Un invaluable tesoro cultural y teológico ha emergido de las profundidades de una biblioteca en Polonia, sacudiendo los cimientos de la patrística y la exégesis bíblica. La Biblioteca Diocesana de Pelplin, en la norteña región de Pomerania, ha custodiado durante siglos un manuscrito medieval que, tras una exhaustiva investigación, ha revelado contener dos sermones hasta ahora desconocidos del influyente San Agustín de Hipona. Este descubrimiento, que redefine aspectos de su pensamiento, ha capturado la atención de la comunidad académica y eclesial, incluido el Papa León XIV, conocido por su formación agustiniana.
El periplo para desvelar este secreto comenzó en 2024, cuando Paul Alexander Nebauer, un investigador independiente con expertise en la historia medieval del monasterio cisterciense de Bad Doberan, Alemania, contactó a Christian Tornau. Tornau, profesor de Filología Clásica (Latinística) en la Universidad de Würzburg y reconocido especialista en la obra de San Agustín y la literatura cristiana tardoantigua, fue invitado a unirse a la misión de identificar y traducir un códice medieval que se creía contenía sermones agustinianos.
Lo que para un ojo inexperto podría haber parecido un simple compendio de pergaminos amarillentos, emanando el característico aroma del tiempo, pronto se reveló como un hallazgo de magnitud extraordinaria. La minuciosa investigación filológica, liderada por Tornau junto a Clemens Weidmann del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) de Viena y un dedicado equipo de jóvenes académicos, desentrañó la verdad oculta entre sus páginas. El manuscrito, copiado en el monasterio de Doberan durante el siglo XII, podría ser una transcripción de un códice más antiguo, proveniente de Amelungsborn, un histórico cenobio cisterciense en la Baja Sajonia alemana.
De los cuatro sermones contenidos en el códice y sometidos a análisis, dos ya eran conocidos por la academia: uno auténticamente agustiniano y otro clasificado como pseudoagustiniano. Sin embargo, los otros dos resistieron una identificación inmediata. “Transcribimos los nuevos textos y comenzamos a analizarlos con miras a una futura edición. Estábamos fascinados por la idea de haber encontrado nuevos sermones de San Agustín, pero pronto nos volvimos escépticos, ya que en algunos pasajes los sermones no parecían escritos por Agustín”, explicó el profesor Tornau.
La verificación de la autenticidad fue un proceso riguroso que se extendió por casi dos años. Lejos de la euforia inicial, los investigadores se sometieron a los más altos estándares académicos. “Nuestro veredicto final sobre su autenticidad es el resultado de un trabajo filológico continuo”, enfatizó el académico alemán. Parte de esta labor incluyó una escuela de verano del CSEL en Viena en 2025, donde doctorandos y jóvenes especialistas en literatura cristiana antigua contribuyeron al examen crítico. Tras un análisis exhaustivo de los textos y su transmisión manuscrita, el equipo no encontró objeciones serias para atribuir los sermones al obispo de Hipona.
Aunque varios siglos separan la época de San Agustín, en el siglo V, del manuscrito conservado, los expertos confirmaron que el documento ofrece una versión sorprendentemente fidedigna. “Hay varios siglos entre Agustín y este escriba del siglo XII, por lo que es fácil imaginar errores durante la transmisión. Sin embargo, disponemos de un texto bastante bueno y, con algunas correcciones críticas, podemos reconstruir en gran medida lo que San Agustín dijo”, apuntó Tornau.
Entre los argumentos más sólidos a favor de la autenticidad se encuentran la datación de los sermones en la Antigüedad tardía (siglos V-VII) y la descripción de prácticas litúrgicas que serían inverosímiles en la Edad Media. Además, el investigador destacó el trasfondo norafricano del texto, evidente en la oración conclusiva del primer sermón, atestiguada exclusivamente en el África de la Antigüedad tardía. Los especialistas también verificaron que el autor demostraba un profundo conocimiento del pensamiento agustiniano, sin caer en la mera reproducción. “El predicador está familiarizado con el pensamiento y las obras de San Agustín, pero no las copia simplemente, lo que podría constituir una señal de no autenticidad”, aseveró Tornau, añadiendo que los sermones no contienen elementos lingüísticos, exegéticos o teológicos que contradigan lo que el Doctor de la Iglesia habría expresado.
Tras contrastar expresiones, argumentos y rasgos textuales con el vasto corpus de la obra agustiniana conocida, la conclusión fue unánime. “Dado que el predicador resulta indistinguible de San Agustín, consideramos metodológicamente seguro aceptar la autoría de San Agustín en lugar de inventar un ‘discípulo’ o ‘seguidor’ anónimo”, afirmó Tornau.
Los dos sermones giran en torno a uno de los episodios más enigmáticos del Antiguo Testamento: la consulta del rey Saúl a la adivina de Endor, narrada en el capítulo 28 del Primer Libro de Samuel. En este pasaje, un Saúl desesperado, abandonado por Dios y amenazado por los filisteos, recurre a una nigromante para invocar al profeta Samuel, quien aparece para anunciarle su muerte inminente.
“Esta narración fue un problema para la exégesis cristiana antigua. ¿Cómo puede una nigromante ejercer un poder mágico, diabólico, sobre Samuel, un santo de Dios? ¿Es Dios incapaz o no está dispuesto a impedirlo? Evidentemente, esto plantea la cuestión de la teodicea”, explicó Tornau. Anteriormente, predominaban dos interpretaciones: una sostenía que Samuel había aparecido realmente por voluntad o permiso divino, no por magia; la otra defendía que la aparición era un espíritu maligno disfrazado de profeta para engañar a Saúl.
La novedad de estos sermones es que el obispo de Hipona aborda ambas posibilidades ante sus fieles, argumentando sus ventajas e inconvenientes y concluyendo que “las dos son aceptables porque ninguna contradice la fe cristiana”. Esta postura, según Tornau, revela un rasgo distintivo de la inteligencia agustiniana. “Esta apertura a interpretaciones divergentes de la Escritura es característica de Agustín en general”, afirmó el especialista, señalando que el Santo Padre exhibía una actitud más dialogante que otros autores antiguos, a menudo propensos a la polémica.
Sin embargo, el aspecto más sorprendente de los nuevos textos es una hipótesis inédita en la tradición agustiniana conocida hasta la fecha: “El elemento más notable de los nuevos sermones es la idea de que Saúl, después de escuchar la profecía de Samuel, pudo haberse arrepentido y haber sido redimido”, reveló Tornau. Esta interpretación no tiene paralelos en las obras conocidas del obispo de Hipona ni en la exégesis cristiana antigua, donde la figura de Saúl suele ser retratada de forma negativa.
En estos sermones, San Agustín parece sugerir que incluso el controvertido primer rey de Israel pudo haberse abierto finalmente a la gracia divina. “La idea puede ser una invención puntual de Agustín o quizá tuvo acceso, de forma directa o indirecta, a la exégesis judía rabínica, mucho más positiva respecto a Saúl”, conjeturó el experto. Para Tornau, esta intuición ilumina un aspecto fundamental del pensamiento agustiniano: “Su independencia intelectual y su disposición a considerar que cualquiera, incluso quienes parecen más malvados, es capaz de alcanzar la salvación mediante la gracia de Dios”.
Esta perspectiva, aseguró Tornau, “combina honestidad intelectual y humildad episcopal de un modo notable y muy agustiniano”, reflejando con precisión la personalidad del gran Padre de la Iglesia, cuya obra ha marcado indeleblemente la teología, la filosofía, la espiritualidad y la cultura europea desde su muerte en el año 430.
El siguiente paso es la elaboración de una edición crítica del texto latino, acompañada de una traducción al alemán y una introducción sustancial que documentará la historia del descubrimiento, describirá el manuscrito, su contenido y datación, y contextualizará los nuevos sermones dentro de la obra de San Agustín y la historia de la exégesis cristiana. Se espera que esta publicación vea la luz a principios de 2027.
El hallazgo ha generado un considerable revuelo en círculos académicos y eclesiales. “Quizá también porque el Papa es agustino, lo que ha aumentado el interés por San Agustín”, comentó Tornau, quien confía en poder entregar personalmente a León XIV la futura edición crítica, un gesto que subraya la relevancia de este descubrimiento para la Iglesia contemporánea.






