La labor social de la Iglesia católica continúa transformando realidades en las zonas rurales del territorio ecuatoriano, donde un total de 140 familias han logrado consolidar sus propios proyectos productivos gracias al respaldo institucional. Esta red de apoyo transforma la vida de comunidades enteras que enfrentan situaciones de vulnerabilidad, permitiéndoles superar la crisis económica mediante el trabajo autogestionado y la capacitación técnica constante.
El impacto de la solidaridad en las comunidades rurales
Entre las historias de superación destaca la iniciativa comunitaria Hilando sueños, un taller artesanal localizado en el recinto Ganaderos Orenses, perteneciente a la provincia de Pichincha. Una de sus integrantes, Jessica Moreno, recuerda que el proyecto “empezó con una pequeña idea, con un pequeño anhelo y sueños” durante la etapa más crítica de la emergencia sanitaria global. Con el paso de los meses, la intervención de la pastoral social resultó fundamental para dotar al grupo de las herramientas necesarias.
“Cáritas ha sido una bendición para nosotros”, afirma la joven madre, quien detalla que la organización eclesiástica intervino cuando “hacía falta maquinaria para poder darle un mejor acabado a nuestros bordados a mano”. Lo que comenzó como la elaboración ocasional de tarjetas decorativas se ha diversificado notablemente hasta fabricar artículos utilitarios como bolsos, cartucheras, cojines y manteles inspirados en la riqueza natural de la región.
Un modelo integral de desarrollo sostenible
Esta iniciativa forma parte de un programa más amplio denominado Familias Emprendedoras y Estilos de Vida Sostenibles, el cual coordina la Pastoral Social de la Diócesis de Santo Domingo con la cooperación internacional de Cáritas Corea y el soporte de la oficina nacional. El plan estratégico abarca un total de 60 emprendimientos productivos distribuidos en nueve comunidades rurales de la región, proporcionando insumos agrícolas, semillas, animales menores y capacitación comercial.
El esfuerzo comunitario no distingue edades. En el programa también participan más de 90 niños provenientes de ocho instituciones educativas locales, quienes reciben formación enfocada en la protección ambiental, la cultura del ahorro y la educación financiera. Esta integración generacional busca garantizar la sostenibilidad de los proyectos a largo plazo y fomentar una convivencia pacífica en el entorno rural.
Acompañamiento espiritual y resiliencia familiar
El balance de los primeros dos años de ejecución de este plan social fue conmemorado recientemente con una eucaristía oficiada por el obispo de Santo Domingo, monseñor Bertram Wick Enzler. Durante la ceremonia religiosa, el jerarca destacó el valor del trabajo conjunto y reiteró que la misión eclesial se valida cuando permanece junto a las comunidades más necesitadas, abriendo cauces de bienestar y optimismo.
Además de la ayuda material y financiera, las familias beneficiadas resaltan el sostén anímico que reciben durante los momentos de adversidad comercial. Lorena Alarcón, productora de derivados lácteos en el sector, reconoce que la rutina laboral a menudo resulta compleja: “es muy duro y alguna vez lo quise dejar”, confiesa, al tiempo que agradece el respaldo moral recibido por parte de los agentes pastorales cuando las ventas disminuyen.
Actualmente, su unidad productiva procesa aproximadamente 60 unidades semanales de quesos bajo pedido, una labor que pudo optimizarse gracias a la donación de un equipo de refrigeración por parte de la institución católica. De este modo, la constancia comunitaria y la fe se consolidan como los pilares fundamentales para que decenas de hogares ecuatorianos continúen construyendo un futuro próspero y autosuficiente.








