La Iglesia católica en América Latina y Europa despide a una de sus figuras pastorales más entrañables. Durante la madrugada del martes, el sacerdote Pedro Bono falleció a la edad de 79 años en la localidad italiana de Savigliano, dejando un profundo legado de servicio humanitario y evangelización en regiones apartadas del Cono Sur.
Una vida consagrada al servicio en la Patagonia
A lo largo de su trayectoria religiosa, el presbítero dedicó 26 años de su ministerio sacerdotal a la vasta y desafiante región patagónica, dividiendo su labor humanitaria entre Argentina y Chile. Su impronta estuvo marcada por una cercanía constante con los sectores más marginados de la sociedad, un compromiso que mantuvo vivo hasta el final de sus días.
En territorio argentino, específicamente en la diócesis de Comodoro Rivadavia, laboró durante 16 años. Su gestión se distinguió por una incansable defensa y apoyo integral a personas con discapacidad física y mental. En aquellos años, caracterizados por la ausencia de infraestructura adecuada, el religioso recorría la zona para detectar, visitar e integrar a estos sectores tradicionalmente excluidos mediante reuniones periódicas, una labor que le mereció una distinción oficial por parte del Congreso de la Nación.
Resiliencia y cercanía con los más vulnerables
Posteriormente, trasladó su vocación misionera a suelo chileno, donde sirvió durante una década como párroco de Nuestra Señora del Carmen en Chile Chico y atendió espiritualmente a las comunidades ribereñas del lago General José Miguel Carrera, conocido localmente como Chelenko. Desde el Vicariato Apostólico de Aysén, las autoridades eclesiásticas resaltaron que fue “un hombre que, a pesar de los esfuerzos y las limitaciones humanas, siempre confió en la obra de Dios, convencido de que el Señor sabe usar todas las herramientas para sembrar su bien”.
Asimismo, la comunidad chilena rememoró su rol pacificador y de contención espiritual durante los difíciles años de la dictadura militar, así como su activa participación en Cáritas Diocesana durante el conflicto bélico por las Islas Malvinas.
Regreso a Italia y últimos años de entrega pastoral
Tras concluir su etapa en Sudamérica y retornar a su país natal, el presbítero asumió diversas responsabilidades eclesiásticas. Ejerció como párroco en Vottignasco, Gerbola y Tetti Roccia, además de liderar las comunidades de Salmour y San Antonino a partir de 2015.
En su etapa final, pese a las limitaciones propias de la edad y una salud frágil, continuó colaborando en la diócesis de Fossano. Su sensibilidad humana lo llevó a desempeñarse como delegado diocesano para sacerdotes ancianos y enfermos, capellán en residencias de la tercera edad y capellán voluntario en el centro penitenciario de Santa Catalina.
Homenajes póstumos en ambas naciones
La noticia de su deceso generó numerosas muestras de pesar a ambos lados de la cordillera. “Con su muerte, la comunidad pierde un testimonio de fe que pudo estar cerca de los más vulnerables, desde niños discapacitados en misión hasta ancianos y presos de su ciudad”, manifestaron representantes del Vicariato Apostólico de Aysén, quienes convocaron a una eucaristía conmemorativa.
Por su parte, la diócesis argentina enfatizó el impacto duradero de su trabajo comunitario y su capacidad para gestionar derechos civiles en favor de los sectores con capacidades diferentes, consolidando un legado de fe activa que las diócesis patagónicas prometen preservar y continuar.








