23 septiembre, 2026

El Papa saluda a los peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News.

Durante su tradicional encuentro con los fieles en la Ciudad del Vaticano, el Papa León XIV abordó la relación entre las creencias religiosas y los descubrimientos modernos. El líder de la Iglesia católica cuestionó de forma directa la narrativa que posiciona al desarrollo científico y técnico como un elemento opuesto o contradictorio frente al mensaje del cristianismo.

La advertencia sobre el humanismo secular

En su discurso ante la multitud congregada, el Sumo Pontífice profundizó en los riesgos que conlleva el llamado “drama del humanismo ateo”, un concepto acuñado originalmente por el influyente cardenal y teólogo jesuita francés Henri de Lubac.

El Papa señaló que, dentro de las corrientes de pensamiento postcristianas, se suele plantear una falsa dicotomía donde la deidad y la humanidad actúan como rivales. Según esta perspectiva errónea, para que las personas puedan ejercer su libertad, expandir su intelecto y alcanzar mayores cotas de desarrollo, se verían obligadas a distanciarse de la espiritualidad.

Sin embargo, el Obispo de Roma advirtió que “al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana”, alertando sobre las consecuencias éticas de desvincular el progreso secular de sus raíces espirituales.

El papel del ser humano como artífice del desarrollo

Analizando los postulados de la constitución pastoral Gaudium et Spes, promulgada durante el Concilio Vaticano II, el jerarca eclesiástico reflexionó sobre el significado real de las actividades terrenales. Ante los miles de asistentes, planteó una interrogante fundamental sobre cuál es la verdadera contribución del esfuerzo humano y de la innovación tecnológica, social y científica en la configuración del mundo actual.

Recordando los fundamentos doctrinales, el Pontífice recordó que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza del Creador, lo que lo convierte en un actor principal y directo en la construcción del progreso global. Mediante el uso de su inteligencia y su libre albedrío, la sociedad es capaz de ampliar sus horizontes de conocimiento.

Asimismo, el Papa argumentó que los logros alcanzados mediante el trabajo y la autonomía de las realidades terrenales no se ven anulados ni absorbidos por la fe, sino que encuentran su máxima plenitud en el ámbito espiritual. En sus propias palabras, la humanidad “sigue siendo, en Cristo, libre y operosa: efectivamente, en Él encuentra la verdad y la libertad plenas”.

La caridad como brújula para la ciencia

A pesar de valorar positivamente el ingenio humano, el líder católico puntualizó que el crecimiento material y técnico debe diferenciarse claramente de la expansión del Reino espiritual. Los creyentes, según indicó, tienen la misión de colaborar activamente en la mejora de la sociedad terrenal, sin perder de vista el horizonte último de su fe y compartiendo esta travesía con el resto de la comunidad científica y civil.

Para que los descubrimientos tecnológicos alcancen la categoría de un auténtico avance que beneficie a la totalidad de las personas, el Papa subrayó que la actividad científica debe estar permanentemente guiada por principios solidarios.

“Solo así podrá utilizarse siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos”, concluyó el Pontífice, cerrando su mensaje con un llamado a poner la innovación al servicio de la justicia social.

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