El Papa León XIV ha enviado un conmovedor mensaje al cardenal Ernest Simoni, un prelado albanés de 97 años que personifica la resiliencia y la fe inquebrantable frente a la opresión. En sus palabras, el Pontífice aseguró que “ninguna prisión es lo suficientemente profunda como para separar al hombre del amor de Dios”, un potente recordatorio del poder del espíritu humano y la convicción divina ante la adversidad.
El mensaje del Santo Padre fue leído en un acto significativo: el cierre de la misa que el cardenal Simoni celebró el viernes 31 de julio en el antiguo campo de prisioneros de Spaç, en Albania. Este lugar, tristemente célebre, sirvió de escenario para recordar a todas las víctimas de la brutal dictadura comunista albanesa de la segunda mitad del siglo XX, muchos de quienes perdieron la vida o sufrieron indecibles torturas y privaciones en sus entrañas.
En su comunicación, León XIV profundizó en la invencibilidad de la fe, afirmando que “ninguna cadena es lo suficientemente fuerte como para aprisionar una conciencia iluminada por el Evangelio, ninguna noche es lo suficientemente larga como para impedir el amanecer que el Señor prepara para sus hijos”. Estas palabras no solo honran la experiencia personal del cardenal Simoni, quien sufrió años de encarcelamiento y trabajos forzados, sino que también extienden un consuelo y una esperanza a todos aquellos que han padecido por sus creencias.
El Papa León XIV subrayó la profunda huella que Spaç ha dejado en la historia y la memoria de Albania. “Ese lugar, grabado en la memoria del pueblo albanés, sigue siendo una de las páginas más dolorosas de su historia. Spaç fue un lugar donde muchos llevaron la pesada cruz de la injusticia”, escribió el Pontífice al cardenal. Resaltó cómo la sangre de quienes allí padecieron y murieron “regó esa tierra, convirtiéndola en un testimonio silencioso de fidelidad, valentía y esperanza” gracias a la fe en Cristo, quien transforma el sufrimiento en promesa de vida.
El Santo Padre reflexionó también sobre las incontables plegarias que se elevaron desde ese sombrío lugar: “¡Cuántas oraciones se elevaron al cielo desde aquel lugar! ¡Cuántas invocaciones susurradas en el corazón! ¡Cuántos rostros, marcados por el trabajo y la privación, encomendaron su última esperanza al Señor!”. Finalmente, el Papa León XIV hizo un llamado a mantener viva la memoria de los muchos sepultados en lugares sin nombre, para que su recuerdo sea “para las nuevas generaciones un recordatorio constante de la inviolable dignidad de la persona humana, del valor de la libertad y del compromiso con la paz”.
**La extraordinaria vida del Cardenal Ernest Simoni**
La historia del cardenal Ernest Simoni es un testimonio viviente de la persecución religiosa y la inquebrantable fe. Nacido el 18 de octubre de 1928 en Troshani, Albania, Simoni ingresó al Colegio Franciscano de su localidad a la temprana edad de 10 años, con la firme vocación de servir a la Iglesia. Sin embargo, su camino hacia el sacerdocio se vio drásticamente truncado en 1948, con la instauración del régimen comunista de Enver Hoxha, que impuso una de las dictaduras ateas más brutales y represivas del siglo XX.
A pesar de la prohibición y el riesgo constante, Ernest Simoni persistió en sus estudios clandestinos, logrando ser ordenado sacerdote en secreto el 7 de abril de 1956. Su ministerio secreto fue descubierto en la Navidad de 1963, cuando fue arrestado tras celebrar una misa en memoria del entonces presidente estadounidense John F. Kennedy, asesinado pocas semanas antes. Fue condenado a muerte, una pena que, milagrosamente, le fue conmutada por 25 años de trabajos forzados en las minas y campos de concentración del régimen.
Durante su extenso encarcelamiento, el padre Simoni fue sometido a torturas y privaciones extremas. Sin embargo, su fe nunca flaqueó. Continuó ejerciendo su sacerdocio en secreto, celebrando la Misa de memoria en latín –un idioma que sus carceleros, al no comprenderlo, asumían como un signo de locura–, escuchando confesiones y distribuyendo la comunión a otros prisioneros. Con gran ingenio y riesgo inminente, cocinaba hostias con masa de harina en hornillas improvisadas y utilizaba jugo de uvas exprimidas para el vino sacramental. Él mismo ha recordado que, de haber sido descubierto, el castigo habría sido la ejecución inmediata.
Su valiente resistencia y fidelidad a su vocación quedaron plasmadas en el casco de minero que usó durante sus años de trabajos forzados, un símbolo de su sufrimiento y perseverancia. La vida del cardenal Simoni conmovió profundamente al Papa Francisco durante su visita a Albania en 2014, cuando el entonces Pontífice derramó lágrimas al escuchar su testimonio. Dos años más tarde, en noviembre de 2016, Francisco lo elevó al Colegio Cardenalicio a la edad de 88 años, reconociendo su excepcional servicio y sacrificio por la Iglesia. Ernest Simoni es uno de los pocos cardenales actuales que no son obispos, un testimonio más de su singular trayectoria.
Las palabras del Papa León XIV no solo reafirman el legado del cardenal Simoni como un faro de esperanza y resiliencia para las nuevas generaciones, sino que también recalcan el mensaje universal de que la dignidad humana y la libertad son valores inalienables, y que el amor divino es una fuerza capaz de trascender cualquier muro o adversidad.








