28 julio, 2026

La Casa Blanca emitió un mensaje presidencial para conmemorar el 45º aniversario del martirio del beato Stanley Rother, un sacerdote misionero de Oklahoma. Esta declaración presidencial continúa con la tradición del Gobierno de Estados Unidos de reconocer importantes festividades y celebraciones católicas.

El 28 de julio, el presidente Donald Trump, quien no profesa la fe católica, destacó el “imponente legado del Padre Stanley Rother: un joven de granja de Oklahoma, el primer mártir nacido en Estados Unidos beatificado por la Iglesia Católica y un incansable defensor de la dignidad humana que heroicamente entregó su vida para llevar la luz de Jesucristo a un pueblo sumido en una oscuridad desgarradora”. El mandatario y la entonces primera dama, Melania Trump, se unieron en este homenaje a católicos estadounidenses y creyentes de diversas confesiones en todo el mundo.

El padre Rother, originario de Oklahoma, fue ordenado sacerdote misionero en 1968. Su labor pastoral se desarrolló en las “tierras altas de Guatemala, asoladas por la guerra civil y el conflicto armado”, según lo detallado en el comunicado oficial. A lo largo de 13 años, mientras miles de católicos eran víctimas de desapariciones forzadas y asesinatos brutales, el padre Rother se dedicó a evangelizar a aquellos afectados por la pobreza y la violencia. Su servicio incluyó la traducción de las Sagradas Escrituras al idioma local, la construcción de una escuela y un hospital, y la fundación de la primera estación de radio católica de la región, encarnando con valentía el mandato cristiano de “hacer discípulos de todas las naciones”.

Hacia finales de la década de 1970, la guerra civil guatemalteca se recrudeció. En medio de un entorno de pobreza extrema, Rother fue testigo del asesinato de varios de sus feligreses debido a su fe. Su nombre apareció en una lista de personas amenazadas, lo que le obligó a buscar refugio temporal en Oklahoma. Sin embargo, a pesar de los peligros inminentes, el padre Rother insistió en regresar a Guatemala, declarando su negativa a “abandonar a su rebaño en su momento de mayor necesidad”. Su compromiso inquebrantable culminó el 28 de julio de 1981, cuando tres hombres irrumpieron en su casa parroquial y lo asesinaron a tiros a la edad de 46 años.

La Iglesia Católica reconoció la santidad de su vida y sacrificio. El beato Stanley Rother fue declarado beato por el Papa Francisco, y en 2017 se celebró una Misa de beatificación en Oklahoma City, donde ahora se erige el Santuario dedicado a su memoria.

El Arzobispo de Oklahoma City, Mons. Paul Coakley, durante una homilía pronunciada el 28 de julio en el Santuario de Rother, compartió su sorpresa al recibir un correo electrónico de la Casa Blanca con el mensaje presidencial. “No sabía que estábamos en su radar”, comentó Mons. Coakley, quien también preside la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). El arzobispo expresó el “enorme honor que supone para la Iglesia, para Oklahoma y para nuestra nación recibir esta distinción y este reconocimiento de este mártir sencillo, este párroco, este mártir misionero: el Beato Stanley Rother”.

**Un legado de libertad religiosa y fe**

La declaración presidencial subrayó que la historia del padre Rother es un poderoso recordatorio de la “rica tradición estadounidense de libertad religiosa”. El presidente Trump reafirmó el compromiso de su administración de “permanecer vigilantes para que la libertad que nos corresponde por derecho de nacimiento perdure frente a toda prueba”. El mensaje concluyó con una oración para que “cada alma creyente, cada amante de la libertad y cada buscador de la verdad recuerde por siempre el nombre y atesore la historia del Padre Stanley Rother”. Desde su martirio, Rother se ha consolidado como un “testimonio vivo del poder de la valentía, el servicio abnegado y la fidelidad a Dios”, inspirando una devoción extendida entre los católicos. Innumerables sacerdotes, pastores, capellanes y líderes espirituales contemplan su ejemplo diariamente, esforzándose por perpetuar su legado imperecedero de fortaleza, caridad, humildad, servicio, generosidad y perseverancia.

**Reconocimiento de festividades católicas**

Bajo la presidencia de Trump, se ha consolidado la práctica de emitir declaraciones de la Casa Blanca en conmemoración de importantes celebraciones católicas, además de mensajes dedicados a otras tradiciones religiosas como el judaísmo y el islam. Durante su segundo mandato, la Casa Blanca ha publicado comunicados centrados en el catolicismo, honrando la vida y el legado de santos en fechas como la fiesta de San José, el natalicio de Santa Francisca Javier Cabrini y el Día de San Patricio.

Asimismo, se emitió un mensaje con motivo de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, siendo esta, aparentemente, la primera ocasión en que un presidente de Estados Unidos reconoció formalmente esta festividad “en honor de la fe, la humildad y el amor de María, madre de Jesús y una de las figuras más importantes de la Biblia”. El presidente también publicó una declaración en el aniversario del fallecimiento de San Juan Pablo II, a quien describió como “uno de los más firmes defensores de la dignidad humana que jamás haya existido”, alentando a “todos los estadounidenses a mantener vivo el recuerdo del Papa San Juan Pablo II para las generaciones venideras”. En un contexto previo al 250º aniversario de Estados Unidos, el presidente también destacó la Misa de la USCCB que consagró la nación al Sagrado Corazón de Jesús, calificándola como un “momento poderoso de nuestra historia nacional”.

A pesar de esta serie de reconocimientos a figuras y celebraciones católicas, el entonces presidente Trump no eximió al Papa de sus críticas públicas. En abril, durante el conflicto con Irán, Trump criticó al Papa León XIV en sus cuentas de redes sociales, calificándolo de “débil frente al crimen” y “terrible para la política exterior”. Estas declaraciones generaron una considerable atención mediática. A pesar de las críticas en línea y la falsa acusación de que el Papa León deseaba que Irán desarrollara armas nucleares, el presidente declaró posteriormente a los periodistas que no tenía “nada en contra del Papa”.

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