7 agosto, 2026

Nueva York, 10 de agosto de 2026 – Tras un periodo de silenciosa recuperación, el Arzobispo de Nueva York, Mons. Ronald Hicks, ha regresado al ministerio público, marcando su primera aparición oficial desde que se sometió a una compleja cirugía ocular en julio. La Catedral de San Patricio, icónico bastión de la fe en la metrópolis, fue el escenario de este esperado retorno, donde el prelado ofició como celebrante principal en la emotiva profesión de votos de las Sisters of Life (Hermanas de la Vida).

El jueves 6 de agosto no fue solo la Fiesta de la Transfiguración, un día de profundo significado teológico para la Iglesia Católica, sino también un hito para el Arzobispo Hicks, al cumplirse exactamente seis meses desde su nombramiento oficial como líder de una de las arquidiócesis más prominentes de Estados Unidos. Una designación que, en su momento, fue realizada por la Santa Sede bajo el pontificado de Papa León XIV, reflejando la confianza en su liderazgo pastoral.

La Misa de profesión de votos, un evento cargado de esperanza y devoción, representó para Mons. Hicks mucho más que un compromiso litúrgico. “Fue una gran alegría volver al altar mayor y compartir esa hermosa ocasión con las Hermanas de la Vida, sus familias y amigos”, expresó el Arzobispo en un comunicado oficial. Este sentimiento de regocijo es comprensible, considerando que, desde su intervención quirúrgica, se había visto limitado a celebrar la Eucaristía únicamente en privado, un cambio significativo para un pastor cuya vocación es el servicio público.

La travesía médica del Arzobispo comenzó a principios de julio, poco después de regresar de una peregrinación a Roma. Durante este viaje, o al poco de su vuelta, le fue diagnosticado un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo, una condición que requería atención inmediata para preservar su visión. La cirugía a la que se sometió fue una vitrectomía, un procedimiento delicado que implicó la extracción del humor vítreo del ojo, la aplicación de dos suturas para volver a fijar la retina desprendida y la inserción de una burbuja de gas para facilitar el proceso de curación y asegurar la adherencia de la retina en su posición correcta.

Aunque la operación fue declarada un éxito, el periodo postoperatorio ha sido fundamental para la recuperación completa. Desde entonces, el Arzobispo Hicks ha permanecido en un régimen de convalecencia que, si bien ha sido progresivo, también ha exigido paciencia y un ritmo más pausado de lo habitual para alguien de su activa agenda. “Gracias a Dios, mi ojo y mi visión siguen mejorando tras la cirugía. Estoy profundamente agradecido por la excelente atención médica que he recibido”, afirmó el prelado. Reconoció, con una nota de humildad, la dificultad inherente a este tipo de pausa forzada: “Siguiendo las indicaciones de los médicos, me he estado recuperando poco a poco. Como muchos saben, eso no siempre es fácil para mí”.

Las restricciones impuestas por su recuperación aún persisten en ciertos aspectos. La presencia de la burbuja de gas en su ojo, crucial para la regeneración del tejido retiniano, impide al Arzobispo viajar en avión por el momento. No obstante, ha manifestado su firme intención de ir reincorporando “gradual y cuidadosamente” las Misas públicas y otras responsabilidades inherentes a su cargo en las próximas semanas. “Espero poder estar con ustedes con más frecuencia en las próximas semanas”, anticipó con entusiasmo, proyectando un horizonte de mayor presencia en su grey.

Este tiempo de convalecencia, más allá de los desafíos físicos, ha ofrecido a Mons. Hicks una oportunidad única para la introspección y la profundización espiritual. “Este periodo de recuperación también ha sido un regalo. Me ha brindado más tiempo del habitual para sentarme en silencio ante el Señor en oración. En la quietud, he recordado una vez más cuánto dependemos todos de la gracia de Dios cada día”, compartió el Arzobispo. Estas palabras revelan la capacidad de un líder espiritual para transformar una adversidad personal en un camino de mayor conexión con lo divino, y de reafirmación de su fe.

Durante estas semanas de retiro forzoso, el Arzobispo ha asegurado que su pensamiento y sus oraciones han estado constantemente dirigidos a los fieles de la Arquidiócesis de Nueva York. “Durante estas semanas, también he estado orando por ustedes y sus intenciones, y seguiré haciéndolo”, enfatizó, estableciendo un lazo de comunión espiritual que trascendía su ausencia física. En un gesto de reciprocidad, solicitó a su comunidad que continuara orando por él. “Por favor, sigan orando también por mí. Sus oraciones son el mayor regalo que pueden ofrecerme en este momento, y les estoy profundamente agradecido por cada una de ellas”.

El retorno del Arzobispo Ronald Hicks al púlpito de San Patricio es un símbolo potente de resiliencia y esperanza para la Iglesia Católica en Nueva York. Su experiencia no solo pone de manifiesto los desafíos físicos que pueden enfrentar incluso las figuras eclesiásticas, sino también la profunda dimensión espiritual que impregna su servicio. Al concluir su mensaje, Mons. Hicks elevó una bendición, extendiendo su deseo de sanación y paz: “Que el Señor Jesús, que sanó a los enfermos, devolvió la vista a los ciegos y trajo esperanza a los necesitados, los bendiga con luz, paz y amor”. Sus palabras resonaron como un eco de su propia experiencia, transformando un trance personal en un mensaje universal de fe y recuperación.

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