Líderes episcopales de Canadá, Estados Unidos y México trazan estrategias pastorales conjuntas en territorio mexicano
Con el propósito fundamental de fortalecer la comunión eclesial y hacer frente de manera coordinada a los retos contemporáneos, las cúpulas episcopales de Canadá, Estados Unidos y México sostuvieron una cumbre de carácter pastoral y social. El encuentro congregó a obispos y equipos de trabajo de las tres naciones en el estado de Morelos, a unos 85 kilómetros de la capital mexicana.
Las jornadas de diálogo y reflexión se desarrollaron durante varios días, abarcando del 30 de agosto al 3 de septiembre de 2026. Esta cita regional permitió a los prelados analizar el panorama social y religioso de Norteamérica, estableciendo un espacio propicio para la oración colectiva y la planificación eclesiástica más allá de los límites territoriales tradicionales.
Fraternidad y propósitos comunes en el episcopado norteamericano
En declaraciones ofrecidas a ACI Prensa, Mons. Pierre Goudreault, presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de Canadá, enfatizó que la convocatoria respondía a la urgencia de “desarrollar entre nosotros un sentido de fraternidad”. Asimismo, el prelado subrayó que la meta principal consistía en “reflexionar sobre la Iglesia en América del Norte y rezar juntos para que el Espíritu nos diga qué espera de nosotros en el contexto actual de nuestras sociedades, a fin de servir mejor al Pueblo de Dios”.
Durante las mesas de trabajo, los representantes intercambiaron perspectivas sobre los diversos escenarios culturales y pastorales presentes en las tres naciones. Según detalló Mons. Goudreault, la agenda incluyó temas tan complejos como “la movilidad humana y la migración en nuestros tres países”, además de los desafíos éticos y prácticos planteados por “el discernimiento necesario en la era de la inteligencia artificial”, las estrategias de evangelización y las “posibles colaboraciones entre nuestras tres conferencias episcopales”.
Si bien los fieles católicos de la región experimentan dinámicas socioculturales heterogéneas, el jerarca canadiense recordó que todos integran “una sola y misma Iglesia en América del Norte”, enfatizando que “todos estamos llamados a caminar juntos por el bien del anuncio del Evangelio hoy”.
La gestión de la movilidad humana como prioridad regional
Uno de los puntos neurálgicos de la cumbre giró en torno al fenómeno migratorio, una problemática que impacta de forma diferenciada a cada Estado miembro. Mientras que México opera primordialmente como una nación de tránsito para los flujos de personas, Estados Unidos y Canadá se configuran habitualmente como los destinos finales para migrantes y solicitantes de refugio.
A pesar de estas divergencias operativas, los obispos coincidieron en que comparten idénticos desafíos estructurales en materia de movilidad humana. Por ello, la postura oficial exhorta a observar este movimiento poblacional “no como un problema, sino más bien como hermanos y hermanas a quienes debemos acoger, acompañar y respetar en su dignidad humana”.
La advocación guadalupana como puente de unidad continental
La figura de Nuestra Señora de Guadalupe asumió un papel central en las reflexiones espirituales de los líderes católicos, consolidándose como un símbolo indiscutible de cohesión para las comunidades de fe en todo el subcontinente. Mons. Goudreault la calificó como un “modelo de inculturación”, rememorando su aparición ante San Juan Diego con “la apariencia de una joven de su pueblo” y portando en su interior “la Palabra de vida, que cruza fronteras para tocar los corazones”.
Para el episcopado, el mensaje guadalupano reta a las comunidades a perder el miedo frente a la complejidad del mundo contemporáneo y a consolidarse como “una Iglesia en salida que vaya a su encuentro en el contexto actual”. El obispo recalcó que “Nuestra Señora de Guadalupe nos inspira a reconocer que ciertas respuestas pastorales requieren una visión que vaya más allá de las fronteras de nuestros respectivos países y que la Iglesia misma no conoce fronteras”.
Finalmente, los participantes concluyeron que los católicos tienen el mandato de proyectar el Evangelio mediante “nuestro testimonio de vida, nuestra presencia, nuestras opciones en favor de la paz y la justicia social, y nuestras palabras que proclaman la misericordia de Dios”.
En este cónclave estratégico figuraron altas autoridades eclesiásticas, entre ellas Mons. Daniel Flores, vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos; Mons. Pierre Goudreault; Mons. Óscar Cantú, encargado de Asuntos Hispanos del Episcopado estadounidense; Mons. Ramón Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; y Mons. Eugenio Lira Rugarcía, titular de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana, acompañados por diversos asesores y colaboradores técnicos.








