

Cardenal Cobo en la Misa por el Día del Migrante y del Refugiado en Mar del Plata, Argentina. Crédito: Diócesis de Mar del Plata.
Durante una visita pastoral a territorio argentino, el Arzobispo de Madrid, el Cardenal José Cobo, encabezó los actos centrales por la Jornada del Migrante y del Refugiado. La solemne Eucaristía tuvo lugar el domingo 6 de septiembre en la emblemática Catedral de Mar del Plata, congregando a fieles, autoridades eclesiásticas y a la comunidad local.
La celebración litúrgica contó con una significativa concurrencia de sacerdotes y obispos que acompañaron al purpurado europeo en el altar. Entre las autoridades eclesiásticas presentes se encontraban el obispo anfitrión, Monseñor Ernesto Giobando, y el Obispo Emérito de Chascomús, Monseñor Carlos Malfa, quienes concelebraron los sagrados misterios.
Un puente de fe entre comunidades hermanas
Al tomar la palabra para dar la bienvenida al alto dignatario de la Iglesia española, Monseñor Ernesto Giobando expresó su profundo agradecimiento por la visita. El obispo local destacó que “su presencia nos llena de alegría y nos ofrece una hermosa oportunidad para estrechar aún más los lazos entre dos Iglesias hermanas, unidas por una misma fe, por una historia compartida y por tantos vínculos humanos y espirituales que atraviesan el tiempo y las distancias”.
La ceremonia sirvió como espacio de reflexión sobre la realidad social global y el papel que desempeñan las comunidades de fe frente a los desplazamientos humanos contemporáneos, un tema central en la agenda pastoral actual de la Iglesia católica.
La perspectiva del Evangelio ante el fenómeno migratorio
Durante su homilía central, el Cardenal José Cobo profundizó en la urgencia de abordar este fenómeno social desde una óptica estrictamente espiritual, alejándose de debates partidarios o mediciones puramente mercantiles. En este sentido, señaló que “no se nos pide un análisis económico ni un análisis político de las migraciones, tampoco un análisis cultural. Se nos pide mirarlo desde el Evangelio”.
Asimismo, el arzobispo madrileño enfatizó que las lecturas litúrgicas de la jornada invitan a reconocer al prójimo bajo la condición de “hermano”, promoviendo el diálogo directo, la escucha activa y la implicación directa de las comunidades parroquiales para evitar que los individuos queden en el desamparo.
“En esta Jornada del Migrante, esta palabra, la fraternidad, el hermano, adquiere una fuerza especial porque sabemos que uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo consiste en invisibilizar a las personas, el llamar número o etiqueta al que viene de otro lugar”, advirtió el purpurado durante su alocución ante los asistentes en la catedral marplatense.
Contra la estigmatización y en defensa de la dignidad humana
Haciendo referencia a su labor pastoral cotidiana en España, el prelado indicó que la presencia de numerosos ciudadanos procedentes de Latinoamérica en Madrid enriquece notablemente a las comunidades locales. No obstante, lamentó la existencia de corrientes ideológicas y discursos públicos que “presentan al migrante como una amenaza, como un problema o como una carga”.
Frente a estas posturas excluyentes, el representante de la Iglesia católica recordó que el mensaje de Jesús impulsa a construir sociedades abiertas donde “todo el mundo quepa”. Por esta razón, afirmó categóricamente que “la Iglesia no puede contemplar estas heridas desde lejos. La fe nos pide cercanía, la fe nos pide una orientación clara, la fe nos pide una defensa de la dignidad y una responsabilidad en nuestra pastoral”.
Hacia el tramo final de su mensaje, el cardenal exhortó a los fieles a impulsar legislaciones justas y respetuosas de los derechos humanos, sugiriendo tratar a cada persona desplazada como un auténtico tesoro. Del mismo modo, pidió consolidar espacios de acogida y fortalecer las redes de cooperación con entidades sociales para garantizar que “nadie quede solo ante las necesidades que van surgiendo”.
La solemne Eucaristía culminó con un momento de oración comunitaria consagrada a la Virgen de los Desamparados, encomendando bajo su protección maternal a todas las personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad en el mundo.








