16 agosto, 2026

El Papa León XIV lee su discurso en Castel Gandolfo el domingo 16 de agosto de 2026. | Crédito: Vatican Media.

Durante la tradicional congregación dominical correspondiente al vigésimo domingo del tiempo ordinario, el sumo pontífice alzó nuevamente su voz para exigir la paralización inmediata de las agresiones dirigidas contra los habitantes palestinos en el territorio cisjordano. El líder de la Iglesia Católica abogó firmemente por la construcción de acuerdos diplomáticos sólidos que garanticen un escenario de concordia permanente en Oriente Medio.

Un llamado urgente desde la residencia veraniega

Con congregaciones de fieles reunidas en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo durante el mediodía dominical, el máximo representante del Vaticano profundizó en la crisis humanitaria y geopolítica que azota a la región, enfatizando la responsabilidad de los organismos internacionales frente al conflicto.

“Renuevo mi llamamiento para que cesen los repetidos actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que garantice el progreso hacia la solución de dos Estados para una paz justa y duradera”, manifestó.

Esta intervención papal coincide con las recientes denuncias emitidas por líderes religiosos locales sobre el terreno. Específicamente, el sacerdote Bashar Fawadleh, quien ejerce como párroco de la comunidad de Cristo Redentor en el enclave de Taybeh —reconocido por conservar una demografía de raíz cristiana en el noreste cisjordano—, advirtió sobre la intensificación de incursiones ejecutadas por colonos en terrenos particulares.

De acuerdo con el testimonio eclesiástico difundido recientemente, estas acciones coercitivas forman parte de una táctica sistemática orientada a sembrar zozobra y forzar el desplazamiento forzoso de las comunidades autóctonas. Las afectaciones cotidianas incluyen daños materiales, destrucción de cultivos agrícolas y severas restricciones en la movilidad urbana.

Apuesta por la concordia a través del deporte

En otro orden de asuntos abordados tras la ceremonia litúrgica, el pontífice dirigió su atención hacia el ámbito deportivo internacional, mencionando de manera específica la próxima celebración de los Juegos Mediterráneos en la localidad italiana de Taranto, un evento que reunirá a delegaciones de naciones pertenecientes a tres continentes diferentes.

“Deseo que este evento deportivo sea una profecía de paz y de fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero”, anheló el Papa.

La autoridad católica subrayó la capacidad de las justas deportivas para servir como un puente de entendimiento intercultural y cooperación pacífica, en un contexto global marcado por profundas tensiones geopolíticas y desafíos humanitarios en múltiples latitudes.

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