Mes de la Biblia | Crédito: Jörg Sabel en Pixabay
Dentro del calendario litúrgico de la Iglesia Católica, el noveno mes del año se encuentra dedicado de manera especial al estudio y la reflexión en torno a las Sagradas Escrituras, consideradas el texto fundamental de la fe cristiana. Para comprender la magnitud histórica, lingüística y espiritual de este compendio milenario, resulta clave repasar cinco datos fundamentales que todo creyente y estudioso debe conocer.
1. Los orígenes y significados del nombre
De acuerdo con registros históricos de la Enciclopedia Católica, la palabra proviene directamente de una expresión helénica que se traduce literalmente como “los libros”. Esta denominación se popularizó desde los albores de la era cristiana para agrupar en un solo volumen toda la revelación divina. Con el transcurrir de los siglos, figuras eclesiásticas prominentes como san Jerónimo —destacado Padre de la Iglesia que asumió la monumental tarea de verter los textos a la lengua latina— se referían a esta obra como “La Biblioteca Divina”. Asimismo, expresiones tradicionales como “las Escrituras” o la “Sagrada Escritura” continúan vigentes en el lenguaje litúrgico.
2. Estructura y composición de la obra
En su totalidad, el compendio sagrado reconocido por la tradición católica se compone de 73 libros, los cuales se encuentran divididos en dos grandes secciones: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Cabe destacar que el concepto de testamento proviene de vocablos antiguos cuyo significado primordial hace alusión al pacto o alianza establecido por el Creador, primero con los patriarcas y el pueblo de Israel, y posteriormente con toda la humanidad a través de Jesucristo.
La primera sección agrupa 46 escritos redactados antes del nacimiento de Cristo, subdividiéndose a su vez en el Pentateuco, los textos históricos, los escritos poéticos junto a los sapienciales, y los libros proféticos. Por su parte, la segunda parte comprende 27 volúmenes que albergan los cuatro Evangelios, el relato de los Hechos de los Apóstoles, el conjunto de epístolas o cartas pastorales y, finalmente, el libro del Apocalipsis.
3. La diversidad de lenguas originales y su transmisión
Para la redacción de este vasto compendio espiritual se utilizaron principalmente tres lenguas antiguas: el hebreo, el arameo y el griego. Con el correr de los años, la necesidad de difundir el mensaje motivó traducciones a otros idiomas. Antes de que se inventara la imprenta moderna, la preservación de los textos dependía exclusivamente de la minuciosa labor manual realizada por los copistas, quienes transcribían hoja por hoja para evitar la pérdida del legado.
En el ámbito litúrgico, la Iglesia mantuvo durante siglos la tradición de proclamar las lecturas en lengua latina. Esta directriz se mantuvo firme hasta la promulgación de las reformas emanadas del Concilio Vaticano II, momento en el cual se autorizó formalmente el uso de los idiomas vernáculos en la celebración de la Eucaristía.
4. Las razones históricas detrás del mes conmemorativo
La elección de este periodo del año para honrar el texto sagrado responde fundamentalmente a dos efemérides de gran relevancia. Por un lado, el 30 de septiembre se conmemora la festividad de san Jerónimo, célebre por haber elaborado la Vulgata, la primera traducción oficial al latín realizada a partir de los manuscritos originales en hebreo y griego, un texto que mantiene su vigencia como base para los estudios eclesiásticos de la Iglesia latina tras sus revisiones históricas.
Adicionalmente, tal como señala la Red de Librerías Paulinas, diversas denominaciones cristianas se suman a esta celebración debido a que un 26 de septiembre de 1569 concluyó la impresión de la célebre Biblia del Oso, primera versión completa en castellano traducida por Casiodoro de Reina y posteriormente afinada por Cipriano de Valera, dando origen a la emblemática edición Reina-Valera.
5. Formas tradicionales de vivir y conmemorar la fecha
Durante estas semanas, las comunidades parroquiales de todo el mundo intensifican sus iniciativas pastorales mediante talleres formativos, conferencias teológicas y vigilias de oración orientadas a fomentar el acercamiento de los fieles a las Escrituras. En el ámbito doméstico, numerosas familias fomentan la tradición de reservar un espacio preferencial en el hogar para exhibir el volumen sagrado abierto, dedicando breves momentos diarios a la lectura meditada de sus pasajes.
Asimismo, existen plataformas digitales especializadas, como el portal de la Biblia Católica para Jóvenes, que ponen a disposición de la comunidad herramientas interactivas y material pedagógico sin costo alguno. Más información aquí.








