En el corazón de San Telmo, uno de los barrios más tradicionales de Buenos Aires, el sonido de un bandoneón se filtra entre las calles adoquinadas para ambientar el taller donde la historia argentina parece detenerse. En este rincón porteño, custodiado por la figura de San Eloy, patrono de los plateros, el maestro orfebre Juan Carlos Pallarols dedica sus jornadas a dar forma a un nuevo cáliz litúrgico destinado al Papa León XIV.
Con una trayectoria que supera las seis décadas, el reconocido artesano ha moldeado a lo largo de su vida bastones presidenciales, cálices papales, galardones y piezas históricas de gran valor simbólico. Lejos de responder de manera exclusiva al anuncio de la próxima visita apostólica que el Pontífice realizará a la región entre el 8 y el 11 de noviembre, este nuevo encargo sagrado forma parte de una arraigada costumbre personal del orfebre.
Una tradición papal que se extiende por ocho pontificados
El propio artífice explica el origen de este hábito litúrgico: “Yo siempre que muere un Papa y aparece otro nuevo Papa, con el humo blanco, empiezo a hacer un cáliz, y después se lo dono al Papa, se lo dono al Vaticano”. Esta serie de ofrendas comenzó durante el pontificado de Pío XII y alcanza ahora, con la figura de León XIV, su octavo legado consecutivo entregado a la Santa Sede.
Cada pieza posee características singulares guiadas por el sentimiento religioso del momento. En esta ocasión, la patena exhibe grabado el escudo pontificio del actual jerarca de la Iglesia, mientras que el bajo pie del cáliz incorpora las tres virtudes teologales. Al respecto, el maestro detalla: “Creo que es algo que en este momento haría falta tener. Más fe, más esperanza y ser más caritativos”.
Fiel a su metodología participativa, la obra se construye de manera colectiva. Quienes visitan su taller tienen la oportunidad de dar unos golpecitos al cincel sobre el metal y dejar su firma en un libro conmemorativo que será entregado directamente al Santo Padre.
Una ofrenda consagrada a la fe y al servicio divino
Aunque el objeto litúrgico no fue concebido específicamente para el viaje papal a Argentina, el orfebre abriga el deseo de que sea utilizado durante las celebraciones eucarísticas en el país. No obstante, matiza el verdadero propósito de su labor artística con profunda convicción espiritual:
“Realmente para mí, el placer inmenso es que lo va a usar Dios para meterse adentro. Más allá del obispo, del cardenal, del Papa”, expresa el artista, quien añade que “todo lo que hago, lo hago siempre para Dios. Él es el que lo va a recibir y el que me lo va a reconocer ahora o dentro de un siglo. Los demás somos tristes administradores de los bienes de la Iglesia”.
Legado familiar ligado a la Basílica de la Sagrada Familia
La relación de la familia Pallarols con el arte sacro cuenta con más de dos siglos y medio de historia y raíces catalanas. Abuelos, padres y el propio Juan Carlos han colaborado en distintos proyectos arquitectónicos y religiosos de gran envergadura internacional, como la construcción de la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, donde un antepasado llegó a trabajar bajo las órdenes del arquitecto Antoni Gaudí.
A sus 83 años, el orfebre sostiene que el arte es un puente legítimo hacia lo trascendente. “Yo me nutrí de la religión católica. Yo no inventé nada. Todo lo que hago lo leí en los evangelios”, confiesa, al tiempo que reconoce que su inspiración diaria proviene de la oración y de la guía divina.
Transformar el dolor de la guerra en símbolos de paz
Marcado por haber nacido durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, Pallarols ha enfocado gran parte de su existencia en promover la reconciliación y la armonía social, un horizonte que encuentra paralelismos con el mensaje constante del Papa León XIV.
Entre sus iniciativas más reconocidas a nivel global se encuentran las denominadas «Rosas por la paz», esculturas florales fabricadas mediante la fundición de vainas de balas y materiales bélicos recuperados de diversos conflictos armados, destinadas a honrar a los caídos y fomentar la concordia.
“En el mundo entero saben que yo fundo las vainas de la guerra y las transformo en rosas de la paz, y que donamos esas rosas para obras de bien público”, señala el maestro orfebre, quien concluye adelantando su próximo encuentro con el líder católico: “Seguramente al Papa le voy a regalar una ahora, cuando venga”.








