McAllen, Texas – La hermana Leticia Ugboaja, una religiosa de las Hijas de María Madre de la Misericordia y enfermera registrada en Texas, ha roto el silencio sobre su breve pero traumática detención por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) el pasado 28 de junio de 2026. Ugboaja, quien fue liberada el mismo día gracias a la intervención de legisladores federales, compartió públicamente sus vivencias y temores en una conferencia de prensa celebrada el 23 de julio, describiendo semanas de “estrés, ansiedad y miedo” que aún persisten.
“Tuve muchísimo miedo, sudaba frío”, relató la religiosa al recordar el momento de su arresto mientras se dirigía a la Misa dominical en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores en McAllen. La sorpresa y el desconcierto fueron palpables: “No me lo esperaba; una mañana cualquiera de domingo, cuando la gente debería estar preparándose para ir a Misa a adorar al Señor, aquí en la calle, justo frente a la escuela, por donde he caminado… incontables veces”. Ugboaja, una figura respetada que ha servido como enfermera en el sur de Texas por más de una década y como ministra extraordinaria de la Sagrada Comunión en su parroquia, lamentó que los agentes de ICE le negaran la oportunidad de asistir a la Misa y recibir la Comunión, un deber fundamental para los católicos.
La monja, quien presta sus servicios en el South Texas Health System, describió la intimidación que sintió ante la presencia de los dos agentes armados: “No fingiré que no me dolió, y sigue doliéndome hoy. Eran personas armadas, mientras que yo no soy más que una mujer pequeña, una monja, desarmada, únicamente con mi rosario, mi llave y mi teléfono”. A pesar del dolor y la angustia, Ugboaja afirmó que su fe ha sido su pilar, citando la exhortación bíblica: “No tengan miedo, porque yo estoy con ustedes siempre”.
Carlos Garcia, abogado de la hermana Ugboaja, profundizó en los detalles de su complejo estatus migratorio. Explicó que, si bien una solicitud de asilo presentada en 2019 fue denegada por un juez de inmigración, la hermana Ugboaja sí obtuvo protección contra la expulsión a Nigeria bajo la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura. Esta decisión judicial se basó en la alta probabilidad de que fuera sometida a tortura si regresaba a su país de origen. Garcia enfatizó que esta protección prohíbe legalmente al gobierno estadounidense deportarla a Nigeria, a pesar de que “técnicamente” sujeta a una orden definitiva de expulsión. A pesar de esta situación, la religiosa y enfermera tiene autorización legal para trabajar en Estados Unidos y ha cumplido diligentemente con todas sus citas ante las autoridades migratorias.
La detención de la hermana Ugboaja resulta particularmente desconcertante para su equipo legal y para otros en situaciones similares. “Durante muchos años, las personas a quienes se ha concedido este tipo de amparo han tenido, por lo general, la impresión de que no tendrían problemas siempre que cumplieran con lo dispuesto”, señaló Garcia, añadiendo que la falta de una explicación clara por parte del gobierno sobre estas medidas genera una gran confusión. La detención de Ugboaja se llevó a cabo con el propósito de expulsarla a un tercer país, una práctica que el abogado calificó como “actualmente objeto de litigios en curso ante tribunales federales de todo el país”. Garcia argumentó que su cliente tiene derecho a “ser notificada y a disponer de una oportunidad real para impugnar la propuesta de expulsión a un tercer país antes de ser detenida y expulsada”.
La hermana Ugboaja no se ve a sí misma como un caso aislado. Conmovida, habló de otras personas que, como ella, “están languideciendo” en una situación de incertidumbre similar, pero sin la visibilidad mediática. Se refiere a “personas a quienes se ha concedido algún tipo de protección en virtud de nuestras leyes, que han cumplido todas las normas que se les han impuesto… y que, pese a ello, siguen viviendo con la incertidumbre de no saber adónde podrían enviarlas ni si alguien les avisará antes de que eso ocurra”. Su petición es sencilla: “Antes de detener a alguien, denle… la oportunidad de ser escuchado”.
La tensión se mantiene ante una próxima cita de control migratorio de la hermana Ugboaja programada para el 28 de julio. Existe la posibilidad de que en esta fecha pueda ser nuevamente detenida o se le imponga un monitor de tobillo. Su abogado expresó la esperanza de que la cita sea innecesaria, pero, de realizarse, hizo un llamado enfático: “Pedimos que no sea detenida y que no se le coloque ningún monitor en el tobillo… No ha infringido ninguna norma, no representa peligro alguno y le ha dado al país una década de trabajo como enfermera y toda una vida de ministerio”.
El incidente que culminó en su breve detención ocurrió en medio de una intensificación de las medidas de control migratorio, incluyendo operativos cerca de lugares de culto. La rápida liberación de la monja el 28 de junio fue posible gracias a la intervención de figuras políticas, incluyendo al representante federal Henry Cuellar. La oficina de Cuellar se comunicó directamente con el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, y con el zar fronterizo Tom Homan, asegurando la inmediata puesta en libertad de Ugboaja esa misma noche. En su momento, Cuellar declaró que “no era esta la forma en que debían haberla detenido. Si ICE tenía alguna duda, había formas mucho más apropiadas de abordar su situación”. La hermana Leticia Ugboaja está de vuelta en casa, pero la incertidumbre sobre su futuro y el de muchos otros migrantes protegidos sigue siendo una preocupación latente.






