19 agosto, 2026

Un proceso electoral clave para la región

Los próximos comicios presidenciales en el gigante sudamericano no solo determinarán el futuro político y administrativo interno, sino que también evidenciarán la dirección ideológica de una Latinoamérica que ha experimentado un viraje hacia la derecha durante los últimos años. Las votaciones generales se llevarán a cabo el 4 de octubre, jornada en la cual la ciudadanía elegirá al próximo mandatario, a los integrantes de la Cámara de Diputados, a dos tercios del Senado y a los gobernadores estatales. En caso de que ningún candidato obtenga la mayoría necesaria, se celebrará una segunda vuelta el 25 de octubre.

La contienda presidencial cuenta con dos figuras centrales. Por un lado, el actual jefe de Estado, Lula da Silva, de 80 años, encabeza una coalición de partidos de izquierda. Por el otro, el sector conservador está representado por Flávio Bolsonaro, de 45 años e hijo del exmandatario Jair Bolsonaro.

Gabriel Marquim, doctor en ciencias de la religión y docente de política en la Universidad Mauricio de Nassau, explicó en una entrevista concedida a EWTN Noticias que “la derecha en Brasil todavía está bastante fragmentada. Todavía no hay un consenso total de que Flávio Bolsonaro sea realmente el candidato que va a representarla, mientras que ya se percibe que la izquierda en general se articulará nuevamente en torno al nombre de Lula”.

Asimismo, el especialista apuntó que el actual escenario proselitista funciona como “en cierto modo, una continuación de las últimas elecciones de 2022”, lo cual refleja “la dificultad que tenemos para buscar y encontrar un camino alternativo a la polarización” enmarcada en “un movimiento de tensión y crispación política” a nivel global, según detalló el autor del libro La tradición dinámica.

Cabe recordar que Lula retornó al poder tras vencer en los comicios de 2022, un hito posible luego de que el Supremo Tribunal Federal anulara en 2021 las sentencias por corrupción y lavado de activos emitidas en su contra en 2018, las cuales contemplaban doce años de presidio. Por su parte, tras los comicios de 2022, Jair Bolsonaro fue sentenciado a 27 años de cárcel debido a su presunta implicación en planes golpivos contra la administración actual, cumpliendo actualmente una medida de prisión domiciliaria por razones humanitarias y de salud.

El fenómeno del bolsonarismo y el poder judicial

Durante el diálogo con el medio, Marquim profundizó en la consolidación del movimiento conocido como “bolsonarismo”, el cual trascendió la figura individual del expresidente tras emerger en 2018 impulsado por las plataformas digitales. De acuerdo con el académico, dicha corriente se alimenta de un “discurso de insatisfacción con la política, con la democracia” que “no cumple totalmente lo que promete”.

No obstante, el analista indicó que existía la expectativa de que el exmandatario lograra transferir la totalidad de su caudal de votos y capital político a su descendiente, un traspaso que hasta el momento no se ha materializado con la fuerza esperada. De acuerdo con los sondeos más recientes, Lula alcanzaría el 43% de las preferencias frente al 40% que obtendría Flávio Bolsonaro en un eventual balotaje.

En cuanto al rol institucional, el experto señaló que los comicios representan una oportunidad para subsanar “una de las grandes fragilidades de la política y del sistema judicial brasileño”, recordando que las intervenciones de la justicia en la arena política terminaron beneficiando intermitentemente tanto a Bolsonaro como al actual mandatario.

“Opino que necesitamos retomar la comprensión de la democracia como un sistema político que está más allá de la pasión individual de las personas, porque cuando tenemos un sistema político que es vulnerable a las decisiones de un juez del Supremo Tribunal Federal, nos quedamos a merced de intereses de parte”, aseveró.

Planes de gobierno y posturas ideológicas

En el plano programático, la administración de Lula da Silva apuesta por un rol protagónico del Estado enfocado en estimular el crecimiento a través de la inversión pública, la ampliación de coberturas sociales, la reducción de brechas económicas y la sostenibilidad ambiental con especial atención en la Amazonía.

Respecto a la defensa de la vida, si bien durante su campaña previa el presidente manifestó su oposición personal al aborto y aseguró que no impulsaría normativas favorables, ya en el ejercicio del cargo su administración modificó disposiciones sanitarias relativas a la materia y retiró al país de la Declaración de Ginebra. Posteriormente, en debates legislativos y apariciones públicas, ha calificado de desacertadas las propuestas para penalizar esta práctica con severidad extrema, abogando por abordarla como un asunto de salud pública.

En contraste, la propuesta de Flávio Bolsonaro prioriza un esquema de menor intervención estatal, liberalización económica, recortes en el gasto fiscal, reducción en la cantidad de ministerios y privatizaciones de empresas públicas.

En materia de seguridad ciudadana, su plataforma promueve la mano dura a través del endurecimiento de penas, la construcción de centros penitenciarios de máxima seguridad, la reducción de la edad de imputabilidad penal y mayores recursos para combatir el narcoterrorismo. Asimismo, durante su lanzamiento de campaña realizado en la playa de Copacabana en Río de Janeiro, ratificó su postura contraria a la interrupción voluntaria del embarazo y prometió designar magistrados en el Supremo Tribunal Federal que compartan dichos principios provida y rechacen la legalización de estupefacientes.

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