2 agosto, 2026

En un mensaje cargado de aliento y esperanza, el Papa León XIV se dirigió este domingo a los miles de jóvenes católicos reunidos en Ibarra, Ecuador, para la VII Jornada Nacional de la Juventud (JNJ). El Pontífice hizo un llamado a las nuevas generaciones a ser faros de luz en el mundo, instándolos a donar su “alegría, valentía y testimonio” para guiar a otros hacia el encuentro con Jesucristo y a convertirse en activos promotores de perdón, reconciliación y paz en sus comunidades.

La Jornada Nacional de la Juventud, un encuentro de profunda significación para la Iglesia ecuatoriana, concluyó el 2 de agosto, tras tres días de intensas actividades que comenzaron el 31 de julio. Bajo el lema “Tengan valor, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33), la ciudad de Ibarra se convirtió en el epicentro de la fe y la fraternidad, congregando a delegaciones de diversas diócesis, parroquias y movimientos juveniles de todo el país. Este evento, que emula el espíritu y la estructura de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), pero a nivel local, busca revitalizar la fe de los jóvenes y fortalecer su compromiso con los valores del Evangelio.

El mensaje de León XIV, difundido a través de un video, resonó profundamente entre los participantes. “Queridos amigos y amigas, la Iglesia necesita hoy de su alegría, valentía y testimonio para que muchos otros puedan encontrarse con Cristo”, afirmó el Pontífice, subrayando la centralidad de la juventud en la misión evangelizadora contemporánea. El Papa enfatizó la importancia de una fe vivencial y transformadora: “Déjense transformar por su amor y sean promotores de perdón, reconciliación y paz”. Esta exhortación no solo apunta a una transformación personal, sino a una incidencia activa en la construcción de una sociedad más justa y armónica, eco de los valores cristianos.

La JNJ es mucho más que un simple encuentro; es una experiencia formativa integral que ofrece a los jóvenes un espacio para profundizar en su espiritualidad y reafirmar su identidad católica. Durante estos días, los asistentes participaron en una variada programación que incluyó catequesis, momentos de adoración eucarística, conciertos de música católica, sesiones de formación doctrinal y pastoral, y actividades que fomentaron la fraternidad y el compañerismo entre ellos. El ambiente festivo, característico de estos encuentros, se fusiona con momentos de profunda oración y reflexión, creando una atmósfera única donde la alegría del Evangelio se vive y se comparte intensamente.

El Santo Padre instó a los jóvenes a una escucha atenta y a una respuesta generosa a la vocación que cada uno tiene en su vida. “Les animo a escuchar la llamada del Señor y a seguirlo con decisión. El encuentro con Jesucristo llena el corazón de alegría y nos da fuerza para ser testigos de su amor y de su misericordia”, declaró León XIV. Estas palabras refuerzan la idea de que la fe no es una mera adhesión intelectual, sino una relación personal y dinámica con Cristo que infunde propósito y vigor. La decisión de seguir al Señor, según el Papa, no solo aporta una alegría inconmensurable, sino que también capacita a los jóvenes para ser auténticos testigos del mensaje cristiano en un mundo que a menudo parece carecer de esperanza.

Al concluir su mensaje, León XIV encomendó a todos los participantes a la protección maternal de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Presentación, patrona de la diócesis anfitriona. “Que María sea el modelo que les inspire a vivir el Evangelio y a entregarse, como ella hizo, al proyecto de Dios para su vida”, expresó el Sumo Pontífice, presentándola como un ejemplo de fe, entrega y obediencia a la voluntad divina. La figura de María, como en tantas ocasiones en la tradición católica, se erige como una guía para los jóvenes en su camino de discernimiento y compromiso. Finalmente, el Papa impartió su bendición apostólica, sellando un mensaje que, sin duda, dejará una huella duradera en el corazón y el espíritu de los jóvenes ecuatorianos.

La realización de la JNJ en Ibarra no solo fortalece la fe individual de los participantes, sino que también inyecta vitalidad a la Iglesia local y nacional. Estos encuentros masivos son cruciales para el relevo generacional, ofreciendo a los jóvenes la oportunidad de experimentar la universalidad de la Iglesia y su capacidad para generar comunión y misión. El mensaje de León XIV reafirma la confianza del Vicario de Cristo en la juventud como motor de cambio y renovación, recordándoles su papel insustituible en la evangelización y en la construcción de un futuro anclado en los valores del Evangelio.

Nuevos