30 agosto, 2026

Familiares de desaparecidos participaron el domingo 15 de marzo de 2026, cuarto Domingo de Cuaresma, en una Misa presidida por Mons. Francisco Javier Acero, Obispo Auxiliar de México, en la Basílica de Guadalupe. | Crédito: Basílica de Guadalupe.

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la Arquidiócesis Primada de México emitió un pronunciamiento enérgico en el que calificó esta problemática como “la desaparición de personas es una herida de México”, haciendo un llamado urgente a la ciudadanía y a los poderes públicos para articular una respuesta colectiva y frontal ante esta tragedia humanitaria.

Mediante el artículo editorial publicado en su semanario oficial titulado Mientras ellas buscan, ¿dónde estamos nosotros?, la institución eclesiástica enfatizó que las labores de localización de las personas no localizadas “debe convertirse en una causa nacional”. Asimismo, puntualizó que “las autoridades tienen la obligación de cumplir a través de instituciones que sean capaces de responder y una sociedad que escuche y no abandone”.

El crimen organizado y el uso de la desaparición como control social

De acuerdo con los registros oficiales proporcionados por las dependencias gubernamentales, el acumulado histórico de personas catalogadas como “personas desaparecidas y no localizadas” en el territorio mexicano asciende a 132.843 casos registrados desde el 31 de diciembre de 1952 hasta el corte de agosto de 2026.

Por su parte, el análisis especializado del Instituto para la Economía y la Paz, a través de su reporte anual, documenta que “México ha experimentado un número creciente de desapariciones reportadas en los últimos años”. El organismo advierte además que “algunos de estos casos probablemente están vinculados a homicidios, lo que sugiere que la tasa de homicidios oficial del país podría ser menor que la cifra real”.

El informe detalla que “los grupos de la delincuencia organizada utilizan con frecuencia la desaparición forzada como herramienta de control social, eliminando amenazas percibidas mientras evitan la atención que podrían atraer los homicidios abiertos”.

Ante la gravedad de esta situación, instancias internacionales como el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada tomaron la determinación de elevar el expediente mexicano directamente a la consideración de la Asamblea General de la ONU bajo un procedimiento de carácter urgente. Dicho comité concluyó que “existen indicios fundados de que se han perpetrado y se siguen perpetrando desapariciones forzadas en el contexto de varios ataques generalizados o sistemáticos llevados a cabo en México, es decir, como crimen de lesa humanidad”.

Un llamado a erradicar la indiferencia y asumir compromisos

Para la jerarquía católica, las estadísticas frías ocultan el drama humano que padecen miles de hogares. Al respecto, la arquidiócesis señaló que “para miles de familias mexicanas, la pregunta ‘¿Dónde están?’ representa la incertidumbre con la que despiertan cada mañana. Es una puerta que todavía esperan ver abrirse; la búsqueda de un hijo, una hija, un padre, una madre, un hermano”.

Ante este panorama desolador, la Iglesia exhortó a la población a no normalizar la violencia, advirtiendo que “frente a esta realidad, no podemos permitirnos caer en la peligrosa tentación de acostumbrarnos”. En este sentido, se recordó que los prelados mexicanos han instado de manera reiterada a los creyentes a tender la mano a los colectivos de búsqueda.

Respecto a las obligaciones gubernamentales, la institución recalcó que “el Estado tiene la responsabilidad irrenunciable de prevenir las desapariciones, buscar de manera inmediata y efectiva, investigar, procurar justicia y generar las condiciones para que estos hechos no se repitan”.

Finalmente, la Iglesia católica reafirmó su compromiso moral y pastoral con las víctimas colaterales de la violencia, señalando que “como Iglesia también tenemos una responsabilidad, pues nuestra fe nos impide pasar de largo ante quien sufre”, y concluyó que “acompañar a las familias buscadoras, abrir espacios para escucharlas, contribuir a la reconstrucción del tejido social y promover caminos de encuentro y de paz no son asuntos ajenos a nuestra misión”.

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