literarios; son faros de fe y comunidad que responden a la sed espiritual de los jóvenes. Al fomentar el diálogo, la reflexión personal y el encuentro con Dios a través de la palabra escrita, estas iniciativas fortalecen el tejido de la Iglesia y enriquecen la vida de sus miembros, contribuyendo activamente a la visión de una Iglesia viva y en constante crecimiento, tal como lo alienta el Papa León.

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