14 agosto, 2026

Migrantes se ayudan mutuamente en un peligroso cruce de agua en la frontera de Ciudad Juárez al anochecer. | Crédito: Shutterstock

Ante la compleja realidad que atraviesan miles de personas a escala global, la Santa Sede ha hecho público el pronunciamiento oficial del Papa León XIV con motivo de la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, un evento señalado en el calendario eclesiástico que se conmemorará el próximo 27 de septiembre. En el texto, el máximo representante de la Iglesia católica exhorta a la comunidad internacional a erradicar la indiferencia y a recibir a los niños y adolescentes en situación de movilidad humana con el mismo afecto con el que se acoge a los propios hijos.

El documento episcopal, bautizado bajo el lema Incluso uno solo de estos pequeños, pone el foco en que los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Asimismo, el documento advierte que la adversidad que experimentan va mucho más allá del simple hecho geográfico del desplazamiento.

"Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas"

Durante su misiva, el Obispo de Roma detalla una dolorosa lista de situaciones agravantes que afectan a esta infancia desarraigada. Entre ellas se encuentran la pérdida irreparable de figuras parentales, hermanos y vínculos afectivos, así como la exposición directa a "una violencia indescriptible". Incluso aquellos que consiguen marchar en compañía de sus familias se enfrentan habitualmente a escenarios de extrema dureza y carácter traumático, a lo que se suma el riesgo constante de sufrir rupturas familiares forzadas a raíz de procesos de repatriación.

A este panorama crítico se acoplan delitos graves como el tráfico de personas, la explotación laboral, el reclutamiento forzoso por parte de milicias, los abusos de índole sexual y las nupcias impuestas por la fuerza. Por todo ello, el Pontífice lamenta con firmeza que "su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas".

No obstante, el mensaje guarda un espacio para la esperanza al reconocer que, frente a tanta adversidad, persiste destellando "en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad" aportada por organizaciones y ciudadanos que optan por no desviar la mirada, demostrando con hechos tangibles que la empatía puede doblegar la apatía generalizada.

"Llamados a realizar un acto de humanidad y de fe"

Inspirándose en las enseñanzas evangélicas, el Santo Padre recuerda el principio de que "El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí". Bajo esta premisa teológica, argumenta que cada individuo posee un valor sagrado e intrínseco, constituyendo un reflejo directo de la divinidad. Por consiguiente, el cuidado de los niños en tránsito representa una exigencia ineludible.

Para combatir la invisibilidad crónica que suele relegar a estos menores a un segundo plano, la autoridad vaticana propone un plan de acción dual: por un lado, "intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir" y, por otro, "ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada".

Exigencia de corresponsabilidad para instituciones y ciudadanos

En su llamamiento dirigido a los distintos estratos de la sociedad, el Papa insiste en que "No podemos permanecer indiferentes ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento". Por ello, insta a la ciudadanía a involucrarse emocionalmente con las historias de vida de los menores, evitando que las personas queden reducidas a meras cifras estadísticas.

En el ámbito eclesiástico, se solicita a las parroquias y diócesis "convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante", instando a que "Toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios hijos". Adicionalmente, aboga por superar modelos puramente asistenciales mediante la integración plena de los refugiados.

Por otro lado, el líder católico dirige un mensaje directo a los gobiernos y organismos públicos y privados, exigiendo que las normativas sitúen la salvaguarda de los derechos de la infancia en la cúspide de sus prioridades políticas. Para ello, reclama la creación de marcos jurídicos sólidos que garanticen la unidad familiar y eviten las rupturas traumáticas.

El escrito concluye señalando que "Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos", encomendando finalmente la protección de los niños refugiados a la figura de la Virgen María y a la Sagrada Familia, quienes en el pasado también padecieron los estragos del exilio.

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