Asís, Italia – El Papa León XIV hizo un enérgico llamado a miles de jóvenes reunidos en Asís para que se conviertan en “nuevos santos” y abracen la misión de construir una sociedad fundamentada en la fraternidad, rechazando de plano la “cultura del poder”. El mensaje del Pontífice resonó durante la Santa Misa que presidió en la Basílica de Santa María de los Ángeles, en el marco del Encuentro Juvenil Franciscano GO! Franciscan Youth Meeting, celebrado este jueves.
Ante aproximadamente 2.500 participantes provenientes de diversas partes del mundo, el Santo Padre subrayó la trascendencia espiritual de Asís, cuna de San Francisco, como un faro de transformación personal y social. “Asís nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo”, afirmó León, aludiendo a la capacidad de este lugar sagrado para inspirar una renovación profunda del espíritu. La elección de la fecha, la Fiesta de la Transfiguración del Señor, añadió un simbolismo adicional a su mensaje de cambio y revelación divina.
El Pontífice destacó cómo la “transfiguración” no es solo un evento bíblico, sino una experiencia palpable en la historia de la fe, ejemplificada por la vida de San Francisco y Santa Clara. “Aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros diríamos: sin descuentos— y la vida de Jesús ha recomenzado en ellos”, explicó el Papa León XIV, exhortando a los presentes a una adhesión radical y auténtica a los preceptos de Cristo, libre de compromisos o adaptaciones superficiales.
Reflexionando sobre el pasaje evangélico de la Transfiguración, el Pontífice guio a los jóvenes a buscar en la figura de Jesús la orientación y el sentido que anhelan para sus vidas. “Hemos llegado aquí para comprender hacia dónde va la historia y hacia dónde estamos yendo nosotros”, señaló. Al igual que los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron apartados por Jesús para un momento de revelación en el monte, el Papa indicó que este encuentro en Asís ofrecía un espacio similar de discernimiento. La presencia de Cristo, enfatizó, es lo que verdaderamente cuenta, revelándose como una nube protectora que envuelve y señala el camino a seguir, invitando a la escucha atenta de su Hijo.
León XIV también hizo hincapié en la importancia de la comunidad y el diálogo, elementos fundamentales del encuentro franciscano. Los días de oración y reflexión vividos en Asís demostraron que la búsqueda espiritual no es un camino solitario. “¡No estamos solos! En estos días lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversación”, expresó, resaltando la capacidad de la Iglesia para congregar y fomentar esta “dinámica de escucha y discernimiento”, esencial para comprender el propósito de la vida.
La espiritualidad franciscana, central en la formación de los participantes, fue presentada por el Pontífice como una vía para la “restauración de las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas”. En un mundo marcado por divisiones y explotaciones, esta armonía, según el Papa, es “más que nunca” crucial de custodiar y cultivar. La vigencia del carisma de San Francisco, ochocientos años después de su muerte, radica precisamente en su “magnífica humanidad” y en la audacia de abandonar caminos preestablecidos para seguir un sendero más coherente con el Evangelio, un acto que incluso en su época fue revolucionario.
Con una mirada puesta en el futuro de Europa y el mundo, León XIV interpeló directamente a la juventud congregada: “Queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!”. Esta invitación a la santidad se presentó no como un ideal inalcanzable, sino como una llamada a vivir con autenticidad, libertad y desprendimiento.
El propio título del encuentro, “GO!” (¡Ve!), fue interpretado por el Papa como una invitación misionera, un “envío por caminos de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado”. Esta misión, explicó, conduce a “los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos”. Es un llamado a la acción social y a la defensa de la dignidad humana en los espacios más vulnerables.
El Santo Padre advirtió que seguir a Cristo y combatir la injusticia puede generar incomprensión, incluso dentro del propio entorno familiar o comunitario, tal como le sucedió a San Francisco. Sin embargo, enfatizó que “sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre sí, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradición, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia”. Es un acto de liberación que permite reencontrar un “mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar”.
Al concluir su homilía, el Papa León XIV animó a los jóvenes a dedicar sus talentos, estudios y proyectos a la edificación de la “civilización del amor”, un concepto que resume la visión de una sociedad basada en la caridad y el respeto mutuo. Posteriormente, recitó la conocida oración atribuida a San Francisco: “Señor, hazme un instrumento de tu paz”, un eco de la misión que acababa de encomendar a la juventud.
Un joven, Francesco Varone, agradeció al Pontífice en nombre de todos los participantes, destacando cómo el encuentro había fortalecido su fe y compromiso. “Su voz nos anima a no tener miedo de elegir el bien y a creer que el Evangelio todavía puede cambiar el corazón humano”, expresó Varone. Tras la emotiva celebración, el Papa León se retiró a la Porciúncula para un momento de oración silenciosa, antes de saludar a los fieles y emprender su regreso al Vaticano en helicóptero, dejando tras de sí un poderoso mensaje de esperanza y un claro llamado a la acción para las nuevas generaciones.






